Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

Pornovenganza

Este texto se publicó originalmente el 25 de agosto de 2017

En los últimos años una nueva práctica sexual se está expandiendo en Internet: la pornovenganza. Es la distribución a través de nuevas tecnologías de contenidos eróticos o sexuales como una forma de castigo en contra de alguien. Una característica de este fenómeno es que la exposición se origina por lo general en las relaciones entre parejas o en el robo de información privada. En esta forma de venganza una de las partes, o bien alguien ajeno a la relación, difunde en el ciberespacio mensajes provenientes de la intimidad como mecanismo punitivo. Esta circunstancia que cada vez es más común está provocando una serie de cambios en las relaciones sociales y en las estructuras legales. Actualmente en países como Alemania, Francia, Israel o Inglaterra las leyes prohíben la difusión de imágenes de contenido sexual sin consentimiento, actividad penada con prisión y multas económicas.

Conocida también como “venganza porno”, “porno vengativo” o “porno de venganza”, esta cultura tiene sus orígenes en la palabra inglesa revenge porn. El término comenzó a utilizarse para hacer referencia a casos registrados en varias partes del mundo y que involucraron a desconocidos y también a personas con cierta fama mediática. Imágenes que muestran partes de cuerpos desnudos, posiciones eróticas y relaciones sexuales son difundidas en las redes sin el permiso de los participantes. Precisamente la falta de consentimiento de quienes aparecen en los contenidos es lo que convierte esta práctica en un acto de venganza. La información íntima en manos de terceros se transforma en un instrumento de poder y sometimiento del otro. Algunos especialistas consideran a la pornovenganza como parte de la violencia sexual al tener repercusiones reales tanto en el plano emocional como en el social.

De acuerdo a Dennis (2009), la trasgresión de la voluntad de las personas al publicarse imágenes íntimas es una práctica que emergió de la cultura mediática. En la década de los 80 del siglo pasado la revista Huster abrió una sección donde comenzó a difundir fotografías de mujeres desnudas llamadas beaver hunt. Las imágenes de las chicas consideradas “nuevos talentos” estaban acompañadas de información personal: hobbies, gustos, profesión, nivel de estudios, fantasías sexuales, etcétera.

La revelación de tales datos colocó etiquetas a las jóvenes sobre su vida íntima, incluyendo una gran cantidad de datos que las hicieron identificables. En el célebre texto A Brief History of Revenge Porn publicado en New York Magazine, Tsoulis- eay (2013) identificó las primeras raíces de la pornovenganza: en el año 2000 el investigador italiano Sergio Messina bautizó como “pornografía realcore” una práctica nueva: videos de mujeres distribuidos por sus exparejas en páginas de Internet. Durante los siguientes años fueron abiertos algunos sitios en línea que recibían en forma anónima este tipo de grabaciones caseras. El fenómeno se extendió a sitios dedicados a la pornografía como XTube, Pornhub o Xhamster. En México tal práctica continúa vigente en portales como videosxxxcaseros, borrachas.com.mx y pornocdmx.com. De acuerdo a la Policía Cibernética de la Ciudad de México durante 2016 se tenía un registro de más de dos mil sitios que difunden contenidos de venganza pornográfica.

En 2010 un joven californiano de 27 años de nombre Hunter Moore, abrió el sitio InAnyone.com donde comenzó a publicar imágenes íntimas de personas, incluyendo sus datos y enlaces a sus perfiles en Facebook. Los contenidos eran entregados a Moore por amantes enfurecidos, por parejas traicionadas y por personas que tuvieron la posibilidad de robar dichos materiales. El portal llegó a tener 30 millones de visitas al mes y generó ingresos superiores a los 10 mil dólares mensuales por publicidad. Moore fue demandado por decenas de víctimas, en su mayoría alegaron que las imágenes habían sido robadas de sus computadoras en tanto otras aseguraron que se trataba de montajes de sus rostros en cuerpos desnudos de otras personas. En abril de 2012 el sitio fue cerrado ante las acusaciones públicas en su contra y la presión de agentes del FBI. A inicios de 2014, fue detenido bajo acusaciones de robo de identidad y conspiración. Un año después, lo condenaron a dos años y seis meses de presión.

