Octavio Isaac Rojas Orduña
Un género que sobrevive a sus epitafios
En el inicio fue el melodrama…
Descendiente directa de las novelas por entregas o folletines del siglo pasado, la radionovela ha sobrevivido durante años a los epitafios adelantados que le dedican los panegiristas de la era televisiva.
En contrasentido, se ha venido anunciando desde los 60 el regreso, por sus fueros, de este género radiofónico, cosa poco probable si se revisan los obstáculos que enfrenta: limitado, si no es que nulo, presupuesto para publicidad; preferencia de los radiodifusores por la programación musical o de otros formatos con menor costo y riesgo de radio hablada; temas y tratamientos caducosprotagonizados por nombres poco conocidos; ausencia de horarios dedicados por las emisoras y, en consecuencia, persistente desinterés de críticos, periodistas y hasta del público. Pero mejor revisemos un poco de la historia de este minimizado género.
Lavarás con lágrimas tus horas muertas…
Ma Perkins fue la primera "ópera de jabón"1 que entretuvo en 1933 a cientos de amas de casa de Cincinnati, EU. La peculiar denominación a las radionovelas en Estados Unidos, misma que se conserva hasta nuestros días para las telenovelas estadounidenses, se debe a los patrocinadores de dichas series radiofónicas, entre los que destacaban los fabricantes de jabones y detergentes para la ropa.2
Ese mismo año, esta radionovela fue transmitida a toda la Unión Americana a través de la NBC y se dio a conocer como Oxydol's Own Ma Perkins… y su éxito subió como la espuma. Tan sólo esta serie se mantuvo al aire por más de 15 años.
Le siguieron The road of life, Young Doctor Malone, Life can be beautiful, Backstage wife y The guiding light. Esta última logró enorme popularidad tanto en radio como en televisión, como lo muestran sus ¡diez mil episodios en más de 50 años de difusión!
En México, las primeras radionovelas siguieron caminos parecidos a los de sus similares estadounidenses, pues también las empresas del jabón y enseres domésticos patrocinaron sus producciones. Entre estos culebrones difundidos por radio se cuentan Tres desertores, El ojo de vidrio, El monje loco, Gutierritos, Kalimán, Chucho el roto, Las aventuras de Carlos Lacroix, Ahí viene Martín Corona y Senda prohibida, misma que se convertiría en la primera telenovela producida en México y el mundo.
Las estaciones que transmitieron en los años 30 melodramas radiofónicos fueron la XEW, Cadena Radiocontinental, Radioprogramas de México, XEX, XEB, XEQ y XET —en Monterrey—, entre otras.
La enorme aceptación de las radionovelas se fincaba en gran medida en la solidez de sus historias, ya que contaban con excelentes escritores y actores, quienes protagonizaron una verdadera "época de oro" de la radio mexicana. Guionistas como Joaquín Bauche Alcalde, Rafael Pérez y Pérez, Luz María Perea, Marisa Garrido, Francisco Márquez, Caridad Bravo Adams, Carlos Chacón, por mencionar algunos, y actores entre los que destacan Eduardo Arozamena, Guillermo Portillo, Emma Telmo, Rosario Muñoz Ledo, Salvador Carrasco, Amparo Garrido, los Hermanos Galán, Joaquín Pardavé, Pedro Infante, Arturo de Córdova, Sara García y Luis Manuel Pelayo, constituyeron, paralelamente al del cine, un verdadero Star System de los espectáculos en el México de los 40 y 50.
Las producciones mexicanas eran tan buenas que se exportaban a varios países de Latinoamérica, España y hasta a Estados Unidos. En otras naciones del Cono Sur también causaron revuelo los melodramas radiofónicos; dejan constancia de ello autores como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Mario Benedetti.
Mientras tanto, en Europa las radionovelas de mayor éxito se transmitían en Francia, Alemania, España e Italia. Sorprende saber que en Asia, particularmente en Oriente Medio, los culebrones de radio fueron sucesos de apabullante notoriedad. Parece que en los 30 y 40, aparte del cine, el otro medio capaz de convocar la imaginería de masas ávidas de entretenimiento fue la radio a través, principalmente, de las radionovelas.
