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Ariel Ruiz Mondragón

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Legalización de la marihuana: la experiencia de Estados Unidos

Esta entrevista fue publicada originalmente en noviembre de 2017

   Ariel Ruiz Mondragón / Lourdes Cárdenas

La prohibición y la guerra contra las drogas que llevan décadas en práctica sin los resultados deseados por sus defensores han conducido a buscar otras soluciones que permitan atenuar el daño que provocan a las sociedades, e incluso aprovechar el potencial de algunas sustancias que hoy son, en la mayoría del mundo, ilícitas.

Lo anterior ha dado pie a la legalización de algunas drogas, como la marihuana. Uno de los ejemplos más destacados de este proceso lo ofrece Estados Unidos, donde, a pesar de estar prohibida a nivel federal, ya en 28 estados ha sido aprobado su uso medicinal y en 8 el recreativo.

Acerca de esa compleja experiencia Lourdes Cárdenas ha publicado su libro Marihuana. El viaje a la legalización (Urano, 2016), una suerte de gran reportaje sobre ese proceso en la Unión Americana, con énfasis en el caso de Colorado, en el que aborda aspectos que van desde la política hasta la ciencia.

Acerca de ese volumen etcétera conversó con la autora, quien es maestra en Periodismo por la Universidad del Sur de California y profesora de la Universidad Estatal de Nuevo México. Ha trabajado como reportera para medios como The Dallas Morning News, CNN México, El Paso Times, CNI-Canal 40, El Universal y La Jornada. Además de colaborar en revistas como Nexos y emeequis.

¿Por qué escribir un libro sobre los avatares que ha tenido el mercado regulado y transparente, como le llama usted, de una droga como la marihuana en EU, con énfasis en el caso de Colorado?

Es importante por el debate que se ha desarrollado en México; cuando empecé el libro pensé que se iba a tardar aún cinco o diez años. Decía: “Voy a empezar a reportear el tema porque en México, en algún momento, se va a discutir la legalización de la marihuana”. Esto es una tendencia mundial porque hay un análisis de por qué ha fallado la guerra contra las drogas. Muchos países están buscando legalizar el uso medicinal de la marihuana, y otros —como Uruguay— también el recreativo.

México no puede estar lejos de esa tendencia, sobre todo si se considera que EU tiene el mayor consumo de marihuana y que ésta va de México hacia allá, y porque esto va a cambiar el paradigma de la prohibición.

Empecé a tratar el asunto en 2012, pero el trabajo de recolectar mayor información y entrevistar fue en 2015, después de que entraron en vigor leyes sobre la marihuana. Entonces pude ver lo que estaba sucediendo porque quería dejar que pasara un año para que las cosas se ajustaran y se pudiera ver con claridad el fenómeno.

Me sorprendí mucho con el caso de la niña Graciela Elizondo, quien tenía que tratar su epilepsia con un fármaco hecho con cannabidiol, lo que abrió en 2015 el debate sobre el uso medicinal de la marihuana. Entonces este libro nos muestra no lo que debemos hacer sino lo que pasa en otra región cuando se legaliza la marihuana, y a partir de allí se pueden tomar experiencias, matizar aspectos y no repetir errores.

Hay una pregunta que usted le hizo a uno de los especialistas en el tema: ¿para qué quieren la legalización? En los estados de la Unión Americana en los que ya está legalizada la marihuana en términos médicos (la mayoría de los casos) y con fines recreativos, ¿por qué se hizo?

Son razones distintas: medicinales porque la gente sabe, por anécdotas y hasta por la parte histórica (la marihuana es una yerba sobre la que hay, por ejemplo, literatura en China de hace miles de años), que el cannabis tiene aspectos curativos. Pero creo que el uso recreativo responde más que nada a condiciones de mercado y a intereses económicos. En EU la legalización ha sido impulsada, primero, por el movimiento hippie, pero después, por tanto consumo (se habla de unos 40 millones de personas), hay un énfasis económico. Entonces, ¿por qué no empezar a meterla en la ley y que ese dinero se canalice a otras cosas? De que se vaya al bolsillo del crimen organizado, mejor los estados decidieron recaudar impuestos por la comercialización de la marihuana e invertirlo en carreteras, salud, educación, etcétera.

Considero que lo que ha pasado es que esos movimientos hippies se han ido convirtiendo poco a poco en empresariales. Todavía son diferentes, pero los emprendedores han tomado mucho de aquellos para meterlo a los canales de la política mainstream.

Entonces es un fenómeno económico: en EU no están preocupados por el consumo de drogas sino que detrás hay un interés económico.

En esta causa ha habido grupos activistas muy fuertes, entre los que hay despachos de abogados que han hecho incluso cabildeo. ¿Cómo se han patrocinado estas luchas? Se menciona, por ejemplo, que en un principio Playboy contribuyó con cinco mil dólares, y luego ya con 100 mil, y que ha habido contribuciones incluso de George Soros.

