Raymundo Riva Palacio
Pocas veces se ha escuchado temblar, como si estuviera nerviosa y acosada, la voz de Marta Sahagún. Pero este lunes, cuando en Los Pinos leyó un comunicado para defenderse de las aseveraciones de un insólito –por su extensión– reportaje de dos páginas en el influyente periódico británico Financial Times, la voz se le quebraba cuando aseguraba que había sido víctima de una calumnia, y que si bien respetaba la libertad de expresión, deploraba la difamación y la tergiversación. El reportaje del diario se refería fundamentalmente a las finanzas de la Fundación Vamos México, y aunque aportaba datos financieros relevantes, el contexto general del largo texto prácticamente no mencionaba nada que antes no se hubiera denunciado en la prensa mexicana.
Pero, típico de las élites mexicanas, casi nada es importante hasta que un medio en el exterior lo hace público. La permeabilidad de la señora Sahagún y el despotismo de su gente para tratar con la mayoría de medios y periodistas mexicanos se quebrantó. Y no es para menos. En las páginas del mejor periódico del mundo, y uno de los más escuchados por los líderes, la señora Marta fue desnudada por las oscuras finanzas de Vamos México, en el contexto de su ambición política y de su irregular manejo de los dineros que en forma de donativos ha ido pidiendo a empresarios mexicanos. Las quejas contra la filantropía política de la señora Sahagún nunca fueron escuchadas en México. Las denuncias sobre el tráfico de influencias en el que incurrió, fueron simplemente ignoradas. Las crecientes quejas de los empresarios porque sentían que en la petición les caía el peso de la Presidencia, también.
El reportaje, para muchos, debe haberse visto como justicia poética. Pegó en el corazón real del poder mexicano, uno que no tiene a quién rendir cuentas y que se asumió como tal por decreto. La gran crítica que se le ha hecho es que ha utilizado ilegítimamente los recursos de la Presidencia para la promoción de un proyecto personal que tiene muchos visos de político. Aunque Vamos México siempre quiere esconder la cola, es demasiado grande para disfrazarla. El mismo lunes, al hablar la señora ante los medios, lo hizo en Los Pinos, en una breve disertación organizada por la oficina de prensa del Presidente. Es decir, en el momento más crítico que ha tenido la señora Sahagún con respecto a su fundación, se incurrió en el mismo error por el que tanto la critican: emplear recursos públicos para fines particulares.
La Presidencia puede argumentar, como en otras ocasiones, que por tratarse de la esposa del Presidente es un asunto de Estado. Sería un alegato absolutamente legítimo, de no ser que cuando ella privatiza los asuntos de Estado, la Presidencia hace mutis. El Estado no puede utilizarse en forma discrecional, como tampoco debería la señora, montada en el poder que le da ser la primera dama, impulsar una fundación que, vistos los documentos de sus finanzas, ha utilizado más dinero de los donativos para salarios de sus directivos y para acumularlo en un fondo para su aplicación futura, que para el destino para el cual fueron originalmente solicitados.
El escándalo por las finanzas de la Fundación Vamos México encabezada por la señora Sahagún, ha escalado. De nada sirvió el silencio total de los medios el sábado y domingo, con excepción de El Independiente. Tapar el sol con un dedo siempre ha sido inútil. El lunes por la mañana la radio entró de lleno al tema. Más de 80 referencias, registradas en los noticiarios únicamente durante dos horas y el creciente interés en México y el mundo, obligaron a la señora Sahagún a dar la cara. Como siempre, la retórica por delante. Se quejó del Financial Times del que dice que la calumnió y la difamó, pero no apoyará con una demanda su dicho. En estos casos, cuando lo judicial no respalda la herida, todo se queda en verborrea. El presidente Vicente Fox, gallardo como siempre con su mujer, volvió a realizar un acto de fe sobre las finanzas de Vamos México y señaló que los ataques a la primera dama se debían a que era una mujer con éxito.
Como suele suceder, el Presidente está fuera de foco. La señora Sahagún es motivo de tanto interés en la opinión pública porque parece más importante que él. La percepción es que ella, y no él, es quien toma las decisiones de Estado, pese a que ella, a diferencia de él, no recibió el mandato del electorado para hacerlo. Es importante por sus ambiciones políticas futuras cada vez menos sibilinas, y comportándose como si la Presidencia de la República fuera una especie del trono de Habsburgo. En este imaginario el PRI, con todo su autoritarismo, no deja de ser constitucional. La señora Sahagún es importante porque nadie en la memoria había utilizado tanto el poder presidencial siendo depositaria de ningún poder.
La importancia la subraya el mismo Fox, quien en lugar de aislar el debate sobre las finanzas para que no salpique su Presidencia y neutralizar el daño, lleva el escándalo al seno mismo de la Presidencia.
La reacción contra la señora Sahagún resume muchos meses de agravios. No es por su éxito, como lo dice su esposo: cualquier persona que comparte la cama y el oído del Presidente todos los días y ejerce los recursos políticos de la Presidencia para sus fines particulares, no es una persona exitosa sino abusiva. No son los medios ni los políticos solos; son los empresarios y el establishment mexicano que resienten la manera como la familia presidencial ha irrumpido en sus negocios con un proyecto de lucro personal.
Están equivocados la pareja presidencial y sus colaboradores. Ven conspiraciones por doquier, como cuando la señora y sus colaboradores cuestionan insistentemente a la corresponsal del Financial Times sobre los motivos ulteriores de su investigación. Para ellos no hay grises, sólo blancos y negros. En el maniqueísmo político encuadran las tareas informativas.
Seguramente creen que en la City londinense, o en el 10 de la calle Downing o en Whitehall están muy atentos de las aspiraciones presidenciales de la señora. Los enemigos fantasmas de la señora son similares a los molinos de viento de su esposo. Pero los enemigos no están afuera, sino dentro de la misma cabañita de Los Pinos. ¿Por qué las finanzas de la Fundación Vamos México son noticia? Simple: por la presunción de que hay dinero recaudado ilegítimamente desde el poder para fines políticos.
El presidente Fox habla del canibalismo en contra de su esposa. Tiene razón, pero más debería tener preocupación. Si hoy, a la mitad de su sexenio, es tan cuestionada y criticada, y a los dos se les ve con una lupa monumental, ¿cómo será cuando el poder desaparezca? El futuro del Presidente está en entredicho, pero sobre todo el de su esposa. Si no tiene fuero, si sus amigos no quedan en Los Pinos, pueden transitar por una largo túnel hacia el purgatorio político y empezar a rendir las cuentas que hoy ignoran. Claro que el horizonte puede ser totalmente diferente, en todos los sentidos, siempre y cuando cuadren las cuentas de Vamos México.