Si todo era tan bueno y halagüeño, ¿qué falló? Aquí una hipótesis.
Y llega la televisión…
En la nostálgica y bella entrada de Las batallas en el desierto, José Emilio Pacheco describe cómo era la vida en un México sin televisión: "Ya había supermercados pero no televisión, radio tan solo: Las aventuras de Carlos Lacroix, La legión de los madrugadores, Los niños catedráticos, Leyendas de las calles de México, Paco Malgesto narraba las corridas de toros, el Mago Septién transmitía el beisbol. (…) Era el mundo antiguo".3
Pero como en la novela antes citada todo cambia y no precisamente para mejorar, la radio vivió momentos de rápidas transformaciones que modificaron su fisonomía y las barras programáticas de todo el cuadrante hertziano.
Próximamente terminará este siglo y difícilmente podrá repetirse el particular fenómeno provocado por la estupenda narración radiofónica de Orson Welles, quien en 1938 causó pánico y suicidios en masa entre los radioescuchas con su versión de La guerra de los mundos, de H. G. Wells, y no sólo porque en 1997 hemos sido testigos de la llegada a Marte de la sonda Pathfinder sino porque simplemente el público da mayor credibilidad a lo que ve, que a lo que solamente escucha.
En este sentido, el avance de la televisión en el mundo se llevó al público y con ellos el rating y con éste a los patrocinadores. En Estados Unidos, mercado líder de publicidad en el mundo, el presupuesto destinado a la televisión es mayor a 30%, mientras que la radio a duras penas alcanza 10%.4
Siguiendo con otros elementos de la lógica mercantil que entorpecieron el camino de la radionovela, nos encontramos que con la llegada del disco los radiodifusores descubrieron una veta que sin mayores problemas podía ser explotada comercialmente. De esta forma, mientras ellos cubrían media hora de transmisión de radionovela con la onerosa participación de guionista, director, productor, actores y numerosos colaboradores, ese mismo espacio podía ocuparse por un mínimo costo con la reproducción al aire de un disco del artista del momento.
Además nació la "payola": una relación poco clara de los radiodifusores con los empresarios discográficos, quienes dan a los primeros una suma determinada para "imponer" artificialmente en el gusto del público al nuevo sencillo de cualquier cantante o grupo, sea éste bueno o de plano insufrible. Está por demás decir que este dinero nunca pasa por la contabilidad de la empresa.
Lo anterior provocó que la radio cayera en un bache, donde la ausencia de producciones dramatizadas fuera sólo el botón de muestra de la falta de creatividad que sufrió este medio. De esta época datan igualmente la distinción de estaciones dependiendo de la música programada. Es decir, antes de mediados de los 50 no había "perfiles" que caracterizaran a una frecuencia de otra, pues toda la radio programaba lo mismo boleros que danzones y otras vertientes musicales, así como difundían acontecimientos deportivos, programas de cocina, de consejos y en sí todas las opciones o géneros que ofrece la radio hablada (entre ellas se contaba, por supuesto, a las radionovelas).
Pero la llegada de la televisión no sólo cambió el reparto de los dineros destinados a publicidad en radio sino que también se llevó al recurso más importante de cualquier producción: el humano. La mayoría, si no es que todos los grandes nombres de las radionovelas, se volcaron al nuevo medio porque en él los sueldos subían al igual que su popularidad. Los actores ya no eran sólo voces sino personas a quienes se podía encontrar en la calle, idolatrar y reflejarse con facilidad.
Otro elemento que contribuyó a la caída de la radionovela fue el uso del lenguaje en sus diálogos. No era extraño oír todavía en los 70, en los pocos culebrones radiofónicos que se programaban, melodramas inverosímiles en los que para nombrar a la amante del protagonista se le mencionaba como "la otra". En las telenovelas sucedía algo parecido, con la diferencia de que los actores podían entablar sesiones de besos y caricias que erizaban francamente las buenas conciencias de los televidentes, esto tenía definitivamente mayor efecto en comparación de las inocentes insinuaciones con las cuales se tenían que conformar los radioescuchas.