Pues ha sido gente que está interesada en promover la marihuana y que está buscando que sea legal. Para ello la industria del cannabis tiene un cabildero de tiempo completo en el Congreso estadounidense. Ellos buscan que activistas y empresarios metan dinero a la causa. En términos de cabildeo todavía no se puede hablar de una inversión impresionante si la comparas con el tabaco y el alcohol. Aún es muy pequeña, aunque importante, y lo interesante es cómo ese dinero influye en las decisiones políticas. El dinero también ha venido de gente como George Soros y Sean Parker (exsocio de Napster), quienes están interesados en el desarrollo de esta industria.

En varios estados de la Unión Americana está permitido el uso de la marihuana, pero está prohibido a nivel federal. ¿Cómo han enfrentado este problema?

El cabildero de la marihuana me dijo que la paradoja es que los empresarios de la misma son legales y están ganando dinero, empleando gente y promoviendo una industria pujante, pero son criminales a nivel federal.

Con Obama hubo una especie de hacerse de la vista gorda. Es muy claro que en esos estados están en contra de lineamientos federales que catalogan a la marihuana como una sustancia ilícita; pero como han sido decisiones populares pues hay una cuestión de aceptar esa voluntad y la autonomía de los estados dentro de ciertos márgenes.

Pero la manera en que han resuelto el problema fue con un memorándum en el que las autoridades federales dicen: “Está bien, no nos vamos a meter con los estados que producen y venden marihuana, siempre y cuando, uno, no involucren a organizaciones criminales en la venta; segundo, que se paguen impuestos; tercero, que los niños y los jóvenes no tengan acceso a la tiendas de marihuana, y cuarto, que no se genere un mercado ilícito”.

Es una serie de lineamientos para permitir la operación dentro de esta ilegalidad federal. Pero es muy complicado para los empresarios de la marihuana porque, por ejemplo, no tienen servicios bancarios. Wells Fargo y Bank of America no los van a atender porque temen que el gobierno federal vaya a decir un día “estás haciendo negocio con la marihuana, entonces te vamos a cerrar las cuentas y a confiscar el dinero”. Hay muchos pequeños bancos en los que están tratando, por debajo del agua, de meter el dinero y manejarlo. Pero están en la línea de la ilegalidad.

Es un problema de efectivo y de seguridad muy fuerte: las ventas fueron impresionantes en los primeros meses de la legalización. Los empresarios tenían que salir con bolsas llenas de dinero para llevarlas a una bodega. Entonces hubo asaltos, por ejemplo. Y es un problema que el gobierno federal conoce.

También están los impuestos, en algunos casos muy elevados.

Como la marihuana es una sustancia ilegal no se pueden deducir gastos de operación. Entonces quienes la comercializan pagan mucho más que cualquier otro empresario. Lo están intentando resolver con aportes de grupos y con el cabildeo en el Congreso a favor de sus iniciativas. Ha sido muy difícil porque están detenidas debido a que los republicanos están renuentes a aprobarlas.

Los debates de la marihuana es que se han dado con un déficit científico importante. ¿En qué estado se encuentra la investigación sobre los usos y abusos de la marihuana? En el libro hay algunos datos: la mayoría de las investigaciones están enfocadas a ver las consecuencias negativas, pero en términos farmacéuticos y médicos parece ser muy embrionaria.

Al ser una sustancia ilegal por tantos años, es muy difícil para los investigadores obtener la marihuana. En la Universidad de Misisipi hay un centro que produce marihuana para investigación; los investigadores tienen que hacer un proyecto, que aprueba la DEA, el Departamento de Salud y otra entidad sanitaria. Es todo un proceso burocrático para enviar cierta cantidad de marihuana para la investigación sobre sus efectos, como su uso en el tratamiento de la epilepsia, por ejemplo. Pero ha sido muy controlada y muy limitada porque no es posible tratarla en humanos; entonces muchos estudios no han llegado a esas fases clínicas para brindársela a pacientes con cáncer para ver cómo reacciona.

La apertura de los estados que la han legalizado orilla al gobierno a permitir y a ampliar la investigación sobre sus usos terapéuticos. Sobre todo saber si efectivamente hay una mejoría de los niños con epilepsia.

Pero también la gente está experimentando por su cuenta, lo cual es muy peligroso.

Por eso es necesaria una reforma que permita hacer investigación para que, por ejemplo, cuando compres el aceite de marihuana siempre tenga la misma calidad. Ahora el problema es que no se tiene un control de calidad porque un dispensario le pone una mezcla con ciertos parámetros, pero no es tan estricto como cuando compras un medicamento con una composición establecida.

