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Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Cofetel: ¿opacidad para hacer negocios?

La siguiente frase tiene una contundencia irregateable, en el terreno de la propaganda. Es un tuit del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI), escrito el 18 de agosto pasado:

“Da IFAI a Cofetel reconocimiento como primera institución 100% capacitada en transparencia y acceso a la información”

Y esta otra proclama cierra la pinza del autoelogio. La escribió el mismo día Mony de Swaan, el presidente del organismo regulador:

“Felicidades @felixmtzcft y todos los colegas #COFETEL por convertirnos en la primera institución 100% capacitada en transparencia”

Ya nada más falta acotar todo esto con lo esencial:

1) Que capacitar al 100% en transparencia a los integrantes de cualquier institución no implica que esa institución sea transparente. Incluso puede darse el caso que Cofetel esté capacitada en transparencia y acceso a la información aunque sus prácticas contravengan, como lo hacen, con esos derechos.

2) Que hace falta que la estructura de organización de la Cofetel mandate a que los asuntos de la administración sean conocidos y aprobados por los comisionados miembros del pleno y no solo por la presidencia que, al no tener obligación legal de informales de sus decisiones en tal esfera, no lo hace y punto. Esa modificación en la estructura organizacional es, por cierto, una aspiración de los otros comisionados del órgano regulador.

3) Que por las razones antedichas los comisionados desconocen determinaciones que resultan sustantivas a su trabajo (además de que hay áreas, como por ejemplo la Dirección de Comunicación Social, que no tiene enlace alguno con ellos sino que solo sirven y operan para Mony de Swaan).

4) Que, como han sostenido todos los integrantes del IFAI, la opacidad regatea el derecho a la información y, entre otras consecuencias perniciosas más, puede cobijar actos indebidos.

Todo lo sólido se desvanece en la opacidad

Le invito a revisar el portal de la Cofetel. Verá que ni en el banner de “Transparencia” están todos los convenios firmados entre el organismo y otras dependencias. Digamos los cinco que fueron signados con la Universidad Autónoma del Estado de México, entre julio y diciembre del año pasado. Todos por asignación directa. (Ello, más allá de que empieza a ser costumbre la contratación de instituciones académicas para obtener el diseño a la medida de las decisiones políticas que toman los funcionarios de dependencias públicas, como resalté en mi ensayo de la edición pasada.)

Revisemos el convenio que se celebró bajo el concepto “Diseño funcional de la estructura del modelo de operativo básico de la Cofetel”, que costó 10 millones 700 mil pesos y que, hay que insistir, ignoran los comisionados, solo Mony de Swaan lo sabe. Lo primero que puede preguntarse el lector es cuál es el área académica de la UAEM y su trayectoria para ser favorecida por el contrato millonario, lo segundo es por qué ese precio y por qué no se comparó con otros presupuestos. Y acaso sobre todo: cómo es que se gasta para estructurar un modelo de operación si aún la Cofetel no tiene el reglamento interno que debió tener desde hace seis años. (Por otro lado, expertos que fueron consultados al respecto consideran excesivo el pago que, calculan, no debió exceder de los dos millones de pesos).

Otro contrato con la UAEM es para “soporte, mantenimiento y desarrollo de aplicaciones para la Cofetel” por el que se pagaron casi 17 millones de pesos; esto aparte de otros convenios como el relacionado con el “modelo de alineación estratégica”, por dos millones de pesos, y el del “programa de comunicación vía Internet Cofetel” por 2.3 millones de pesos. También llama la atención el contrato para la “implementación del mapa nacional de ancho de banda y administración de quejas de servicios de telecomunicaciones”, por el que se pagaron siete millones de pesos. Llama la atención porque un “mapa nacional de ancho de banda”no existe, es un disparate, y no existe no sólo porque la frase entrecomillada que así está en el contrato, nada significa. Es muy probable que los expertos de la UAEM hubieran querido escribir “mapa nacional de banda ancha”. Y si ese es el caso, revise usted lector el portal, ese que costó tanto construir: no está el mapa, no al menos a disposición de las personas interesadas por lo que habría que esperar otros cursos de capacitación del IFAI y, sobre todo, verificar si ese mapa existe o no.

Además, fuentes de la Cofetel señalan que los 39 millones de pesos que suman los contratos fueron pagados en diciembre del año pasado sin que los servicios se hubieran entregado. La información anónima surge, precisamente, cuando lo que impera es la opacidad, por eso debe aclararse.

