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José Woldenberg  Observatorio de nuestra transición


 Presentación de Mediocracia sin mediaciones

 José Woldenberg


Buenas noches. Debo comenzar agradeciendo a Raúl Trejo y a Rafael Pérez Gay por la invitación que me han hecho para presentar el libro Mediocracia sin mediaciones. Prensa, televisión y elecciones.

Comienzo con una consideración general. En mi opinión, hay tres asuntos sobre los que se centra el debate y la calidad de las democracias contemporáneas: 1) el financiamiento de la contienda política; 2) el comportamiento de los partidos políticos, y 3) el papel y la calidad de los medios de comunicación.

Nuestro país no escapa a esa agenda: hemos ido saldando los retos para garantizar la limpieza de las elecciones, la alternancia, la coexistencia de la diversidad, para concentrarnos ahora en los del financiamiento, el sistema de partidos y el rol de los medios masivos de comunicación. Puede decirse que la "universalización" de los retos planteados implica, paradójicamente, soluciones que no pueden ser sino particulares, locales y hasta cambiantes a lo largo del tiempo. Cada sistema democrático tiene un origen distinto, un ritmo de implantación y asimilación diferente, cada uno tiene sus propias anclas de sobrevivencia y también dilemas y exigencias particulares. Todo ello hace ociosa la pretensión de encontrar una receta o una vacuna buena para todos y definitiva contra los riesgos que entraña para la democracia un uso poco transparente y equilibrado del dinero en la contienda política o los riesgos que plantea la llamada "videocracia".

El papel de los medios de comunicación en la contienda político-electoral da lugar a problemas comunes compartidos lo mismo por países cuya democratización es reciente que por aquellos con una larga tradición de gobiernos y parlamentos emanados del sufragio popular. Son problemas que se presentan y se ubican lo mismo en el Norte que en el Sur, en Europa occidental y del Este, tanto en

Norteamérica como en América Latina.

Por esta razón es justo decir en primer término que las reflexiones de Raúl Trejo se ubican justamente en el centro del debate contemporáneo sobre la democracia.

Más aún: la mirada de Raúl Trejo suma la del investigador profesional de los medios de comunicación que ha logrado describir, gracias a meticulosas mediciones, cómo cambió en nuestro país la manera como la prensa y la televisión reproducían la política apenas al final de los años 80 y cómo lo hicieron a lo largo de los años 90, para culminar en las elecciones federales del año 2000.

Como en otras áreas de la vida pública, en los medios hemos pasado, en pocos años, de la unanimidad aparente y acartonada que reproducía una sola voz, un único diagnóstico del país, a vivir en un auténtico archipiélago de puntos de vista, donde se multiplican los análisis, las fuentes y, por supuesto, los protagonistas. Puede constatarse que hoy los medios reflejan mejor la pluralidad. Es notorio que ellos mismos han cambiado para ofrecer una oferta variada, con diferentes contenidos y maneras de acercarse y abordar la política. Ciertamente, como nos alerta Raúl Trejo, para bien o para mal en México y el mundo los medios de comunicación masiva influyen como nunca antes sobre la política.

En Mediocracia sin mediaciones Raúl Trejo ­como es su costumbre­ realiza una documentada y contundente labor de análisis y, por tanto, de crítica, sobre la política y sobre los medios en México. No es poco lo que se ha logrado en este punto, pues ahora existe una institucionalidad democrática y medios que se expresan en franca libertad y pluralidad. Sin embargo, Trejo no se complace en constatar ese hecho positivo y nos muestra el otro lado de la ecuación: las insuficiencias, los nuevos retos profesionales y los desafíos a los que se enfrentan la política y los medios.

El libro que ahora presentamos es extraordinariamente útil, pues plantea con claridad qué ha cambiado y qué debería cambiar para pasar de la apertura y la recreación de la pluralidad, a consolidar una etapa de mayor profesionalismo,

asegurando la objetividad y la calidad del análisis. Al final, la calidad de nuestra democracia pasa por la calidad y el profesionalismo de los medios de información.

Permítanme ir al contenido del volumen de manera más puntual y presentar ante ustedes diez subrayados.

1. Raúl Trejo nos obsequia en el ensayo inicial un exhaustivo recuento de México y de variadas experiencias internacionales sobre la creciente influencia que tienen los medios de comunicación en la política.

Quizá nadie como Raúl, en nuestro medio, para hacer ese repaso que sopesa sin falsas alarmas y sin concepciones apocalípticas los influjos de los profesionales y de las empresas de la comunicación de masas en la política.