El porno vengativo no sólo consiste en un escarmiento virtual al otro, también ha significado un negocio. Entre diciembre de 2012 y septiembre de 2013, un joven de 28 años de nombre Kevin Christopher Bollaert difundió más de 10 mil imágenes con contenido sexual de mujeres. Creó dos portales, ugotposted.com y changemyreputation.com donde publicaba fotografías y videos de personas en situaciones íntimas y sin su consentimiento. Al igual que Moore, incluía datos personales de las víctimas como sus perfiles en redes sociales, sus domicilios reales y las formas de contacto (teléfonos móviles, correos electrónicos, etcétera). Mediante esta práctica, chantajeaba a las personas a quienes les exigía 350 dólares a cambio de borrar los mensajes eróticos. Bollaert fue demandado por una veintena de víctimas. Una corte de California lo consideró culpable de robo de identidad y extorsión, así como de 25 cargos más. En un comunicado difundido por la fiscal general Kamala Harris, se informó que el hecho de que alguien esté detrás de una computadora para cometer actos cobardes y criminales, no los exime de enfrentar la ley.

El joven empresario que había comenzado a hacer una fortuna con la vida privada de las personas, fue sentenciado en abril de 2015 a 18 años de prisión.

Debido al crecimiento de este tipo de actividades, algunos gobiernos crearon programas de prevención y atención a las víctimas, además de tipificar esta práctica como un delito. También las empresas de tecnología han modificado sus políticas. Un informe dado a conocer en mayo de 2017 por el diario británico The Guardian reveló que Facebook tiene un ejército encargado de supervisar los contenidos que los usuarios distribuyen. A través de una serie de manuales, la compañía valora los mensajes que “cuelgan” los internautas, atiende denuncias y en caso de que los contenidos sean considerados “nocivos” para la comunidad son eliminados. Según el reporte, tan sólo en enero de 2017 los supervisores de la red social evaluaron 52 mil 300 “potenciales” casos de venganzas sexuales.

En dichos hechos se trató de mensajes identificados como pornovenganza. Además, la red social detectó durante dicho mes 2 mil 450 casos de presunta extorsión sexual. En el 33% de los registros se encontraban involucrados menores de edad. La red social clausuró 14 mil 130 perfiles desde las cuales se distribuían tales contenidos.

Redes de venganza

El ajuste de cuentas en la era de la información se lleva a cabo a través del capital virtual. Por tal motivo las prácticas del porno vengativo y otros mecanismos de castigo son propios de la hiperconectividad. Se utilizan medios electrónicos conectados a Internet para llevar a cabo tales revanchas. Facebook, WhatsApp, YouTube, Twitter o Instagram son espacios donde florece la pornovenganza. Eso es posible tanto por la conectividad como por la separación física: la distancia que separa al distribuidor de mensajes del contexto original de producción y la distancia entre la fuente de distribución y los receptores de los contenidos. Además de lo anterior, el anonimato del usuario de las redes se convierte en una ventaja para quienes practican la venganza porno. Puede disfrazarse la autoría de quien difunde los mensajes, pero también puede alterarse el perfil de la víctima. Basta con copiar imágenes, abrir una cuenta apócrifa, colocar fotos sexuales, añadir cierta información real, como la ubicación de la persona, su número telefónico, su nombre real, etcétera. En la cultura de Internet el anonimato y la liquidación de la distancia permiten ser quien no se es.

