Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Los Simpson: sátira, cultura popular y poder suave

Este texto se publicó originalmente en la edición de septiembre de 2017 (#202), y en este portal, el día 29 de septiembre del mismo año

“Los Simpson” son una institución asentada firmemente en la historia de la industria del entretenimiento a nivel mundial. Creados por el caricaturista Matt Groening, vieron la luz por primera vez el 19 de abril de 1987 como cortos animados en el “Show de Tracey Ullman”. Han transcurrido 30 años desde entonces. Establecida como serie –sitcom– a partir del 17 de diciembre de 1989, “Los Simpson” revolucionaron la televisión e hicieron de la cadena Fox, en esos tiempos recién nacida, una competitiva corporación. La longevidad del programa, es un aspecto digno de mención, toda vez que ha roto todos los récords por su permanencia en la pantalla chica –y ahora también en streaming– habiendo sido refrendada a finales de 2016 por dos temporadas más, lo que asegura su continuidad hasta 2019. Merecedora de múltiples distinciones, el programa ha pasado por varias etapas, generando polémica, pero también hordas de seguidores en todo el planeta. “Los Simpson” constituyen un fenómeno cultural, que ha dado pie a infinidad de reflexiones académicas en diversas naciones. La literatura para analizar a la serie es abundante y se sigue produciendo. En las universidades más prestigiadas, se estudia a “Los Simpson” desde la óptica de la filosofía, ciencia política, sociología, psicología, teología, economía, las ciencias de la comunicación, etcétera. Diversas personalidades del mundo político, científico, artístico y hasta El Vaticano se han pronunciado en torno a la importancia de la serie, sea porque la alaban o bien, la denostan.

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“Los Simpson” son una exitosa franquicia valuada en 13 mil millones de dólares. ¿Cómo construyeron semejante emporio? En sus orígenes, se inspiraron en las sociedades, en particular, en la estadounidense, para escribir su propia historia. Hoy, como explica atinadamente Álvaro Cueva, somos nosotros los que recurrimos a “Los Simpson” para construir las propias. Por todo ello me di a la tarea de escribir el libro titulado Ninguna serie de TV debería durar 30 años… ¿o sí? Los Simpson: sátira, cultura popular y poder suave coeditado por la revista etcétera, el Centro de Análisis e Investigación sobre Paz, Seguridad y Desarrollo Olof Palme A. C., la Universidad Nacional de Australia y la Universidad de Columbia.

En México, “Los Simpson” son vistos por diversas generaciones, trátese de los baby boomers –que, en general, advierten sobre su inmoralidad y la condenan–, la generación X –entre quienes, la que esto escribe, la celebran y disfrutan–, y la generación Y –para la que es una opción más de entretenimiento. Sin importar cómo la perciban, la serie no permite la indiferencia entre sus audiencias. Sin embargo, los análisis académicos sobre la relevancia de “Los Simpson”, al menos en México, son escasos. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) registra, apenas, siete tesis de licenciatura dedicadas a explorar diversas aristas del programa, sobre todo en campos del conocimiento como las ciencias de la comunicación, periodismo y comunicación colectiva y pedagogía. La primera tesis registrada en los archivos de la UNAM sobre “Los Simpson”, data de 1998,1 seguida de seis trabajos de investigación efectuados entre 20002 y 2010.3 En la presente década no se cuenta con registro alguno de tesis sobre la serie, lo que revela que fue en el primer decenio del presente siglo donde más análisis académicos se efectuaron en torno a la familia favorita de Springfield, al menos en la UNAM.

Además de ello, existen pocos artículos en revistas sobre comunicación y de las humanidades. Empero, a comparación de la extensa bibliografía que hay sobre el tema, por ejemplo, en Estados Unidos, pareciera como si en México se considerara a “Los Simpson” una serie animada que sólo vale la pena ver para pasar el rato y no para reflexionar sobre el mundo de hoy. Esta ha sido mi principal motivación para emprender un largo camino que requirió 10 años para elaborar el libro de referencia. De este trayecto ha sido testigo Marco Levario Turcott, director de la revista etcétera, quien, en distintos momentos, me alentó a continuar con este proyecto, cosa que le agradezco. Quiero también señalar que esta obra está viendo la luz gracias a Humberto Vélez, quien me hizo regresar a ella a través del recuento de su experiencia, como actor y director de doblaje para México, América Latina y el Caribe, de la serie.