Trataré de ilustrar la manera como Trejo plantea el asunto. Dice Raúl: "Los medios tienen una capacidad de propagación que ningún candidato político puede despreciar, pero también hay que reconocer que los mensajes drásticos, concisos, que se pueden transmitir por el lenguaje televisivo son inevitablemente esquemáticos". Y más adelante señala: "Hoy en día, puede decirse, no hay política de masas (es decir, política moderna) sin medios de comunicación. Pero también es posible asegurar que no hay comunicación de masas distanciada de la política".

Junto con Umberto Eco, Trejo comparte la idea de que "en el caso de la comunicación política sería preciso hacer un esfuerzo para encontrar lo mismo las capacidades de propagación a gran escala que ofrecen los medios electrónicos, junto con sus limitaciones para el análisis y el debate de los asuntos públicos. Pero ese equilibrio deseable, es difícil de alcanzar...".

En suma, la fórmula que nos propone Trejo parece la más sensata y productiva: ni negación o satanización de la presencia de los medios en la política ni exaltación de los medios como fieles últimos de la balanza en la actividad política.

2. A pesar de la notable influencia de los medios en la formación de un clima de opinión, en política no hay una traslación mecánica entre los recursos de que

se dispone para aparecer en los medios y los resultados electorales.

Es incuestionable que los medios de comunicación tienen un ascendiente enorme en la construcción de las preferencias electorales, pero esta influencia siempre aparece acotada por el contexto social.

Mientras eso siga siendo así, habrá espacio para que las propuestas, los programas y también para que de forma legítima los atributos de los distintos candidatos, además del entorno y características del elector, influyan en la decisión política por excelencia: a quién y por qué se le concede el voto.

Baste acudir a los datos y gráficos que nos proporciona Trejo sobre las distintas elecciones, para confirmar que la elevada correlación entre presencia en medios y resultados electorales no es inequívoca ni absoluta: en distintos momentos, tanto el PRI como el PAN y el PRD han tenido votaciones que están significativamente por abajo o por encima de su presencia mediática.

Quizá haya que subrayarlo: los medios no sustituyen a la política y en los casos en que eso parece ocurrir, la responsabilidad vuelve a estar en la arena de la política, de los políticos, de los partidos. Porque buena parte de las soluciones han de encontrarse en el diseño de las leyes, de las reglas y de las instituciones de la democracia.

3. Mediocracia sin mediaciones es resultado de una contundente investigación empírica a un tema donde suele predominar el análisis ideológico prejuiciado.

No puede dejar de llamar la atención, como hace Raúl Trejo, que en los tratados que ya podemos considerar como clásicos sobre la "tercera ola" democratizadora en América Latina, no haya un índice de medios de comunicación y que el influjo de éstos sobre los cambios políticos no sea analizado con detenimiento. En nuestro caso, esa omisión empieza a quedar resuelta con la publicación de Mediocracia sin mediaciones.

4. Raúl Trejo sitúa el cambio político reciente de México, y el cambio en los medios de comunicación, en un inicio que

conviene no olvidar. Mediocracia sin mediaciones es también una ayuda de memoria sobre el país del ayer. Nos dice Trejo, el movimiento estudiantil de 1968 sólo aparece "en sus luces y sombras más superficiales, pero no siempre con todas sus implicaciones, en las páginas de los diarios de aquel año. La versión oficialista, tremendamente autoritaria, es la que fue impresa en la gran mayoría de los relatos y juicios referidos al asesinato masivo en Tlatelolco". En aquellos años, nos recuerda Trejo, proliferaron publicaciones "marginales" ­de sindicatos independientes, agrupaciones políticas de izquierda, estudiantes universitarios y grupos de colonos­ que, al margen de la prensa institucional, informaban y analizaban hechos que no aparecían en los medios y, por lo mismo, eran un testimonio de la cerrazón.

5. La apertura de los medios a la política recibió un impulso sustancial con el proceso electoral de 1988. No hace falta recordar aquí que ese año México vivió una elección presidencial realmente competida y de pronóstico reservado, contando con una prensa escrita relativamente más sensible a la diversidad partidista, en contraste con los medios electrónicos para los cuales el pluralismo seguía siendo un fruto prohibido. Trejo no se conforma con la impresión del observador y mide los centrímetros/columna que seis diarios dedican a las distintas candidaturas, encontrando que las cifras agregadas dan una cobertura para el PRI de 55%, de 17% al Frente Democrático Nacional y de 12% al PAN.

