Juan Villoro
México atraviesa severos problemas de photoshop. Hace unas semanas el alcalde de Toluca, Juan Rodolfo Sánchez, fue acusado de clonar su imagen para promover obras públicas (que en apariencia también eran clonadas). En ese teatro de la fantasmagoría, declaró para defenderse: "soy más guapo que mi clon". Según el peritaje que ayer publicó Reforma, la fotografía usada en los espectaculares proviene de cuando el edil era más joven. Esto podría animar una nueva declaración y tal vez un bolero: "Soy más guapo que mi pasado".
El incidente de Toluca ha sido rebasado por otro de alcance nacional. Televisa borró a Santiago Creel en una sesión del Senado. A diferencia de lo que Stalin hacía en esos casos, el canal dejó rastros imperdonables. Las fotos en las que Trotsky desapareció por obra de un plumón de aire deben ser cotejadas con el original para saber que hubo fraude. La represión estalinista no fue ajena a la paciencia artesanal. En las obras de Editorial Progreso de Moscú, cada vez que Lenin se refería a Kautsky, un paciente corrector agregaba un atributo poco homérico: "el renegado".
Llama la atención que una empresa que puede fotografiar un mosquito en el Estadio Azteca haya hecho un trabajo tan torpe en el caso de Creel, convirtiéndolo en Hombre Célula para una película de Cronenberg. En vez de sustraerlo del escenario político, le proporcionó un realce novedoso, el de la víctima. El mismo político que hizo poco para controlar a los medios cuando estuvo en Gobernación aparece ahora como un ciudadano radical. "Nunca es tarde para rectificar", le dijo a Carmen Aristegui en una notable entrevista.
La verdad, es loable que un político acepte haberse equivocado; sin embargo, Creel no ha adquirido relevancia por los ajustes a los que somete su opinión, sino por su exhibición como Hombre Célula. Así, Televisa fortaleció a un político poco amigo de la contundencia, que en su paso por Gobernación transformaba desafíos nacionales en mesas de discusiones.
En lo que sí fue creativa la televisora fue en su excusa para nublar la identidad del senador: "fue un error de edición". Si el concepto prende, podremos decir que los disidentes que Stalin mandó al paredón y los 20 millones de paisanos que dejó morir en la Segunda Guerra Mundial fueron errores de edición (de hecho, como editar implica suprimir, esta acepción se antoja más correcta).
Televisa le ha dado insólito rating a la mancha y ha mostrado que en su pantalla gana quien, al modo del personaje de Woody Allen en Deconstructing Harry, queda fuera de foco.
El tema es trascendente porque resume los afanes de una sociedad que ha salido de photoshopping. No me refiero sólo al uso mediático de los trucos de la imagen, sino a la forma en que ha calado en las conciencias. Nos hemos convertido en una potencia del borrón mental.
Veamos, si no, el uso discrecional que se hace de la memoria. ¿Cómo se justifica que el PRD, luego de protestar contra las elecciones del 2 de julio de 2006, haya hecho los comicios internos más sucios de su historia? El partido del sol azteca debería estar en un peregrinaje público, solicitando el perdón de la grey y aceptando ser fustigado con cáscaras de mandarina. Pero la rendición de cuentas no forma parte de la realidad. Cuando un político habla de su pasado lo acondiciona con efectos especiales. Entre infinitos ejemplos elijo a un profesional del cambio de partido, Demetrio Sodi. Cuando salió del PRD, hizo acusaciones que hacían pensar que había colaborado con la cámara de tortura del doctor Mengele. Si ese entorno era tan atroz, ¿cómo aguantó tanto tiempo pasando el bisturí?
¿De dónde viene esta tendencia? La historia patria es, en sí misma, un prodigio del photoshop. Madero era un héroe que luchó contra Zapata, otro héroe, que luchó contra Carranza, otro heroe, que luchó contra Villa, otro héroe, que luchó contra Obregón, otro héroe. El denominador común de tanta heroicidad fue que todos los interesados pasaron por la variante más literal del photoshop, el asesinato.
Ni siquiera en asuntos puntuales un político recuerda su imagen anterior. López Obrador prometió debatir una, cinco o 10 veces con Felipe Calderón, pero cuando llegó el momento en la campaña dejó vacía su silla, para desesperación de quienes lo apoyábamos. Ahora que padece el destierro mediático ha invitado al Presidente, que considera ilegítimo, a debatir a propósito de la reforma energética.
Hay variantes cosméticas pero no menos significativas del photoshop. Marcelo Ebrard no puede decir "Felipe Calderón". Se refiere al "gobierno federal" pero borra a la persona que ocupa el cargo, con la que, por otra parte, no acepta fotografiarse (esta renuencia califica como "photoshop preventivo").
Los empresarios tampoco son ajenos a esta estrategia. Carlos Slim recibió Teléfonos de México en régimen de monopolio, una infamia bajo cualquier criterio de liberalismo económico. Cada vez que se le pregunta sobre el tema, dice que compró la empresa en más de lo que valía. Aunque ésa no sea la pregunta, el magnate demuestra que el photoshop mental es una forma del ahorro.
También la jerarquía eclesiástica supone que el cielo ya admite portentos de photoshop. En Jalisco aplicó la distracción selectiva para el origen de las limosnas.
El tema está tan de moda que llegó al traje de noche de la Señorita México. El modelo que usó para disputar el cetro de Miss Universo podría llamarse "photoshop a medias". Pensada entre la ropa y la desnudez, la prenda tiene el tono, translúcido y canela, de las medias de una beata en una novela de Baroja. Aunque el resultado es desconcertante, se trata de un traje típico; sugiere que el modisto borraba el vestido para realzar el cuerpo de la mujer cuando se fue la luz. Nada más autóctono en el país de la mancha que algo a medias.