Usted parafrasea aquello de “Haz el amor, no la guerra”, y dice: “Haz negocio, no la guerra”. En términos económicos legales, ¿en qué medida sí ha sido un negocio la marihuana?, ¿cuál ha sido su impacto en el narcotráfico?

En los 60 era aquello, pero ahora, con un poco de ironía, negocio y no la guerra. En el caso de Colorado el esquema regulatorio ha permitido la apertura de pequeños negocios y ha sido una industria muy pujante y se han generado muchos empleos porque no solamente es el cultivo sino que hay cortadores, hay quienes trabaja en sistemas de luz (porque la marihuana se cultiva en lugares cerrados), personas que contratan personal y un montón de empresas paralelas.

Como negocio sí ha resultado, pero cuando abres el mercado también bajan los precios; entonces si al principio bajaban 300 mil dólares en tres meses, ahora a la mejor es el mismo consumo pero esa cifra ha disminuido, y tal vez baje aún más.

Sobre la otra pregunta: hablé con agentes de la DEA y otras personas del gobierno, y sí hay un bajón de decomisos de marihuana. Esto no quiere decir que se haya dejado de importar porque son solamente ocho estados que la usan de manera recreacional, y porque la medicinal no es un negocio tan pujante.

¿Qué efectos sobre la seguridad pública ha tenido la legalización? Se menciona que hay un marihuanolímetro porque han aumentado los accidentes automovilísticos.

Estados Unidos documenta todo y es muy bueno para las estadísticas, pero se tarda: lo que sucedió en 2014 va a salir en 2017. Ahora hay datos muy preliminares.

La marihuana recreativa arrancó en 2014, y todavía no se pueden establecer comparaciones muy significativas ni líneas de tiempo. Aun así, si ves los números habrá líneas que aumenten y otras que bajen, pero ¿por qué vas a decir que fue la marihuana? Puede haber problemas por la migración, mayor desempleo, un problema económico. Hay muchos factores que inciden en la delincuencia.

Además uno de los problemas que tiene la policía es que cuando detienen a un automovilista y hacen un examen, resulta que fumó marihuana; pero en realidad fue hace tres días y se le quedó en la sangre. Son cuestiones de cómo eso se va medir efectivamente, para lo cual ya están haciendo programas piloto.

Otra parte del libro trata sobre los productos comestibles, dulces, hechos con marihuana. ¿Qué ha ocurrido con ellos? Al consumidor muchas veces no se le da suficiente información al respecto.

Cuando legalizaron y empezaron a regularizar, permitieron que se vendieran comestibles. Pero no pensaron que tendrían un problema potencial por eso: si te comes una galleta tiene un efecto diferente que si fumas la marihuana. Y dependiendo de la variedad de marihuana y del concentrado de THC que tenga es lo que te pega.

¿Cómo regular? En el alcohol ya lo está muy bien con las medidas en grados, por ejemplo. En la marihuana no la hay, lo que es parte del aprendizaje. Se dieron cuenta de esto cuando vieran que la gente se ponía muy high y empezó a llegar al hospital porque sentía que se moría. Pero de esto no se muere sino porque hay otros asuntos en su cabeza, y combina la marihuana con alcohol, como el chico que se aventó por la ventana: si lo hubieran llevado antes al hospital le hubieran bajado la marihuana y seguiría vivo.

Al principio, con el aceite de marihuana concentrada se presentaron explosiones en casas porque la gente, artesanalmente, sacaba el extracto en la cocina con gas butano. Yo no sé bien cómo lo hacen porque no he visto ese proceso para hacer la extracción, pero es muy peligroso. Entonces se prohibieron estas actividades y ahora son industrializadas.

Hay otra vertiente dedicada a los activistas opositores a la legalización. Destacó el caso de Ray Martínez, quien argumenta que el dinero que se está recolectando de la marihuana legalizada no es para la educación sino para los inspectores. También está el testimonio de una madre mexicana, quien dice que sus hijos se volvieron adictos. ¿Qué hay de esta otra faceta de la legalización?

Uno de los grandes argumentos en contra es el límite de acceso para los jóvenes. No hay campañas educativas, ¿cómo le llegas a un chico y le dices “no fumes marihuana”? Es igual que con el alcohol. ¿Cómo convences a un niño de que a los 12 años no empiece a consumir la yerba?

¿Cómo se informa a la sociedad de que la marihuana es dañina? Lo es menos que el tabaco y que el alcohol, pero se anda con estados alterados todo el tiempo. Aunque faltan estudios contundentes, hay gente que dice que hay ciertas áreas del cerebro de los niños y de los adolescentes que se van a inhibir cuando se desarrolle. Pero hay otros que dicen que eso no es cierto.

Otra preocupación es la seguridad pública: vas a tener gente en la calle que va a estar marihuana y puede provocar accidentes. Y va a recibir un castigo por eso.

