Cinque Terre

Emiliano Balerini Casal

Reportero

México: el segundo país más homofóbico del mundo

Este articulo fue publicado originalmente el 17 septiembre 2015, lo abrimos de manera temporal para su consulta.


México ocupa el segundo lugar en el mundo, después de Brasil, en crímenes a la comunidad LGBTTTI. En los últimos 19 años se han registrado mil 218 homicidios, según informó el 11 de mayo pasado la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia (CCCOH).

El informe de la organización Letra S Sida, Cultura y Vida Cotidiana, que se basa en notas periodísticas, revela que la mayoría de los homicidios fue contra hombres (976), integrantes de la comunidad trans, travestis, transgénero y transexuales (226) y mujeres (16).

La entidad con mayor número de casos es el Distrito Federal con 190, siguen el Estado de México con 119, Nuevo León con 78, Veracruz con 72, Chihuahua con 69, Jalisco con 66, Michoacán con 65 y Yucatán con 60, según el estudio.

Las edades más frecuentes de las víctimas van de 30 a 39 años (266), de los 18 a 29 años (261), de los de 40 a 49 años (170), de los 50 a 59 años (105), 60 en adelante (74) y menores de edad (23 en el resto de los casos (319) no se encontró dato de las víctimas, revela el documento.

El informe de la CCCOH, que abarca de 1995 a 2014, dice que 2005 fue el año con el más alto registro al darse 71 casos. Desde entonces, los datos muestran una tendencia al aumento de homicidios motivados por el prejuicio homofóbico, transfóbico y lesbiofóbico. “Este hecho coincide con la mayor visibilidad pública ganada por la comunidad de la diversidad sexual desde ese año”, dice el informe. Aunque aclara que el aumento también se puede deber a una mayor cobertura periodística de este tipo de crímenes.

Según datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis 2010), en lo que se refiere a cifras sobre la discriminación por diversidad sexual, 60% de la población encuestada consideraba en ese momento que las orientaciones sexuales y la etnia dividen poco o nada a la gente. Según la estadística 58.5% de las personas lesbianas, homosexuales o bisexuales de nivel socioeconómico muy bajo y 57.7% del nivel socioeconómico bajo opinan que la discriminación es su principal problema. Además 42.8% de la población cree que la policía es el grupo más intolerante con las personas de preferencia sexual distinta.

La población encuestada creía en 2010 que el principal problema para homosexuales, lesbianas y bisexuales en México era: la discriminación (52%), la falta de aceptación (26.2%) y las críticas y las burlas (6.2%).

En 2010, tres de cada 10 personas no estaban dispuestas a permitir que en su casa viviera una persona con VIH/Sida; siete de cada 10 heterosexuales decían que están totalmente de acuerdo en que en México no se respetan los derechos de los homosexuales, y cuatro de cada 10 no quería que en sus casas residieran personas gay. La forma más grave de homofobia se expresa en la violencia, explica la encuesta.

Ricardo Bucio, presidente del Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (Conapred), dice que los números de Letra S Sida, Cultura y Vida Cotidiana no son certeros porque los crímenes de odio por homofobia no están tipificados en todo el país, de tal manera que cuando hay un homicidio contra alguien de la comunidad LGBTTTI, la enorme mayoría de las ocasiones los crímenes no se califican así, es decir, no existen elementos legales para saber cuándo hubo crímenes de odio por esta razón:

“Simplemente no hay información de las procuradurías porque no se levantaron las averiguaciones previas, tampoco se habla de la aplicación de justicia porque las sentencias, cuando éstas existen, no tienen que ver con el delito”.

En su Informe de Crímenes de Odio por Homofobia, realizado entre 1995 y 2008, Letra S, explica cuál es la razón de este tipo de trabajos, basados en literatura hemerográfica:

“El objetivo es documentar la existencia de este tipo de crímenes para combatir el prejuicio homofóbico que subyace en el término “crimen pasional”, como son calificados todos los asesinatos contra homosexuales y lesbianas, que justifica la impunidad en la investigación de estos homicidios. Esta labor es necesaria para posibilitar el acceso a la justicia de las víctimas y sus familias, así como garantizar el derecho al debido proceso”.