A esto hay que añadirle que las historias tendieron a repetir esquemas del peor melodrama, determinados por el mal gusto y la pésima visión de los directivos de las empresas patrocinadoras de los culebrones por radio. "Cenicienta" podía llamarse María, Mercedes, Guadalupe, Esmeralda, Morelia, Fernanda, Mónica y un largo y ridículo etcétera. Sin embargo, aunque "Cenicienta" se llame como quiera, "Cenicienta" se queda.
A este respecto, Vicente Leñero reveló la receta para escribir un bodrio radionovelero según su propia experiencia como guionista de las series transmitidas por la XEW (Entre mi amor y tu, La sangre baja del río, Boda de plata, La fea, entre otras): "… estructurar sinopsis mensuales, semanales, diarias; bocetar análisis psicológicos de los personajes; planear suspensos suaves antes del comercial, suspensos inquietantes al final del capítulo, suspensos tremebundos de final de semana…".5 Todo esto se realizaba siempre bajo la estrecha vigilancia de los mercadólogos de la empresa patrocinadora, porque, después de todo, era su producto.
Así, con todas estas dificultades, la radionovela sufrió sus golpes más severos que casi la llevan a la extinción.
Y sin embargo, se mueve…
Fuera de cualquier presagio fatal que adelanta su extinción, las radionovelas se niegan a desaparecer y, es más, se anuncia nuevamente el resurgimiento de este género radiofónico.
Con la premisa de que "siempre habrá un lugar y un momento para escuchar radionovelas", Manuel Bauche Alcalde, productor de cine, televisión y radio, quien comenzara su carrera como actor en Ahí viene Martín Corona como hijo de Pedro Infante, señala los caminos a seguir para que se dé un verdadero y sólido renacimiento de las radionovelas: "Mantener un horario dedicado específicamente a estas series radiofónicas para crear el hábito y recuperar al público fiel al género; renovar el lenguaje; reflejar situaciones actuales, con lo que se contribuiría a cumplir el sentido de la radio y promover intensamente el producto radiofónico".
"La radionovela lucha solita", recalca Bauche Alcalde y añade: "Mientras que las telenovelas tienen todo un aparato de promoción, el melodrama radiofónico carece de uno. No sólo hay que poner el huevo, sino también hay que cacarear. Mandar constantemente boletines a medios impresos y contratar espacios en éstos, anunciar mínimo una vez por semana el espacio de radionovelas a través de la televisión, hablar a programas donde se ocupan de lo que acontece en el mundo del espectáculo, promover entrevistas con los actores, guionistas, etcétera".
En esto coincide Marisa Garrido, guionista pionera de la radionovela en México, quien coordina actualmente los libretos de diversas telenovelas, pero aclara: "Sólo Televisa es capaz de hacer resurgir a la radionovela en México, porque sólo esta empresa cuenta con los recursos y los medios para hacerlo".
Garrido recuerda que hace unos años esta empresa intentó revivir al género, pero la falta de costumbre del público hizo que desistiera en el intento. "Para lograr captar nuevamente su atención se tendrían que gastar cuantiosos recursos y estar conscientes de que la inversión se recuperaría en un plazo no menor de dos o tres años", observa.
"Sería menos arriesgado tocar temas muy importantes en las radionovelas que en las telenovelas, porque en todo caso la inversión sería menor, por lo que podría ser una suerte de laboratorio de contenidos. La televisión no puede tocar temas demasiado crudos porque su señal entra a la casa y todos tienen acceso a ella. En este sentido, las radionovelas serían un termómetro para medir la aceptación del público entre tal o cual tema", considera Garrido.
La guionista establece que en los nuevos intentos que se hacen para revivir a la radionovela debería tenerse como prioridad contar con elencos de actores muy reconocidos en la televisión. "Los consentidos siempre serán seguidos por su público. Esto habría que aprovecharlo para la radionovela".
