Luis Castrillón

Desinformación: riesgo mundial

Pero es aún más específico porque establece en un estudio cuantitativo elementos claves como el sesgo cognitivo, el reforzamiento de este y la generación de cajas de resonancia entre grupos de usuarios de Facebook, que permiten entender mejor el flujo de desinformación.

 

La caja de resonancia y el sesgo cognitivo

 

Todos elegimos a nuestros contactos en Facebook, así como en otros medios sociales. La premisa de selección está basada en la compatibilidad. Aquellos que tengan gustos similares, que expresen una forma de pensar parecida o igual, tendrán un lugar especial, que incluso puede programarse para filtrar los contenidos que va generando el newsfeed de cada usuario a partir de la información que sus contactos le comparten.

 

De esa forma, cada uno de nosotros construye una red que tiende a cerrarse en uno o varios campos semánticos. En algunos casos, la red llega a definirse con un filtro mayor no programado, sino llevado a cabo directamente por el usuario: eliminar e incluso bloquear a quien considere atente contra su forma de expresarse o pensar.

 

Finalmente, la red creada se habrá convertido en un espacio en el que las ideas a discutir sean de orden común a quienes la integran y donde el sesgo cognitivo se fortalece a partir de esa percepción de las cosas, fenómenos, hechos, ideas de diversa índole que enel grupo se compartan.

 

Los estudios liderados por Quattrociochi han identificado este tipo de cajas de resonancia con base en el tipo de información que comparten sus integrantes y que permite entender porqué el Foro Mundial considera el fenómeno un riesgo global: el medio ambiente, alimentación y salud, y geopolítica.

 

Minimizar el impacto que la desinformación puede llegar a tener en cualquiera de esas cuatro áreas sería demasiado ingenuo. Los cuatro forman también parte de los retos y riesgos que enfrenta la humanidad actual, no puede menospreciarse lo que se discuta sobre ellos.

 

Dentro de ese tipo de actividad en la red, se ha detectado e identificado también el papel de los denominados trolls, que pasaron de bromistas o provocadores en el entorno del social media a críticos sarcásticos de algunas de esas visiones sobre complots, fenómenos naturales no comprobables, formas de percepción social, política y economía, entre otros.

 

Contrario a lo que podría pensarse, lejos de inhibir la expresión de las cajas de resonancia el trolling hace que quienes están compartiendo el debate no informado, utilicen esos contenidos que fueron creados para burlarse de ellos como elementos para basar sus argumentos, convirtiéndolos así en material para alimentar lo que ya se considera como “incendios digitales”.

 

La investigación referida encontró también que quienes son propensos a compartir datos aislados, incoherentes, sin verificar su origen, tienden a buscar información que confirme las creencias que ya tienen, llevándolos a una exposición selectiva seguida de la confirmación de un sesgo que para ellos es importante o la realidad misma.

 

El hallazgo es congruente en términos de la definición que la psicología ofrece para los sesgos cognitivos: una tendencia a buscar o interpretar información de forma que confirme preconcepciones de algo y pueda llevar a errores graves.

 

El problema está también en intentar atacar ese sesgo. En otros trabajos el investigador del IMT de Lucca, Italia, halló que las personas interesadas en las teorías de conspiración se involucran más en los debates cuando un agente externo intenta desenmascarar lo que se discuta o se hay aceptado como realidad.

 

Tratar de retirar el velo de una discusión así solo refuerza el patrón de consumo y puede fortalecer las ideas de quienes están equivocados o tienen una percepción errónea de un hecho o un fenómeno, ya sea natural o social.

 

Por causas como la explicada el fenómeno de la desinformación es difícil de combatir o corregir. Una vez que alguien haya creído tener “evidencia” sobre sus puntos de vista, toda narrativa contraria a lo que cree es descartada. La ausencia de filtros también agrava esta tendencia a nivel internacional. Hoy cualquiera con una conexión a Internet puede publicar prácticamente lo que desee y es ahí donde en medio del caos informativo, el papel de los medios formalmente establecidos o de individuos con una vocación clara pueden hallar las formas de incidir en tratar de atender el fenómeno y no dejarlo pasar.

 

El riesgo ya está ahí y está teniendo consecuencias.

 

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