Roshel Terranova, activista travesti, coincide con esto y explica que los activistas han solicitado ante las instancias gubernamentales que no se cierren los casos:

“Estamos encima de las autoridades, en muchos casos lo hemos logrado, en otros no. Sobre todo, porque estamos centralizadas. Muchas veces no podemos ir a los estados y darle seguimiento total a cada tema. Desde aquí hacemos lo que podemos. Hay muchos delitos, es como si se hablara de las muertas de Juárez”.

Ola de violencia

A finales de junio pasado, en medio de la vigilia a la que había convocado la iglesia católica de Chihuahua, como protesta para evitar que los diputados locales legislaran a favor del matrimonio gay, un transexual apareció muerto en la colonia Granjas del Valle de esa ciudad.

Su cuerpo presentaba evidentes huellas de tortura. Sus manos sujetaban un palo amarrado con plástico blanco y una bandera nacional envolvía la parte superior del torso. La Fiscalía General del Estado aseguró, en su momento, que la víctima vestía pantalón de mezclilla azul y botines de trabajo color café. Según La Crónica de Chihuahua, del 24 de junio:

“(…) el hecho podría haber pasado por un crimen más en la ciudad, pero la joven no murió por los cuatro balazos calibre 9 milímetros que le dispararon en la cabeza, sino por asfixia y sofocación, es decir fue ahogada con el plástico con que la envolvieron y que estaba en su cabeza; después la golpearon y posteriormente le dispararon”.

“En el rostro presentaba fractura de pómulo, nariz y maxilar. Las primeras informaciones policiacas sugieren que el crimen ocurrió en otra parte de la ciudad y su cuerpo fue arrojado en una zona despoblada de la colonia Granjas del Valle, en la calle Acceso Uno, Lote Ocho, alrededor de la una de la madrugada”.

El asesinato se dio en medio de dos hechos que buscan generar igualdad entre las personas y que ha desatado una ola de homofobia en el país: el debate en estados como Colima, Campeche y Chihuahua, sobre la aprobación del matrimonio gay o las sociedades de convivencia, y la posición casi unánime de la Suprema Corte en el sentido de avalar el casamiento entre personas del mismo sexo y la adopción de niños.

Lejos quedó aquel 26 de mayo de 2014, cuando en una ciudad cercana a Chihuahua, Saltillo, el obispo Raúl Vera, contraviniendo los deseos de la iglesia católica mexicana, bautizó a la hija de una pareja lesbiana conformada por Cristal Cobas Barrón y Alejandra Badillo Valdés. En un hecho histórico, pues fue la primera vez que se bautizó al hijo de una pareja homosexual, Vera comentó que el papa Francisco llamó a los obispos mexicanos a mantener un trato con la comunidad LGBTTTI.

El 13 de junio pasado, la SCJN aseguró que cualquier ley que impida el matrimonio a personas del mismo sexo es inconstitucional. Incluso ordenó la publicación, en el Semanario Judicial, de una jurisprudencia mediante la cual se establece que “la ley de cualquier entidad federativa que, por un lado, considere que la finalidad del matrimonio es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional”.

Jaime López Vela, director de la Organización No Gubernamental Agenda LGBT, coincide en que los crímenes a la comunidad gay han aumentado a partir de la resolución de la SCJN:

“Cuando la Corte resolvió que los códigos civiles de las entidades federativas que niegan el derecho al matrimonio de las parejas del mismo sexo son inconstitucionales y que tienen que cambiar y adaptarse, se desató la ola de homofobia en todo el país. Los estados enfrentan esta situación. Mientras en el Distrito Federal hemos adelantado mucho en las entidades no hay avances. La situación en la que están es delicada. Para nosotros el matrimonio fue la cereza del pastel, ellos no tienen base del pastel. Se hallan en un estado de homofobia en su nivel más brutal”.

El también abogado explica que la población más expuesta a la violencia es la comunidad Trans, por la condición de la identidad de género, no tanto por la orientación sexual:

“Esta comunidad es la más atacada porque el malestar que causan es la supuesta usurpación de la identidad. ‘¿Cómo que tienes pene, tetas y caderas, si eres hombre? Estás usurpando a una mujer, pero, además, me estás provocando. ‘¿Cómo que tú hiciste que me erotizara? Cuando se comete el crimen, no sólo es contra la persona, sino contra lo que representa”.