Sospechas de asignación

Tenemos derecho a saber por qu se asignaron de manera directa esos servicios y también el derecho a preguntar si la UAEM tiene el personal especializado para llevar acabo los trabajos que la Cofetel le encargo. Pero nada de ello sabemos, los contratos  y sus respectivos anexos técnicos solo dicen´que son acuerdos de buena voluntad, una colaboración conjunta para “la superación académica, formación, capacitación, tecnología; la divulgación del conocimiento , en todas aquellas áreas de coincidencia de sus finalidades e intereses profesionales”, bla, bla, bla.

Aquellas generalidades no son suficientes para justificar tales gastos. Y las mismas se hallan para celebrar otro tipo de contratos, como el multianual que costó 52 millones 379 mil 716 pesos y que fue otorgado de manera sospechosa a la empresa Enapsys México S.A de C.V que, según documentos de la Cofetel, participó en un procedimiento  de invitación a cuando menos tres personas. Según el acta del 23 de marzo este año participaron SAP México, S.A de C.V, Optisonft, S.A de C.V. y la propia Enapsys. Sin embargo, en “las obligaciones de transparencia” del portal de la Cofetel ese contrato dice que fue por adjudicación directa, no por concurso o invitación a otras personas. A parte de eso, el convenio se firmó y concluyó el mismo día 7 de mayo de 2012 cuando, según fuentes de la propia Cofetel, es de tres años el plazo de ejecución, además de que  no sabemos si todo esto tuvo el visto bueno del órgano interno de control de la Cofetel porque buena parte de los objetivos de una duplicidad con los convenidos referidos en líneas anteriores.

La demagogia de la opacidad

Todos los contratos son firmados por la presidencia de la Cofetel y las áreas involucradas, sin que ello signifique informar al pleno del órgano regulador de los objetivos, metas y estrategias, no las asignaciones directas contratadas, aunque ello involucre, como es evidente, a las tareas de los comisionados. De ahí que incluso también sea insultante para sus pares la frase de Mony de Swaan que transceribimos al principio, donde felicita a sus colegas de la Cofetel por “convertirnos en la primera institución 100 % capacitada en transparencia”

A fines del año pasado otras contrataciones de Mony de Swaan, resueltas por adjudicación directa, fueron muy cuestionadas en los medios. Se recordará que los beneficiados fueron el cabildero Peter Bauer y el abogado Pablo Ojeda. El primero de ellos, a través de la empresa, Estrategia Total, ganó un millón 440 mil pesos por cuatro meses y el segundo obtuvo un millón por un mes de labores. Los contratos no fueron reportados por la Cofetel en franca violación a la ley de transparencia. Incluso, por eso, en enero de este año la Comisión Permanente del Congreso citó a comparecer a de Swaan y a los otros cuatro comisionado ante la Comisión de la Función Pública de la Cámara de Diputados. Por cierto, varios de los comisionado platican cómo el presidente de la Cofetel maniobró para comparecer él solo con la coartada de que es único responsable de los temas administrativos. En el cabildeo participaron funcionarios de Gobernación para que, en efecto, nada más él fuera inquirido.

De cualquier modo, Mony de Swaan no dejó claros los términos de esos contratos y, junto con la opacidad quedó francamente demostrada su falta de ética al resultar beneficiado con el arrendamiento de una casa que es propiedad de su amigo Bauer a quien, por cierto, en varias ocasiones recomendó como asesor a empresas concesionarias, es decir, reguladas por la Cofetel. Eso lo reconoció, por ejemplo, un funcionario de Alestra.

En contraste con su parquedad respecto de los contratos cuestionados, el presidente de la Cofetel fue muy prolífico al señalar que todos esos cuestionamientos eran resultado de una confabulación en su contra, en particular, de Televisa. El recurso es moneda corriente para evadir el bulto de la responsabilidad porque un servidor público está obligado a informar, cosa que de Swaan no acostumbra, incluso respecto a estos últimos convenio él mismo reconoció la omisión en su cuenta de Twitter.

Con estratagemas como esas, el presidente de la Cofetel ha pretendido inhibir las críticas en su contra, mediante una rústica reducción de las responsabilidades a flancos entre buenos y malos. Más allá de eso, el quid es la opacidad y la falta de ética con la que se conduce Mony de Swaan. Es decir, prácticas discrecionales, y hasta hora impunes, en le manejo de los recursos públicos.

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