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García Márquez, 80 años de magia


Reforma

Arman léxico 'gabiano'

Celebra hoy Gabriel García Márquez 80 años de vida
Érika P. Buzio

Clásico, Macondo y olor de la guayaba son algunos de los términos elegidos por escritores hispanoamericanos para celebrar la obra de Gabriel García Márquez (Aracataca, 1927).

En Cartagena de Indias, donde ayer se le brindó un homenaje en el 47 Festival Internacional de Cine, no se espera la presencia de Gabo. Tampoco en su natal Aracataca. Se asegura que pasará su cumpleaños en La Habana, que festeja al Nobel con un ciclo de películas inspiradas en sus novelas y argumentos.


Entre la alborada y la revolución, transcurre el léxico "gabiano":

ALBORADA. Fue eso, un amanecer el día de su publicación, como ver por primera vez la aurora o repetirla ya adentro desde la lectura de los clásicos que Cien años de soledad después de Proust, de Tolstoi, de Nabokov, aquellos empezares... Es la redondez de los años su lectura, el atisbo de la genialidad de un escritor, la recuperación de nuestros paisajes, nuestras casas, el amor en español, los abuelos, los árboles, la repetida guerra contra la soberanía de los pueblos. Personajes eternos; estilo, originalidad, prosa tersa como agua de río de antes. García Márquez tiene 80 años, lo increíble, sin envejecer. Comeremos jamón serrano traído desde España, veremos la obra de sus hijos varones, la amorosidad de sus nietos. Hemos de leer más, otra vez, de nuevo, cada palabra de nuestro genio de América Latina.

María Luisa "La China" Mendoza
Escritora


CANTIDADES. Cien años de soledad: la primera palabra del título es un número. Un siglo alude a un tiempo demasiado histórico. Nadie tiene noción clara del tiempo que transcurre durante mil doscientos meses. Cien años parece una edad alcanzable. Y si los cien años son de soledad, una de dos: o sí hay mal que dure cien años, o la soledad no es un mal.

Recordaba dos enumeraciones. Una es aquella de que "el coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó a catorce atentados a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento". Todo es preciso. Alguien hizo la cuenta y le dio carácter exacto a un embuste. La cifra lo volvió algo más que verosímil. Lo volvió creíble.

La otra, memorable, es una más breve: "llovió cuatro años, once meses y dos días". Eso es mucho más que decir que llovió una eternidad.

Baste agregar que el primer capítulo de Cien años... contiene dieciséis precisiones numéricas como los doce kilómetros de distancia entre la orilla del mar y el galeón que encuentra el primer Buendía. Claro que, a veces, esa precisión conduce a conclusiones tan delirantes como esta: en el cuarto renglón de la novela nos enteramos de que Macondo tenía veinte casas, y cinco páginas más adelante sabemos que tenía trescientos habitantes. Más delirante que la alfombra mágica, en Macondo, pues, vivían quince personas por casa. Mejor cambio el tema.

Darío Jaramillo Agudelo
Poeta colombiano


CLÁSICO. Su obra es la obra de un clásico. El tiempo no la destruye, no la margina, no la hace casi invisible como muchas cosas escritas que el tiempo se encarga de borrar, los clásicos siguen vivos siempre. Pasen siglos, el libro seguirá siendo como recién escrito.

Álvaro Mutis
Poeta colombiano


CORONEL. Rango militar que, en este caso, no tiene el honor en las charreteras ni en las condecoraciones sino en algo que va por debajo del uniforme: la dignidad. Su eterno paraguas tiene algo de tragicómico bastón de mando. Resulta en sus manos un murciélago enrollado llevado por un brujo. Las palabras que más lo acompañan son gallo, animal de una heráldica pueblerina, y carta, que es sinónimo de espera. El coronel sabe que siempre hay historia ayer e historia mañana pero nunca historia hoy. Cruel oficio vivir aguardando un trozo de lejanía, envuelto en un ropaje de opereta, en la quietud de un poblado cuyos domingos parecen durar más de ocho días. La palabra coronel quedó adosada a un habitante del olvido. También designa a un hombre que no usaba sombrero para no tener que quitárselo ante nadie.