Esta primera medición abarca tanto el periodo previo a la elección como el seguimiento en la prensa a los reclamos postelectorales de aquel año. De esos dos momentos de observación, a mi entender, se desprende un hallazgo central de la investigación: se constata que después del 6 de julio de 1988 la presencia de las voces de la oposición aumenta en los diarios y decae la del PRI en más de 20 puntos porcentuales. Esto es, a pesar de la amplia cobertura que habían brindado en favor del partido en el gobierno, los medios no fueron refractarios al crecimiento del arraigo de la oposición. Des

de entonces se comienza a constatar uno de los principales síntomas de la democratización: la apertura de los espacios noticiosos, la disolución de las exclusiones y el reconocimiento de que los ciudadanos y electores merecen y deben conocer a todas las opciones políticas mediante una información profesional.

Los medios para ser creíbles, es decir, para ser leídos, vistos o escuchados debieron abrirse y recoger a la pluralidad real, sin confundir la noticia con las filias o las fobias propias. Por razones de prestigio, de credibilidad y de mercado los medios deben actuar cada vez más como espacios abiertos y sensibles, ya no como coto reservado, proveedor de ventajas exclusivas.

6. El libro presenta un análisis histórico de la prensa escrita en los procesos electorales que nadie ­ni instituciones ni investigadores­ había hecho ni reunido con tanta suficiencia. Hacia 1991, la prensa muestra ya una gran heterogeneidad. Como señala Trejo, no se trataba sólo de la difusión de voces críticas, sino de publicaciones enteras que discrepaban ya de las opiniones oficiales. En ese ambiente, por vez primera la oposición en su conjunto obtiene en la prensa, durante una campaña electoral, tanto espacio o más que el partido gobernante. Esa tendencia se confirma en 1994, y para 1997 el análisis arroja un panorama de franca equidad en la prensa.

7. En la televisión se vivió también una drástica apertura. En 1988 se desarrolla el trabajo pionero de medición de las campañas en los noticieros de la pantalla chica. En ese entonces, los principales informativos dieron al PRI 91.7% del total de las noticias. Ninguno de sus rivales, Acción Nacional o la suma de los partidos que conformaron el Frente Democrático Nacional, alcanzó siquiera 4% del tiempo de los noticieros. El dato nos habla de un país remoto, de una situación que hoy parecería increíble y que ya para entonces resultaba inaceptable: más de nueve de cada diez noticias para un solo partido.

El seguimiento que hizo Alianza Cívica a los principales noticieros en la siguiente elección presidencial permite constatar que la irrupción de partidos sólidos y competitivos en la oposición no podía ser ignorada ni disimulada: para 1994 la presencia del PRI fue sólo una tercera parte de lo que había sido seis años antes, pues pasó de 91 a 32%. En contraparte, el PRD tuvo 19% del tiempo de cobertura y el PAN 16.7%, mientras que los demás partidos alcanzaron en conjunto 32% del total.

Las observaciones de Raúl Trejo para 1997, hechas a partir del monitoreo realizado por el IFE, indican un hecho que quizá en su momento no fue del todo resaltado ni asimilado: los principales noticieros de la televisión le concedieron más espacio a la difusión de las actividades proselitistas del candidato del PRD, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, que al abanderado del PRI, el licenciado Alfredo del Mazo. Este hecho en los medios electrónicos no tenía precedente alguno.

8. "El control externo es la esencia de la democracia". Esta afirmación, de la maestra española Victoria Camps, que recoge Raúl Trejo, es válida para el poder político pero también para los medios.

Comparto la idea de que hay todo un capítulo abierto para discutir y acordar cuál debe ser la legislación sobre los medios de comunicación. Pero también creo que en materia de medios de comunicación y elecciones, durante los años de la transición democrática el Congreso resolvió con tino el acertijo que plantea la necesidad de conjugar el derecho de libertad de expresión de los informadores con el derecho de acceso a la información de los ciudadanos.

Los primeros pasos se dieron en 1994 y el tema fue recogido de manera más amplia en la ley a partir de 1996. Un instrumento consiste en que los partidos, de manera conjunta y consensuada, presentan a los concesionarios de radio y televisión unos lineamientos sobre el tipo de tratamiento noticioso que esperan recibir durante la contienda electoral. Por otra parte, durante las campañas electorales el IFE realiza monitoreos a las noticieros de radio y televisión en todo el país, sobre el tiempo y tipo de cobertura que reciben los distintos partidos y candidatos.

Con estos mecanismos ­al presentar información sobre la cobertura que se hace en radio y televisión­ se intenta construir un "contexto de exigencia" para los medios. Y creo que los propios medios así lo han entendido y actuado en consecuencia.