En entrevista por separado, Manuel Bauche comenta que él ha realizado cuatro radionovelas en los últimos tres años con un éxito que nadie esperaba y que, por el seguimiento que se le está dando, hace albergar esperanza para un posible resurgimiento en el género.
"Primero la Secretaría de Relaciones Exteriores me pidió que dirigiera una producción que tocara el tema de los inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos. Eso se llamó Eres un sueño. Para este trabajo contamos con Rodrigo Vidal, Evita Muñoz, Héctor Bonilla, entre otros; con música original y actuación de Los tigres del norte. Posteriormente se produjo Eramos seis, que es en cierta forma la continuación de la anterior. En ella volvieron a participar estrellas de la televisión. Luego se hizo, a petición de la Secretaría de Gobernación, Islas Marías, que retrata la vida de los presos en dicho reclusorio", recuerda Bauche Alcalde. Para información y sorpresa del lector, vale la pena resaltar que Eres un sueño es la única radionovela que se transmite en Estados Unidos y se hace a través de 50 estaciones de las áreas de Chicago, Los Angeles, San Diego y Nueva York.
Bauche Alcalde continúa: "Ante el magnífico recibimiento que tuvieron las tres producciones que mencioné y como consecuencia del interés que tuvo el IMER, grupo radiofónico que transmite las series a todo el país, se abrió la Convocatoria de Guiones de Radionovela 96/97, en la cual participaron nada menos que 77 guiones de muy buena factura. Pero lo más sorprendente de todo es que 90% de los participantes fueron escritores menores de 30 años, lo que nos indica que los jóvenes están interesados en hacer radionovela".
Horizontes de radionovela
Para solventar lo dicho por Manuel Bauche, José Alvarez, director de la estación juvenil Radioactivo 98.5, no tiene empacho en reconocer que la mítica radionovela Kalimán es el programa con el rating más alto de la estación que preside. "Mientras en toda la provincia se programaba esta serie, en la ciudad de México estaba desaprovechada. Entonces pensamos que sería un buen hit y cuál sería nuestra sorpresa al darnos cuenta de que ha tenido una aceptación magnífica. Si no lo creen, ahí están los ratings".
Sin embargo, reconoce que principalmente por lo costoso de la producción el género radionovelero seguirá encontrando sus principales obstáculos: "El espacio donde está metido, en esa hora, en ese horario, se les hace muy caro a algunos ejecutivos de agencias de publicidad. No lo es —así lo veo yo—, pero ellos no lo entienden".
La radionovela es un género desperdiciado, considera Alvarez, pues no sólo es parte de la cultura nacional sino que ofrece la posibilidad de enseñar a los jóvenes cuestiones históricas, geográficas, religiosas, tal y como se hace en Kalimán, serie en la que se ubica al radioescucha en tiempos y espacios reales o ficticios.
Finalmente, el director de Radioactivo 98.5 señala que es imprescindible rescatar a las radionovelas pero no desde una perspectiva añeja, pensando en un posible público mayor de edad, sino abriendo el espectro a personas de todas las edades y situaciones económicas. "Nosotros estamos preparando una sorpresa, que no una radionovela, pero que tiene que ver con el gusto de experimentar como fue el caso de Kalimán".
Fuera de México son varios los países que renuevan su interés por el melodrama radiofónico. Otros que nunca lo habían perdido son verdaderos ejemplos a seguir. Tal es el caso de la WDR y la Deutsche Welle, radiodifusoras alemanas, las cuales no sólo han mantenido un esfuerzo ininterrumpido en la producción de radionovelas sino que han visto hacia el exterior buscando temas e historias.
Como ejemplo están las 45 adaptaciones que hizo la WDR entre 1975 y 1987 de narraciones de escritores latinoamericanos como Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Antonio Skármeta y Pablo Neruda, entre otros.6
También vale la pena destacar la convocatoria que la Deutsche Welle, conjuntamente con la Feria Internacional del Libro en Frankfurt, ha realizado en diversos países para promover la escritura de radioteatros y radionovelas. Las naciones que han recibido esta oportunidad los últimos años han sido México, Arabia Saudita, Brasil y China.