Debido a la omnipresencia tecnológica es más probable que trozos de la vida privada sean exhibidos a terceros. Los teléfonos inteligentes, las computadoras y los instrumentos que tienen la capacidad de registrar parte de la realidad, por ejemplo mediante una cámara fotográfica, son las nuevas herramientas del inquisidor en red. La capacidad de registro es lo que convierte a nuestra sociedad en la sociedad de la evidencia: la nueva tecnología está desarrollada para tener memoria y almacenar. Además del registro, en la pornovenganza la velocidad es un elemento importante. La comunicación mediante Internet transita a la velocidad de la luz y la expansión de los mensajes es más efectiva porque pueden individualizarse y desde esta esfera es posible convertirlos en asuntos masificados. Una vez que los contenidos circulan en redes frenar su tránsito es una misión casi imposible. Un usuario que recibe o bien, consume un contenido de venganza porno y a su vez lo distribuye en su propia red, participa en la distribución pero también es posible que añada nuevos elementos para su interpretación.

Las venganzas en las redes por lo general emergen de un ámbito privado. La intimidad de las personas –que abarca sus relaciones interpersonales– pertenece a una esfera donde se desarrolla parte de la personalidad, los rasgos emocionales, el carácter, la sexualidad, etcétera. Por lo general dicha esfera no es pública, es decir, alberga secretos personales como las fobias o las filias. En la vida física las cajas fuertes sirven como lugares para ocultar aquello que no es posible que otros conozcan, las paredes de las habitaciones protegen a las personas de las miradas de los demás y lo mismo ocurre con la ropa, que esconde al cuerpo desnudo. La pornovengaza es una práctica contraria a tal privacidad, su fin en todo caso, será develar ante los demás aquello que ha permanecido oculto. El exhibicionismo que promueve la revancha en línea es diferente al auto exhibicionismo. Cuando un internauta decide publicar una fotografía que capturó con su teléfono móvil mientras se veía al espejo en un baño público, podría pasar como una actividad hasta cierto punto consciente, con algún grado de voluntad. No así en el exhibicionismo de la pornovenganza: la transmisión dependerá de la voluntad de terceros.

En la exposición de contenidos podrían operar otros mecanismos ajenos al revanchismo, como la extorsión, el voyeurismo e incluso hasta la diversión. En los portales de pornografía casera es posible observar conductas vinculadas a la gratificación sexual más que al castigo simbólico. La mayoría de investigaciones al respecto indican que las principales víctimas de la pornovenganza han sido mujeres.

En cuanto a los efectos de esta práctica, sus consecuencias tienen repercusión directa en la vida familiar y social, al dañar los campos de la honorabilidad, la vida íntima, la reputación, la identidad, etcétera. En Tampa, Florida, durante 2006 una chica de nombre Holli Thometz inició una relación sentimental con Ryan Seay. Después de tres años la joven terminó el romance. Despechado, Seay difundió en Internet fotografías y videos privados, incluyendo datos personales de su ex. En el portal sextingpics. com los desnudos de Holli se hicieron populares. Seay ingresóal perfil de Facebook de su expareja y publicó imágenes íntimas de la entonces estudiante universitaria (Begovic, 2016). En 2012 la víctima de pornovenganza creó la organización End Revenge Porn (www.cybercivilrights.org) e inició una cruzada para criminalizar este tipo de actos a través de la aprobación de leyes especiales. Holly tuvo que cambiar su nombre a Holly Jacobs, concluyó un doctorado y actualmente es activista contra la venganza pornográfica.

Durante marzo de 2016 la modelo argentina Ivana Nadal comenzó a vivir un calvario. La tambiénpresentadora de la cadena Telefe se enteró que mediante mensajes en WhatsApp se distribuían fotografías provocativas.

Las imágenes llegaron a las redes sociales y se volvieron parte de la agenda de programas de radio y televisión. Las sospechas apuntaban a dos de sus exparejas: el futbolista Jonathan Cllieri, quien supuestamente habría compartido las fotos a sus compañeros del São Paulo de Brasil, y el arquero del Boca Juniors, Agustín Orión, con quien había mantenido una reciente relación sentimental. En mayo de 2017 otra modelo, Magali Mora, acusó a su expareja, el empresario Pablo Valverde de haber distribuido un “pack” con fotografías íntimas a través de las redes sociales. En pocas horas el caso de la también playmate se convirtió en un asunto de interés global para millones de internautas. El 5 de julio de 2017, Rob Kardashian, miembro de la famosa familia Kardashian, publicó mediante Instagram imágenes íntimas de su expareja Blac Chyna así como un video donde aparece besando a otra persona. Un hombre encolerizado aseguró que su ex le había mandado dicho video el día en que le había comprado 250 mil dólares enjoyas.