9. Mención especial merece el análisis sobre las elecciones del año 2000. En este punto, empiezo citando al autor: "La discusión sobre las causas del 2 de julio de 2000 será, a no dudar, uno de los grandes temas del análisis político mexicano durante mucho tiempo. Ninguna interpretación seria sobre este episodio podrá prescindir del papel de los medios de comunicación".

En efecto, en 2000 vivimos una campaña intensa, una competencia sin cuartel en todos los órdenes. Los candidatos ganaron o perdieron en condiciones de equidad por méritos propios. Fueron seguidos, difundidos o criticados por la prensa, la radio y la televisión. Los medios de comunicación hicieron un sistemático escrutinio de su comportamiento, propuestas y actos. Creo que gracias a ello en el año 2000 como nunca antes los electores dispusieron de abundante información para valorar y definir su voto.

Los medios siguieron las campañas con una cobertura muy equilibrada entre los tres principales contendientes. Raúl Trejo hace un recuento del monitoreo realizado por el IFE a 126 estaciones de radio y a 84 canales de televisión a lo largo y ancho del territorio. En todo ese universo la Alianza por el Cambio obtuvo 27.4% del tiempo, el PRI 39.8% y la Alianza por México 20.2%.

Pero si observamos la cobertura de los noticieros más importantes, los nocturnos de Televisa y Televisión Azteca, respectivamente, que se emiten desde la capital del país y cuentan con repetidoras que los hacen llegar a prácticamente todos los hogares, encontramos que la distribución del tiempo fue todavía más equilibrada, más pareja.

Quisiera resaltar otra observación que hace Raúl Trejo sobre el papel de los medios en las elecciones del año pasado. El día de la jornada electoral presenciamos un despliegue mediático monumental. Con ello, además de las garantías

que dispuso la autoridad electoral, de las medidas de los propios partidos políticos y coaliciones y de la presencia de miles de observadores, los medios contribuyeron a garantizar que incluso el incidente más liviano, la más mínima intención de alterar el voto libre y secreto, fuese inhibida y cancelada.

Además, constatamos que la presencia en los medios electrónicos es clave para proporcionar información en tiempo real del desenlace de los comicios y de la obtención de los primeros resultados. La difusión que hicieron los medios de comunicación, con pleno apego a la ley y una vez que se cerraron las casillas, de sus ejercicios de estimación del voto, a través de encuestas a pie de urna y de conteos rápidos, contribuyeron al trabajo de la autoridad electoral para mostrar tendencias ciertas, indiscutibles, sobre el resultado y la transparencia de la elección. Los medios colaboraron a que la sombra de la desconfianza en los procesos electorales fuera superada.

10. Concluyo con la siguiente observación: los medios han sido parte consustancial de nuestra democratización.

Creo no equivocarme si afirmo que el paso de un ritual electoral poco competido a unas elecciones intensas, hubiera sido intransitable sin la propia transición que los medios de comunicación han experimentado hacia una mayor pluralidad.

México ha construido un auténtico sistema plural de partidos que se afianza y se reproduce sobre el respeto al voto, y a la vez ha logrado situar el debate político en los medios de comunicación, en el centro de la opinión pública, donde debe estar.

Los medios han sido y son corresponsables del cambio político en México y de las posibilidades de consolidación de la democracia. Como cualquier institución, los medios tienen sus propias responsabilidades. No son convidados de piedra. No sólo son espejo del debate sino que lo modulan: su trabajo diario se ha convertido en la respiración misma de la vida pública. Los medios determinan, con su atención, las reglas implícitas y la calidad de la contienda: si premian el conflicto y el escándalo, la contienda va a ser conflictiva y escandalosa; si premian la seriedad y la civilidad, la contienda será civilizada y seria.

Creo que Mediocracia sin mediaciones es una lectura obligada para entender los ingredientes, las variables, el sentido y el grado del cambio político mexicano de las últimas décadas. Es, como dije al principio, un observatorio de nuestra transición, de sus aciertos, de sus pilares y de sus logros, y también de sus insuficiencias y asuntos no resueltos. Por este aporte, creo que una vez más debemos estar agradecidos con el profesionalismo y el talento de Raúl Trejo.

Muchas gracias.


José Woldenberg es consejero presidente del Instituto Federal Electoral.

Este texto fue leído la noche del 2 de octubre en la presentación del libro de Raúl Trejo Delarbre, Mediocracia sin mediaciones. Prensa, televisión y elecciones(Cal y arena).

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