El libro ha sido pensado para una audiencia amplia y diversa. Sin negar el gusto personal de ésta autora por “Los Simpson”, la obra ha sido pensada no sólo para los seguidores de la serie, sino para especialistas en diversas ramas del conocimiento. En particular, me propuse acercar a los estudiosos de las Relaciones Internacionales al análisis de la cultura popular, tópico rara vez revisado desde el ámbito de ésta disciplina. La cultura popular importa y mucho a la política global, porque a través de ella, corporaciones como la 20th Century Fox, pueden difundir valores, estilos de vida y visiones del mundo favorables a las necesidades e intereses de Estados Unidos en el planeta. “Los Simpson”, recurren a la sátira corporativa para mofarse de la propia empresa que produce y comercializa la serie en todo el mundo, lo que muestra también las transformaciones que han vivido las industrias del entretenimiento en sus estrategias para acceder a las audiencias. Así, “Los Simpson” me permitieron hacer un recorrido por la cultura popular; la industria del entretenimiento, en particular la de Hollywood; la importancia de la sátira como un recurso para mofarse de algo o alguien, pero también para vender; y claro, para reflexionar sobre el impacto que la serie ha tenido en México.

Por lo tanto, el objetivo fundamental de Ninguna serie de TV debería durar 30 años… ¿o sí? Los Simpson: sátira, cultura popular y poder suave es analizar a la icónica serie de televisión, desde el ámbito de las Relaciones Internacionales. Se trata de una apuesta osada pero que resultó, me parece, no sólo divertida, sino, importante. Aspiro con ello, a que las nuevas generaciones de científicos sociales, se interesen por una reflexión más profunda en torno a “Los Simpson”, pero igualmente sobre los contenidos televisivos y ahora también la oferta de entretenimiento de empresas como Netflix o Amazon, vía el streaming.

El libro, cuyo prólogo fue elaborado por Humberto Vélez, consta de cinco capítulos. El primero de ellos se denomina Cultura popular y alta cultura. En él, analizo un viejo y conocido –más no concluido– debate sobre lo que Umberto Eco denomina apocalípticos e integrados, esto es, los defensores de una cultura de élites frente a la “democratización” de la cultura. Explico cómo en éste segundo ámbito, Estados Unidos, creador de la industria del entretenimiento más costosa e influyente en el mundo, se apoyó en la masificación, primero, para derivar un beneficio económico al vender “productos” a millones de personas, dentro y fuera del país, y en segundo y no menos importante lugar, para promover sus intereses instrumentales particulares en el planeta.

“Los Simpson”, a mi manera de ver, son una muestra de cultura popular, pero con un refinamiento pocas veces visto en una serie de televisión y menos, aun, tratándose de un programa animado. Por lo tanto, “Los Simpson” incorporan en su seno a la llamada alta cultura. No es la primera vez que esto ocurre en los productos culturales de Estados Unidos. George Gershwin, sin ir más lejos, hizo lo propio con su obra, a la que adicionó tanto elementos de la música clásica como de la música popular, el jazz y el blues.

“Los Simpson” son referenciados, lo que los hace apetecibles tanto a los ojos de los integrados como también de los apocalípticos. Para mayores referencias, ahí está lo que el creador de la serie comenta sobre el sentido de “Los Simpson”:

“Yo caracterizo a la serie de la siguiente manera. La serie es un foro para distintos tipos de humor. Ciertamente nosotros hicimos una pequeña y estrecha historia en el inicio de la serie y entonces el programa empezó a ir más y más rápido. Y entonces nos dimos cuenta de que, si queríamos que esta cosa siguiera, entonces tendríamos que continuar sorprendiendo a la audiencia… así como a nosotros mismos [los que] trabajamos en la serie. En consecuencia, hemos entrado a terrenos extraños. Considero que ahora estamos disfrutando nuestra longevidad. La serie ya no es algo nuevo, pero si pones atención en lo que hemos hecho recientemente, hemos hecho cosas muy creativas e inventivas en el show. Uno de los aspectos favoritos de la serie para mí es que en los últimos años hemos invitado a animadores externos a los que pedimos que hagan lo que gusten con el ‘chiste del sillón’ en el inicio de cada episodio. Tuvimos a Bill Plympton, acabamos de tener a Eric Goldberg, uno de los grandes animadores de Disney que animó a ‘Los Simpson’ en el clásico estilo de Walt Disney. Tuvimos al artista Banksy, quien diseñó un ‘chiste de sillón’. Ha sido mucho muy divertido. Siempre nos critica la gente. “La serie ya no es lo que solía’ y yo siempre digo que ‘bueno, sí, tienes razón’. No es lo que solía y eso es porque estamos intentando cosas nuevas. Considero que, con 600 episodios de la misma cosa, todos estarían ya muy cansados. Hay personas que ni siquiera habían nacido cuando esto empezó y lo están descubriendo y eso es muy divertido. Así que estamos lidiando con distintas generaciones. La idea original, y ésta vino de James L. Brooks, el productor ejecutivo que me contrató esencialmente para trabajar en esta serie, fue que quería algo que le gustara a toda la familia, pero sin bromas para toda la familia. Es decir, hay bromas que no entenderán los más pequeños y no importará, y chistes que le parecerán tontos a la abuela, pero no importará, siempre que logremos momentos de emoción real. Ese fue el gran objetivo que nos trazamos”.4

En el segundo capítulo, titulado Relaciones internacionales, cultura popular y poder suave, analizo la importancia de la cultura popular para las Relaciones Internacionales, echando mano del concepto del poder suave. Éste constituye un mecanismo mediante el cual una persona, organismo o país pueden lograr que otros hagan lo que aquel quiere, sin recurrir al empleo del poder duro. El poder suave, por lo tanto, se vale de la persuasión, la negociación y, por supuesto, la cooptación, misma que en la cultura popular tiene muchos elementos a su favor. “Los Simpson” cooptan, seducen, fascinan o bien generan repudio, protestas, pero todo ello lo logran en beneficio de la corporación que los produce que, incidentalmente, es una empresa que es, en el espectro político, sumamente conservadora. La Fox, como se recordará, ha respaldado a través de sus noticieros y su oferta de entretenimiento, las políticas punitivas de EU en lugares como Irak, Afganistán y, de manera más reciente, el Estado Islámico. Pero al contar entre su oferta de entretenimiento con un producto como “Los Simpson”, que no en pocas ocasiones se ha mofado de la empresa y del conservador magnate que la posee, Rupert Murdoch, le gana muchos adeptos. No se olvide que, así como la Fox busca mantener una relación privilegiada con las altas esferas del poder en Washington, también necesita audiencias que consuman sus productos. A eso se le llama pragmatismo. La cultura popular, por ende, opera conforme a esas premisas: las audiencias son cada vez más diversas y para cada gusto hay que generar un producto atractivo.

En el tercer capítulo, al que denominé Sátira y cultura popular, hago un recorrido por la sátira, partiendo de Aristófanes y pasando por Moliére hasta llegar a “Los Simpson”. Si bien la sátira ha sido sobre todo un recurso literario, con frecuencia la encontramos en diversos ámbitos, la televisión incluida. “Los Simpson” recurren a la sátira de manera prominente para contar sus historias, pero además emplean la sátira corporativa, algo que caracteriza al movimiento cultural conocido como culture jamming. La burla y el escarnio en torno a las corporaciones y a la cultura popular es un fenómeno cada vez más frecuente. Muchos lo consideran como la respuesta de las sociedades al poder avasallador de que disponen las industrias del entretenimiento. En cualquier caso, la sátira se distingue de otras formas de humor porque posee una mayor relevancia informativa. La presumible novedad es un elemento subyacente a la sátira. No se trata de repetir una y otra vez lo que todo mundo sabe. Su sex appeal reside en vender un conocimiento “nuevo” del mundo y entretener a través de él. También puede ocurrir que la sátira presente como nuevo algo que no lo es, sólo para provocar la risa en el espectador. En “Los Simpson”, es frecuente que, en el inicio de cada episodio, Bart esté recibiendo el acostumbrado castigo de escribir en la pizarra una y otra vez acerca de algo que ya no debería volver a hacer. En muchos episodios este gag no está presente, pero en todo caso, aunque es un hecho reiterativo, siempre logra presentar algo divertido y novedoso.