Ricardo Bucio agrega que esto se debe a que la Trans es la comunidad más invisibilizada: “No sólo se trata de la orientación sexual, sino de la identidad genérica, de apariencia. Se trata del cambio de las personas en relación a la identidad genérica que siempre tuvieron. El travestismo y la transexualidad provocan muchas reacciones complejas, difíciles de manejar para la mayoría de la sociedad. Es el grupo que tiende a expresar mayores casos de violencia, rechazo y limitaciones de acceso al empleo, por ejemplo”.

Ana Francis Mor, activista por los derechos de la igualdad sexual, también coincide:

“Hay muchos más asesinatos de mujeres Trans que de hombres. La renuncia a ser hombre es un pecado mortal porque estás renunciando a lo mejor que se puede ser en este mundo patriarcal. ‘¿Cómo se te ocurre dejar de serlo?’. Ahí opera, justamente, el asunto de género. Los crímenes que tienen que ver con las lesbianas generalmente son violaciones correctivas, es decir, ‘¿Cómo se te ocurre que puedes estar sin un hombre?’ No te castigo por tu orientación sexual hacia la propia persona del mismo sexo, te castigo porque esa persona no es un hombre”.

Esta homofobia tiene un motor impulsor: la iglesia católica y los grupos de poder conservadores. Una Iglesia que ya no está del lado del papa y lo que éste opina sobre las parejas de la comunidad LGBTTTI, lo que representa un rompimiento con el Vaticano, comenta Mor. La decisión de la SCJN hará que los estados dilaten la operación de los matrimonios de personas del mismo sexo. Los grupos conservadores van a ir retrasando y entorpeciendo los casamientos y las adopciones. Sin embargo esto ya es imparable, no se puede detener, argumenta.

Alejandro Brito, director general de Letra S Sida, Cultura y Vida Cotidiana, explica que la homofobia actual responde a un momento en que la visibilidad de la diversidad sexual ha ganado muchos terrenos:

“Cuando digo la visibilidad pública de la diversidad sexual me refiero no solamente a las expresiones políticas y cambio de leyes y de políticas públicas, sino a las expresiones culturales, el espacio público, las expresiones de afecto entre personas del mismo sexo que han ganado mucho lugar. Esta mayor visibilidad no se ha correspondido con un proceso de educación o pedagógico hacia la población porque la diversidad se está asumiendo como un nuevo valor para la sociedad en general”.

Si antes se percibía la homosexualidad como una amenaza a la familia, a la convivencia social, a la infancia, ahora hay un cambio en que se percibe la homofobia y todas sus expresiones como la verdadera amenaza social, menciona.

Leonardo Olivos, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), de la UNAM, tiene varias lecturas sobre los delitos por homofobia.

“Generalizar una tendencia, o pensar que el país es homófobo, oscurantista y reaccionario es una aseveración que no da cuenta también de ciertos nichos y espacios que se han abierto y que han transformado radicalmente la perspectiva en torno a la diversidad sexogenérica”, destaca.

En el Distrito Federal, por ejemplo, sorprende gratamente en términos de dinámica urbana ver a parejas del mismo sexo agarradas de la mano y besándose en lugares públicos; personas travestidas, ya sea transexualizadas o transgenérizadas que no despiertan el menor escarnio. Obviamente existen, junto con estas tendencias flexibles, otras que son profundamente reactivas, realmente virulentas frente a lo que se considera anormal, explica el especialista en Masculinidad y Feminidad.

Sobre los homicidios a homosexuales, lesbianas y transexuales, aclara que en México siempre han existido:

“Esta tendencia se acentúa en aquellas regiones del país donde hay un vínculo muy cercano con la Iglesia Católica. Su poderío no solamente es político sino cultural. Hay una sociabilidad en ciertas regiones que está permeada por dinámicas religiosas”.

Incluir a la educación

Los expertos creen que hay dos alternativas contra la homofobia en el país y que deben acompañar la aprobación de leyes igualitarias: campañas publicitarias y la inclusión del tema en los programas escolares.

Jaime López Vela cuenta que el exjefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, los apoyó mucho para que se aprobara el matrimonio entre parejas del mismo sexo y las sociedades de convivencia. Sin embargo, les soltó la mano una vez hecho esto.

“Marcelo fue un gran aliado, pero también desatendió la importancia de lo que él mismo provocó. Él dijo: ‘Sí al matrimonio’. Y lo logramos. Para nosotros fue un gran avance. Pero así como fue un avance, políticamente para él representó un retroceso. Le restó puntos en su aceptación como político al interior del país. Eso lo hizo abandonar la agenda LGBTTTI. Entonces nos quedamos a la deriva”.

