Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Radio UNAM: la derrota de la memoria

Este texto fue publicado originalmente el 30 de noviembre de 2016.

El actual desastre que vive Radio UNAM no es de hace un año, ni de diez. Mucho menos se ha forjado en la actual administración, por más que la dirección de Renato Dávalos es lo más lamentable que le ha ocurrido a la emisora. Dávalos ha llevado varias situaciones a su punto de quiebre, pero la problemática es añeja. En este artículo hablaré de la fallida misión de heredarle a la sociedad la vasta riqueza sonora de la estación. De la derrota de la memoria.

 

 

Una historia de desdichas

 

Radio UNAM inició transmisiones en 1937. Pasaron 20 años para que iniciara la conservación del acervo sonoro y 10 más para que se constituyera formalmente una fonoteca. De acuerdo con la historia oficial el primer programa que se conservó fue el radioteatro “La hermosa gente”, de Juan José Gurrola, de 1957. Este programa, por cierto, no está disponible en la fonoteca online, probablemente se extravió, estaba demasiado dañado, o quizá el proceso de digitalización (interrumpido por Renato Dávalos) no ha tenido tiempo de rescatarlo.

 

En 1997 la fonoteca era algo increíble. Las cintas de carrete abierto se apilaban en cada rincón, del piso al techo. El fichado iba atrasado por años, cajas de casetes y DAT’s acumulaban polvo, los anaqueles desbordaban y programas antiguos con nuevos se mezclaban, sin que el personal pudiera evitarlo. El sistema de catalogación era inabordable. Nadie ajeno al área podía hacer una consulta.

 

El jefe de departamento, don Abel Sosa, era el único que podía abrirse paso en esa selva casi dantesca, gracias a su prodigiosa memoria. “La fonoteca es don Abel”, decían todos. Éste, hacía llamados de auxilio, pero era necesario abordar la problemática con la digitalización.

 

En 1998, el entonces director, Felipe López Veneroni propuso la digitalización completa del acervo para rescatar la memoria del deterioro físico y también, para ahorrar espacio. Entonces el acervo se estimaba en cerca de 70 mil cintas. Un cambio político hizo que en su lugar llegara Malena Mijares. Ella se negó en redondo a apoyar la digitalización, porque su gran amigo, Fernando Chamizo, no estimaba a Felipe López. Razones que llevaron a negarse al rescate de uno de los archivos históricos más relevantes de México.

 

Hacia el 2004, tras haber perdido valiosísimos años y ya con un acervo de alrededor de 120 mil archivos, inició el rescate, durante la administración de Fernando Álvarez del Castillo. El primer paso fue trasladar todo el acervo a una zona especialmente acondicionada en el Palacio de la Autonomía, en el Centro Histórico.

 

En el mismo 2004 ocurrió el segundo paso: iniciar el proceso de digitalización y restauración. Un proceso extremadamente caro y lento, debido al daño de muchos soportes, a la ausencia de etiquetas o fichas sonográficas. En el 2009, ya director Fernando Chamizo, se hizo un convenio con la Fonoteca Nacional para la digitalización y se destinó presupuesto especial para ello. El logro que frustrara años atrás, ahora Chamizo lo buscaba para sí. Para el 2012, la entonces jefa de fonoteca, Yolanda Medina, reportó a Excélsior que se llevaba un avance del 30% en la digitalización. En 2016, no hay cifras sobre el avance, pero el presupuesto fue retirado. “El presupuesto para digitalizar la fonoteca se destinó para Prisma RU”, el noticiero del mediodía, nos declaró un trabajador.

 

 

“Tuvimos que mandar arreglar algunas grabadoras viejas de carrete abierto para digitalizar lo que se fuera ofreciendo para el día a día. Como ya no se está digitalizando en la Fonoteca Nacional, lo estamos resolviendo así”.

 

Un diagnóstico con pocos cambios

 

Un documento interno en nuestro poder, generado desde la fonoteca en 1998, enumera ocho características sobre las condiciones del acervo: “Dispersión y debilidad organizativa; heterogeneidad y obsolescencia técnica; masificación documental; pasividad e ineficiencia de los servicios; falta de preparación y motivación del personal; locales, mobiliario y equipo inadecuados; marginación administrativa; depredación y apropiación de archivos”.

 

El “Proyecto Fonoteca 2000” llama a las autoridades de la UNAM a realizar una “revolución tecnológica y procesal” que regule “los mecanismos de producción, circulación, acceso, uso, control, conservación, preservación y difusión de los materiales fonográficos, como parte de las actividades esenciales de Radio Universidad”. Este análisis tiene 18 años. Tiempo más que suficiente para haber logrado una fonoteca a la altura de la UNAM. Pero siempre ganan otros intereses. Pobrísimos resultados.

 

 

Grave fue el deterioro del acervo y la tardía decisión de iniciar el rescate y mucho más grave que se retire el presupuesto. Pero lo que se ha hecho, está mal logrado. Los soportes se encuentran bien alojados, mas no la catalogación de los audios dentro del sitio Web. La digitalización tiene como meta central poner al alcance de la audiencia la riqueza de la estación vía internet. Tal como está, no sirve. Al entrar al portal de Radio UNAM e ir al apartado “Fonoteca” se nota cómo están catalogados los programas:

 

1.- Series y programas unitarios están listados atendiendo a dos criterios nada más: título y temática general. Los títulos alfabéticamente. Y dentro de un conjunto de rubros que incluyen literatura, arte, radioteatro, infantil, juvenil y más.

 

2.- El acceso mediante datos cruzados es totalmente inexistente. En la imagen 1 vemos entre los conductores a Juan Stack. Sin embargo, en el buscador, si tecleamos “Juan Stack”, no hay resultados (imagen 2). El buscador únicamente arroja resultados si la palabra buscada está en el título. Si se encuentra en la descripción, es como si no existiera. Si busca los programas donde participa Carlos Monsiváis, en primer lugar, debe tener la suerte de que ya hayan sido digitalizados. En segundo, contar con la fortuna de que el nombre del escritor se encuentre en el título de la serie. En la imagen 3 podemos ver que el catálogo no arroja nada sobre el famoso autor. Vergonzoso.

 

Es imposible encontrar una serie por año, realizador, productor, musicalizador o por locutor. Una serie reciente, “Sin cadenas”, conducida por el músico Richard Cadena y que se dedica al jazz latino, es ilocalizable mediante el nombre del conductor, mediante el género o mediante el productor, Francisco Mejía. Solo se le puede encontrar por título y bajo el rubro muy general de “música”.

 

 

La serie de literatura “El café de los prodigios”, conducida por Óscar de la Borbolla, no menciona al escritor en el rubro de “conductores” (imagen 4). Y si uno busca el nombre del escritor, nuevamente, no hay resultados (imagen 5).

 

No soy optimista respecto al rescate del acervo de Radio UNAM, y requeriría el trabajo de muchas personas, a tiempo completo, durante muchos años. No hay voluntad, privan las agendas personales. Es una derrota para la universidad y para la cultura nacional. Una muy dolorosa.

 

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