Respecto a nuestro continente, en la pasada Bienal Latinoamericana de Radio celebrada en la ciudad de México en 1996, participaron en el género de radiodrama —radioteatro o radionovela—, producciones de Colombia, Argentina, Venezuela, República Dominicana, Argentina y, por supuesto, México.7
¿Final feliz?…
Se puede pensar que la vigencia de las radionovelas de los 40 y 50 son un aliciente para los nostálgicos que esperan escuchar nuevamente dramatizaciones radiofónicas en el cuadrante. Pero no necesariamente es así. Esta situación campea, en primer lugar, ante la insistencia del público, el cual exige la transmisión de melodramas radiofónicos y, en segunda instancia, por el mínimo costo que representa para la generalidad de las estaciones la difusión de estas series, ya que los empresarios de la radio sólo tienen que gastar en cintas para obtener su copia sin siquiera pensar en pagar ninguna cantidad por derechos de autor.
Pero estas retransmisiones se han significado como un obstáculo más para las nuevas producciones radionoveleras, al enfrentar el probado éxito de las primeras con la riesgosa experimentación de las segundas. "Al público lo que pida", rezan los empresarios como su primer mandamiento, pero hay que pensar en la lógica de que el público pide lo que conoce.
Ante esta contradictoria perspectiva, las opciones que se le abren a la radionovela son pocas: o se producen magníficas series, con manejos llamativos en los diálogos, historias abiertas para un amplio espectro de radioescuchas, interpretadas por un elenco que combine nombres conocidos por el gran público y voces experimentadas en los medios de la radio y el doblaje, contando con la apertura de las estaciones, pero sobre todo promoviéndolas con un gran aparato publicitario, o de plano este género radiofónico estará destinado a ser una pieza de museo o mucho peor: un muerto en vida al cual no se le tiene ni lástima.
Así las cosas, entre permitir que la radionovela siga su camino hacia el olvido o se le busquen bifurcaciones que la dirijan a su resurgimiento, se encuentran el gusto comprobado del público hacia estas series, las indiscutibles posibilidades pedagógicas del género, la opción de alcanzar a poblaciones apartadas en las que ningún otro medio tiene acceso, la oportunidad de servir como teatro para ciegos, para enfermos e imposibilitados y en sí para toda la gente que añora ejercitar su imaginación con el pretexto de una buena historia.
El drama de la radionovela en México se centra en su tradición y definitiva calidad luchando con los elementos que en su contra se conjuran para hacerla desaparecer. Pero si se escucha con atención no son estertores lo que se oye, sino sonidos lejanos de los nuevos héroes y heroínas de los culebrones radiofónicos que buscan el momento oportuno para convidarnos sus fantásticas historias y apostarse en nuestras mentes como los huéspedes por excelencia que son de nuestra imaginación.
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Notas
1 Soap opera, nombre que no prosperó en México.
2 "Procter & Gamble. 150 años de éxito en marketing", en Advertising Age Magazine, México, Norma, 1991, p. 255.
3 José Emilio Pacheco, Las batallas en el desierto, México, Era, 1987, p. 9.
4 Erick Clark, La publicidad y su poder, México, Planeta, 1992, p. 452.
5 "Las telenovelas y la generación 1962", Vicente Leñero, en "La Jornada Semanal", México, 24 de noviembre de 1996, p. 4.
6 Latin America: Myth and Reality, Weetdeutacher Rundfunk, WDR, Edición propia, Alemania, 1987, pp. 8 y 9.
7 Catálogo de la Primera Bienal Latinoamericana de Radio México 1996, Comité organizador, México, edición propia, 1996, p. 7.
Octavio Isaac Rojas Orduña es guionista de radio. Obtuvo mención honorífica en el concurso de radioteatro convocado por la Deutsche Welle y la Feria Internacional del Libro en Frankfurt.
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