La pornovenganza pronto se distribuyó en Twitter, en Facebook y los videos se reprodujeron en varias cuentas de YouTube. Kardashian acusó a su ex de haberle sido infiel, de abandonarlo con sus hijas durante varios meses y de haber despilfarrado millones de dólares en suscirugías estéticas. En una entrevista con Linsey Davis del programa “Good Morning America”, Chyna aseguró que nunca pensó que su expareja publicaría contenidos de su vida privada, “me confié, me sentía cómoda, ya sabes, incluso enviando estas imágenes y hasta hablando con él sobre ciertas cosas, ya sabes”.

A mediados de 2016, en Guaymas, Sonora, una mujer celosa porque su pareja mantenía una relación con una chica que trabajaba en una sucursal de Oxxo decidió tomar revancha. Distribuyó por las redes una galería de imágenes que muestran a la cajera de la tienda en ropa interior y en varias posiciones sensuales. Las fotografías se volvieron virales y en Twitter el tema fue trending topic: #LadyOxxo. En Facebook la chica de nombre Nathaly Gutiérrez pidió perdón a su madre y aseguró que demandaría a la mujer que llevó a cabo la venganza. En noviembre del mismo año comenzó a circular un video grabado en un bosque donde aparece una joven teniendo relaciones sexuales con un hombre.

La producción grabada con un móvil se volvió viral y su protagonista fue bautizada como #LadyYaNoAguanto debido a que durante el acto en varias ocasiones repite esta frase. Mediante las redes digitales las imágenes se reprodujeron y se reinterpretaron: que si era una venganza del novio, que si estaban borrachos, que si el novio tenía SIDA, que si era menor de edad, etcétera. En Twitter la joven advirtió que demandaría a quienes reenviaran el video y rechazó las historias que se habían tejido alrededor del caso. De acuerdo a la Coordinación de Prevención de Delitos Electrónicos de la Comisión Nacional de Seguridad, en México la mayoría de las mujeres afectadas por la revancha sexual tienen entre 20 y 50 años de edad.

Algunas empresas vinculadas a las nuevas tecnologías han lanzado campañas contra la venganza porno. Reddit inició en 2015 una cruzada al modificar sus políticas para difundir contenidos y proteger la privacidad de los usuarios: quedaron prohibidas las imágenes sexuales y los desnudos sin consentimiento. Otras empresas como Microsoft, Google y Twitter también se sumaron a la lucha al proporcionar ayuda a las personas para eliminar de Internet imágenes que afecten su honorabilidad. En abril pasado Facebook anunció la puesta en marcha de una herramienta para que las personas denuncien hechos de pornovenganza. Según esta red social tan sólo en Estados Unidos el 82% de las víctimas de violencia simbólica presentan problemas en sus relaciones personales y el 93% padeció de alguna aflicción emocional. Hoy en día, cualquier persona puede “reportar” en Facebook imágenes comprometedoras que considere se compartieron sin su permiso.

Este fenómeno también tiene repercusiones políticas. En Estados Unidos desde hace casi una década se tienen registros de intentos por frenar la venganza porno. Actualmente el tema está legislado en 27 estados de la Unión Americana. El marco normativo apunta a dos objetivos, por un lado tipifica como delito la difusión y comercialización de imágenes con cierto contenido sexual y que puedan provocar un daño a terceros, y por otro lado cuando tales contenidos son distribuidos sin el permiso del propietario de los datos personales. En noviembre de 2014 el parlamento de Japón aprobó una iniciativa para castigar con penas de prisión de hasta tres años y multas de más de cuatro mil dólares a quienes distribuyan material íntimo o bien lo proporcionen a terceros para que estos lo difundan. En febrero de 2015 fue aprobada en Puerto Rico la llamada “Ley contra la venganza pornográfica” presentada por el representante Ángel Matos García. La norma define que será un delito la publicación sin la autorización de cualquiera de las partes de material explícito a través de cualquier medio de comunicación electrónica, indistintamente si es o no su cónyuge, excónyuge, la persona que cohabita o cohabitó y la que sostiene o ha sostenido una relación consensual íntima física o a través de comunicaciones electrónicas, indistintamente de su orientación sexual o identidad de género. Quien resulte culpable podrá alcanzar una pena máxima de tres años de prisión.