El matrimonio se logró en 2010. Sin embargo, los homosexuales tuvieron que esperar a que, por ejemplo, se aprobara la ley que les permite tener Seguridad Social: “Tuvimos que dar una batalla durante dos años. Ya la aceptaron los senadores, pero está pendiente en la Cámara de Diputados. Marcelo actuó con desdén”, explica el abogado. De ahí que el también activista crea que para acabar con la homofobia se debe terminar de poner el tema de los derechos LGBTTTI sobre la mesa política.

“El Movimiento Regeneración Nacional (Morena) lo hace porque tiene un espacio para debatir el tema, lo hemos logrado e impulsado. En el caso del Partido de la Revolución Democrática, ni siquiera en sus mejores momentos se logró que la agenda de la diversidad sexual se fuera a los estados que ellos gobernaban. En el Partido Revolucionario Institucional hay puro discurso y en el Partido Acción Nacional su posición es clara al respecto: el rechazo al tema”, comenta.

“Falta que los partidos le entren para que se pueda resolver. A nivel de los poderes de la unión, la SCJN ha dado una lección al país. Ya nos dijo: Señores aquí ya se acabó. El tema se resolvió. Las poblaciones LGBTTTI tienen los mismos derechos que los demás. Si casarse es un derecho, lo tienen. Si adoptar es otro derecho, también lo tienen, menciona el también representante de Morena en temas de diversidad sexual.

Ana Francis Mor comenta que las lesbianas y los gays están en todos lados, por lo que debe haber un cambio cultural. Junto con la aprobación de leyes tendrían que realizarse campañas nacionales para darle a la población herramientas para saber “como es que ayer era válido apedrear un joto y hoy no, por qué hoy es delito y antier no lo era, o por qué ahora resulta que no sólo tengo que no apedrearlo, sino que, además, tengo que ver como se casa. Hay un cambio cultural que se debe hacer. Se debe reeducar”.

“Así como hace unos años se debatió si era o no necesario incluir la educación sexual en los programas escolares de educación básica y finalmente se incluyó el tema, ahora parece que también tiene que hacerse este proceso para que se conozca la diversidad sexual desde la infancia. Además se debe trabajar con los tres grandes transmisores de mensajes sociales o generadores de opinión pública: la publicidad, los medios de comunicación y la Iglesia”.

Al interior de su familia —recuerda la actriz integrante del colectivo Las Reinas Chulas—, ha habido todo un proceso de reeducación, encabezado por ella, pues es la más interesada en evitar los chistes homófobos. Cuando alguien de la familia dice un chiste, Ana Francis suele comentarle: “Oye, tú chiste me lastima”. Es un proceso medianamente amable porque en su familia han aceptado la situación.

El presidente de Conapred dice que además de lo legal, se debe de trabajar en una agenda social para erradicar la homofobia en el país.

Alejandro Brito coincide con Ricardo Bucio, y dice:

“(…) el tema debe entrar a los sistemas educativos. El enclave más cerrado en torno a hablar de la homosexualidad es la educación básica. Ahí no se ha podido influir. Las autoridades educativas no dicen nada al respecto. A pesar de que el bullying, que tiene motivos y origen homofóbico, está muy presente, de que hay violencia en las aulas, acoso a niños y niñas que tienen una orientación homosexual o expresiones que no se ajustan a las normas de género entre hombre y mujer, masculino y femenino, a pesar de que empiezan a salir muchas cifras y testimonios al respecto, las autoridades educativas no hacen nada. Es un tema tabú en la educación mexicana que tiene que romperse, de algún modo, y en algún momento tendrá que abrirse”.

Leonardo Olivos también explica que la gente requiere saber cuál es el arte de las modificaciones a los distintos reglamentos. Se debe permear a los medios de comunicación y pelear porque exista el derecho a las audiencias. Se debe tener la posibilidad de interpelar a los locutores, las comedias, las series cómicas y las novelas, que tengan, reproduzcan o intensifiquen valores anti derechos humanos; debe existir el derecho a la libertad, a la unidad de la gente que tienen preferencias por las personas de su mismo sexo. Se debe poder exigir a los medios un cambio de contenidos en su programación y solicitarles que “el putito”, el “mariconcito” ya no sean el objeto de la risa.

 

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