En el cuarto capítulo, denominado Ninguna serie de TV debería durar 30 años… ¿o si? hago un recorrido por la historia de “Los Simpson”, sus orígenes, su época dorada, su afianzamiento en la cultura popular global, aderezada con aspectos que, estoy segura, serán muy interesantes para el lector, entre otros, cómo se hace cada capítulo de la serie, cuánto cuesta producirlo, los nombres y perfiles de quienes hacen los guiones del programa y las empresas que maquilan a “Los Simpson”, entre ellas, la corporación surcoreana AKOM. Reviso, por supuesto, los argumentos que refieren el declive en la calidad de la serie y temas conexos. Al final del día, concluyo que “Los Simpson” son un adulto de 30 años que no podía mantenerse sin cambios a lo largo de seis lustros, máxime porque el mundo y sus audiencias, han cambiado mucho.

Concluyo el libro con una revisión sobre “Los Simpson” en México, tanto en términos de la contribución de mexicanos a la serie, como de las referencias que en el programa se hacen a nuestro país. “Los Simpson”, para ser consumidos por las audiencias mexicanas y latinoamericanas, son doblados al castellano. Hace años, cuando tuve la oportunidad de conversar con Matt Groening sobre el particular, noté que a él no le gusta mucho la idea del doblaje de su producto, porque argumentaba que no sabía si el público mexicano o argentino reían realmente de lo que los actores de voz en idioma original dicen o si ríen de lo que los actores de doblaje adaptan y “reescriben”. Ni hablar. Supongo que es el precio que Groening debe pagar para que su producto tenga el éxito que posee en las más diversas latitudes. Dedico igualmente un espacio en este capítulo al conflicto laboral popularmente conocido como La huelga de “Los Simpson” de 2005, que llevó a que los actores de doblaje que habían hecho las delicias de las audiencias de toda América Latina y el Caribe con su adaptación de la serie, fueran despedidos.

Termino diciendo que tengo la satisfacción de haber concluido un libro que requirió mucho de mi vida para su elaboración. Parte de mí está en él. Voy a extrañar todos los desvelos y sacrificios que tuve que pasar a lo largo de 10 años para que fuera la obra que yo quería, dado que me acostumbré a pasar meses y años de mi existencia de esa forma. Estoy cierta de este libro, que es un muy modesto homenaje de mi parte a la serie de televisión más importante de todos los tiempos, generará muchos comentarios y es lo que más deseo. “Los Simpson” son parte de mi vida. No sé qué estaba haciendo yo hace 30 años cuando surgieron, pero lo que sí recuerdo es que los veía con curiosidad y sorpresa. Seis lustros después, me siguen sorprendiendo y mi curiosidad no termina. Dicho esto, ¿ningún programa de TV debería durar 30 años? Parafraseando a Carlos Gardel: 30 años no es nada. Es, apenas, un suspiro en la historia de la humanidad… Y por lo que se ve, hay Simpson para rato .


Notas:

1 En ciencias de la comunicación, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
2 En periodismo y comunicación colectiva, en la entonces Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán, UNAM.
3 En periodismo y comunicación colectiva, en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM y en pedagogía, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM.
4 Kirk Baird (May 15, 2016), “Matt Groening to speak Friday in Toledo”, en The Blade, disponible en http://www.toledoblade.com/TV-Radio/ 2016/05/15/Drawn-together-Matt- roening-on-his-career-hiscreations- lifelong-friendship-with-cartoonist-Lynda-Barry.html

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