En noviembre de 2016 fue presentado en el Senado de Argentina un proyecto para criminalizar la venganza pornográfica con penas de seis meses a cuatro años de prisión. La propuesta establece que se trata de una actividad que viola la vida privada fomenta el acoso de quienes son exhibidos y provoca en las víctimas daños psíquicos y físicos. A finales del año pasado los legisladores Fernando Yunes, Daniela Ávila, Ernesto Ruffo y Víctor Hermosillo del Partido Acción Nacional (PAN) presentaron ante el Senado mexicano una iniciativa para considerar como ciberdelito la cultura de la venganza sexual en línea. El proyecto pretendía modificar el artículo 210 del Código Penal Federal con una penalidad que va desde los 12 meses hasta los dos años de cárcel. El 27 de abril del 2017 el diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Benjamín Medrano Quezada, presentó una iniciativa para reformar el Capítulo I y adicionar los artículos 266 Ter y Quáter del Código Penal Federal, en materia de delitos contra la libertad y el normal desarrollo psicosexual. El proyecto pretende castigar de tres y hasta cinco años de prisión y multas de 300 días de salario a quienes promuevan y publiquen contenidos sexuales considerados como pornovenganza. La reforma también busca fincar responsabilidades a los propietarios o administradores de portales dedicados a difundir esta práctica.

La pena prevista para quien cometa el delito de violación de la intimidad sexual se aumentará hasta en una mitad en su mínimo y máximo cuando: 1) el delito fuera cometido por persona o personas con las que la víctima haya tenido una relación de carácter sentimental, familiar y/o personal; 2) el delito fuera cometido en contra de un menor de edad o con alguna discapacidad y 3) el delito fuera cometido por quien desempeñe un cargo o empleo público, además de ser suspendido por cinco años del ejercicio de su profesión. El documento hace énfasis en prevenir elsexting o envío de imágenes sexuales pues las personas corren el riesgo de que su intimidad sea visibilizada como venganza pornográfica.

Conclusión

En nuestras sociedades la pornovenganza tiende a normalizarse, a ser vista como parte de la vida en línea, y no tanto de la vida real. Quien es exhibido y quienes contemplan este espectáculo no están cerca físicamente, incluso, por lo general, se desconocen. Esta actividad virtual, como muchas otras, escapa a los tentáculos de control y orden social, dictados tanto por el Estado como por otras formas institucionales de poder político y moral. Este nuevo revanchismo surge de la caverna de la privacidad, de los fracasos humanos, de las emociones desbordadas, de las relaciones interpersonales rotas, de las crisis humanas más primitivas. Internet y las redes digitales se han convertido en el paredón de fusilamiento de tales crisis. La pornovenganza transparenta tan sólo una forma de cómo los problemas son resueltos desde la individualización: el problema es el otro, el infierno son los otros. Es mediante la comunicación electrónica como se ejerce esta forma de castigo público. Cada like, comentario, hashtag o video reproducido, es paradoja de una piedra lanzada, de una lapidación virtual.

Referencias

Dennis, K. (2009). Arte/Porno: Una historia de Ver y Tocar.
Oxford Editores
Jill Begovic, J. (2016). Yo, Millennial. España: Editorial Grijalo Tsoulis-Reay, A. (21 de julio de 2013). A Brief History of Revenge Porn, The New York Magazine.

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