Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Kiss, ¿el final del camino?

Este texto fue publicado el 22 de febrero de 2018


Hace un par de días, la oficina de registro intelectual en Estados Unidos filtró la información de que Kiss registró la marca, el pasado 8 de febrero, “The end of the road” (El final del camino) y ello provocó la misma expectativa que hace 18 años cuando la banda, que es una de las más representativas del Hard/Glam rock, anunció una gira internacional del adiós que, entonces, más bien revitalizó la nostalgia de las viejas glorias y provocó grandes ventas de discos y un gran número de asistentes a sus conciertos. Por ello debemos tomar con pinzas la supuesta gira de despedida de estos músicos que rebasan los 66 años de edad y de quienes permanecen dos miembros que fundaron el grupo en enero de 1973, el vocalista Paul Stanley y el bajo Gene Simmons, los otros dos son Peter Criss, en la bateria, y Ace Frehley en la guitarra.

Kiss tiene más presencia pública que calidad, es una marca, está claro: muy pocas bandas pueden presumir la venta de casi 80 millones de álbumes gracias a un olfato mercadotécnico y publicitario formidable; Simmons es un músico mediano y un buen showman aunque sobre todo un gran promotor y empresario del grupo. Pero las estrategias de promoción tuvieron un producto vendible, sobre todo en la primera década a partir de su nacimiento. O sea, también está claro que tiene al menos tres buenos discos y una decena de muy rolas, esto junto con la paradoja que ha marcado al grupo en sus 43 años de historia. “The Elder” (1981) es sin duda su mejor obra –y cómo no, si en el disco participó Lou Reed, sí, él- y también el mayor fracaso de ventas que Kiss ha tenido. (Es decir que defraudó a buena parte de sus fanáticos que no piden más que Heavy Metal y el Grunge, entre otros estilos, en tanto que el progresivo les parece extraño, “The Elder” es progresivo aún con las limitaciones que ustedes quieran).

“The Elder” es importante por algo más que lo antedicho o porque ahí debutara Eric Carr en sustitución de Criss o porque su fracaso en ventas fuera pretexto para la renuncia de Frehley, lo es porque con esa experiencia Kiss renunció definitivamente a la música de mayor calidad y sólo el disco que cada uno sacó en solitario, cobijados con la marca y el maquillaje, puede registrar un esfuerzo en ese sentido y medianamente logrado pues “New York Groove” de Ace Frehley es un emblema de finales de los setentas (los más complacientes con la banda dicen que Sonic Boom (2009) es un buen esfuerzo musical para mí retrocedieron a 1974 cuando hicieron “Hotter Than Hell”). En suma: el fracaso comercial de “The Elder” está en un extremo y en el otro uno de los discos más anodinos  pero pegajosos y por ello vendidos de la banda y está entre lo más recordado, me refiero desde luego a “Dynasty” y en particular a “I was made for loving you” y “Carisma”, que inundaron las discotecas en el declive de la música disco; por cierto, fueron las que el grupo interpretó (en Imevisión) cuando llegó a nuestro país por primera vez, el 25 de septiembre de 1981 (ya con Carr, “El Zorro”, en la batuca). El único tímido intento por rock en serio es “Hard Times”, de Frehley, pero fue ahogado por lo comercial; escúchenla, incluso es buena. Ya en el pop salío “Unmasked” pero su éxito fue regular y esa fue la tendencia de los siguientes doce discos excepto “Hot in the Shade”, con “Forever” (el último disco en el que participa Eric Carr, que falleció tras un derrame cerebral y luego de una enorme lucha contra el cáncer).

En mi opinión sus mejores discos son Love Gun, Dressed to kill -un apreciable Hard Rock- y Destroyer. Del primero destacó “I stole your love”, del segundo “Rock and Roll All Nite” y del tercero las emblemáticas “Detroit Rock City” y “Beth”. Por eso también hay que tener en cuenta Alive II que integró varias de esas piezas y otras de buena manufactura como “Any Way You Want It” y junto con ello no ignorar Alive! por varios temas, el más destacado es “Nothing To Lose” con un muy prendido Peter Criss en la batería y en la voz (incluso en serio creo que los coros no se escuchan nada mal y hasta un teclado delicioso anda por ahí, por eso en varias ocasiones he roqueado con ellos simulando tocar el bajo). No obstante, el mejor momento de Kiss desde mi punto de vista sucedió en The Elder, sobre todo además de la antedicha, con “The Island”, “Fanfare” y “A World Without Heroes” –una gran balada de Gene Simmons–, donde dieron la mejor versión de sí mismos como músicos (por ello no es casual que ninguna de las rolas de ese álbum sean tocadas en sus presentaciones posteriores).

Hace 18 años, Simmons y Stanley fintaron la despedida e hicieron un negocio formidable; no hay engaño: Kiss es una marca que a veces ha musicalizado bien sus productos: cómics, incluso Marvel tiene dos revistas con ellos (se promovieron señalando que la tinta roja estaba mezclada con la sangre de sus miembros); juguetes, un equipo de futbol americano; féretros e incluso dos películas “Kiss en el infierno del rock” y “Detroit Ciudad del Rock” (de la primera la banda está muy arrepentida porque parecieron más payasos que héroes y la segunda es más bien para fanáticos muy encendidos).

Kiss debutó en enero de 1973 en Nueva York frente a diez personas, meses después tendría su primer concierto importante en el puente de Brooklyn y seis años más tarde luego de una gira se presentaría ante 400 mil almas entre simulación de sangre, fuego, pirotecnia y otros recursos que han distinguido a la marca y en la que, por supuesto, sobresalió el maquillaje, que se quitaron un breve periodo desde septiembre de 1983 cuando presentaron “Lick It Up”; en ese tiempo Stanley advirtió entusiasmado: “Vamos a ser una banda de verdad y sin maquillaje” y Simmons afirmó que esta era una nueva vida para el grupo, y lo fue, sin duda, porque las ventas mejoraron notablemente. Paul y Gene son los pistones de Kiss y luego Frehley y Criss que han salido y regresado en diferentes periodos (la banda ha tenido diez integrantes distintos entre quienes destacan, al menos para mí el problemático guitarrista Vinnie Vincent y Tommy Thayer, también guitarrista).

Concierto en The Opheum Theather, Boston (11/05/1975)

Quién sabe si “The end of the road” sea el inicio del fin, pero obviamente la banda ya no tiene mucho margen de tiempo y éste lleva años señalando la hora. Ojalá sea una fiesta para los fans y quienes como yo, aun sin serlo, nos anima algo del buen rock y la nostalgia de cuando en la juventud cantamos y bailamos algo así como:

“Pasemos la noche juntos, nosotros podemos ser ardientes/ No más mañana, nena, el momento es hoy/ Anda ten, toma, mi pistola de amor…”

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