Un asunto más es el acceso a la marihuana, porque hay comestibles hechos con ella; entonces si tienes una galleta o un dulce en la casa, te puedes confundir y comértelo sin desear su efecto. Esto se ha estado atajando un poco con el asunto de las regulaciones.

Asimismo, sobre el uso medicinal que hay tan poca investigación que la gente puede decir “sufro de migraña”, y ya con eso obtiene una receta.

Pero creo que predominan las preocupaciones sociales sobre los niños.

¿Qué medidas han tomado los estados al respecto?

Creo que sus campañas todavía siguen siendo verdes e ineficaces. Tienen espectaculares y anuncios en televisión, además de que también utilizan mucho Twitter, Instagram, Facebook y YouTube, que es lo que los chicos ven. Asimismo, en las escuelas tienen programas de concientización.

Pero cuando estuve en Colorado no vi las grandes campañas ni eran tan visibles como las de los dispensarios, que tienen cruces verdes para avisar que son medicinales, y además tienen la hoja de marihuana.

Ese es uno de los asuntos que si México decide irse por el camino de la legalización, tendría que empezar a abordar desde ahora.

Fotografías / Cecilia Rodarte

¿Cómo ha sido la cobertura que le han dado los medios al tema de la marihuana?

Si hablamos de la prensa en general, como The New York Times y Washington Post, sí le dan cobertura de vez en cuando, pero no siguen el tema porque tampoco está en la mente de los norteamericanos. Hay estados en los que hay más atención porque quieren legislar por lo que creo que si ves la prensa local es más interesante.

Por ejemplo, el Denver Post, el principal periódico de Colorado, creó una sección especial en línea titulada The Canabbist. Tiene recetas para preparar las mejores brownies, reseñas de las variedades de marihuana y de los dispensarios. Están preocupados por el consumidor porque, por ejemplo, informan cuando hallan que la yerba de un dispensario tiene pesticidas muy dañinos.

Pero siento que es una cobertura muy parcial a favor de la marihuana, y nunca he visto una nota que hable de que no hay campañas preventivas. Creo que están muy prejuiciados a favor del cannabis y no están haciendo un trabajo objetivo de ver qué está pasando realmente con el consumo. Considero que el editor está muy apasionado con la marihuana, por lo que su cobertura es muy poco objetiva.

¿Cómo está visto el asunto entre la clase política estadounidense?

Los republicanos aún están muy reacios a legalizar porque sus bases de apoyo aún no están muy a favor de ello. Ya hay ocho estados con marihuana recreativa, y la mitad del territorio con medicinal. Eso nos dice que no es todo el país el que va hacia la legalización, sino que hay una mitad que se niega, y es más republicana.

Pienso que ellos están viendo qué pasa, cuáles son las reacciones de sus simpatizantes, pero también, a la vez, que es un negocio. Pero creo que va a seguir la tendencia a que la marihuana medicinal se legalice en más estados, y que poco a poco vaya ganando terreno la recreativa.

¿Cuáles son las principales lecciones para México de la experiencia estadounidense, e incluso de otras como las de Uruguay y Holanda, que son mencionadas en el libro?

Que la legalización es un proceso gradual, con muchos ajustes y que no se puede hacer sobre las rodillas, y creo que uno de los problemas de México es que muchas veces estos es lo que se hace. Es sorprendente que el Presidente haya dicho no a la marihuana, pero después de que fue a la ONU regresara con una iniciativa sobre su consumo y uso medicinal al día siguiente.

Los legisladores deben ponerse a pensar cómo se regulará y se hará transparente un proceso como este, ya que hay grupos del crimen organizado que van a defender su mercado y su territorio. Por ello se deben tomar en consideración sus consecuencias.

Varios estados que han legalizado no han sido muy exitosos en campañas de prevención, y dejan el asunto simplemente como una decisión personal. ¿Cómo hacerlo para que no se te revierta y después tengas muchos adictos? Portugal trata el asunto como un problema de salud, mientras que Estados Unidos no, sino que considera que están bien los dispensarios, que vaya la gente y que compre.

En Portugal, en cambio, se entra en un proceso en el que el Estado sabe que las personas tienen un problema y va a tratar de ayudarlas, que se puedan meter la heroína en un lugar con las mejores condiciones. Pero ya sabe que tiene un problema de salud y va a tratar de ayudar a quien lo padece para que lo supere.

México podría hacer como una combinación de experiencias. Hay que tratar de adaptar algunos asuntos y ver cómo funcionan en el país, aunque no puedes aplicar los mismos esquemas de Colorado, Oregon o Alaska porque son distintos.

Necesitamos que la sociedad se informe y sea parte del proceso de decisión. Creo que los foros que ha hecho el gobierno mexicano han sido muy rápidos, y hay que hacerlos con mucha más conciencia.

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