Juan Manuel Roca
Escritor y periodista colombiano


HIELO. Objeto translúcido y peligroso de los viejos tiempos, ardiente como el fuego y del color del agua congelada. Si por equivocación un hombre lo toca en la feria, en el acto sus dedos despiden humo del color del azufre y de él se apodera la desgracia en forma de lumbre. Si es una mujer, su sexo palidece para siempre y su pasión se esfuma y se quiebra como el sonido de la cristalería a la hora del crepúsculo. Si acaso es un niño el que coloca su mano en la parte más azul de su espíritu oculto, su pensamiento entra en sopor, se duerme como una violeta en la sombra y a partir de ese momento no hay quién lo despierte. Pero, si es una niña, de inmediato el hielo se entrega y derrite en la tierra donde ha sido exhibido, como una gigantesca gotera de plomo.

Fernando Cruz Kronfly
Novelista colombiano


LECTURA. Cien años de soledad construye el mundo como un acto de lectura múltiple, al punto que la novela se escribe como traducida en voz alta; y uno lee por sobre el hombro del lector que se lee a sí mismo, revelado. Todo se sostiene en la interpretación porque todo se decide en la lectura. Ya en El coronel no tiene quien le escriba el lector trágico cree en la verdad de la letra, aunque sólo tiene en sus manos al gallo del hijo muerto, emblema del azar ilegible. En Crónica de una muerte anunciada el código ha impuesto la letra del honor, escrita en sangre. El general en su laberinto descuenta una página legible de la historia monumental para que la lucha del héroe no acabe. Pero Del amor y otros demonios es un espectáculo de la lectura como disputa del mundo. La aventura de una niña desheredada que es víctima de la interpretación de los demás (enrabiada, salvaje, posesa, demonio...), culmina cuando la autoridad máxima de la lectura, el Obispo, literalmente la mata al leerla. Si la tradición de esta novelización de la lectura es cervantina, su relativismo pone en duda cualquier idea de una verdad única. Estas novelas leen un mundo (americano) como si fuera nuestro (libre).

Julio Ortega
Crítico literario peruano


MACONDO. Ausente de Aracataca desde 1940, y de Colombia a partir de 1954, García Márquez ha sabido permanecer fiel a su pueblo y país al escribir sus cuentos y novelas: Aracataca se transforma en Macondo, y ahí, desde el momento en que nace para las letras hispanoamericanas, ha vivido y allí morirá, acompañado por los recuerdos de su infancia y por los sueños que ha soñado despierto, y que le permiten conocer como si fuera el oficial del Registro Civil el paso por esa desolada y mítica aldea colombiana.

Emmanuel Carballo
Escritor y crítico literario


MIERDA. Aparte del Padrenuestro, hay al menos otras dos cosas que los latinoamericanos recitamos de memoria, el deslumbrante inicio de Cien años de soledad ("Muchos años después", etc.), y el final de El coronel no tiene quien le escriba:

"El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:

-Mierda."

Qué bárbaro, ese Gabo, qué canto a la libertad y a la dignidad el que logró sólo con ese "mierda". Poderoso escritor, o alquimista, el que convierte en alta poesía la palabra más ruin del diccionario.

Laura Restrepo
Escritora colombiana


MUNDO PROPIO. En García Márquez está presente nuestro mestizaje cultural, el del Caribe colombiano. En ese mestizaje interviene una cultura que pertenece al patrimonio occidental con influencias reconocidas por el propio autor, desde Sófocles hasta William Faulkner. Pero también está presente el "otro" o el "huésped secreto", como lo llamaba Octavio Paz. Me refiero a lo que él mismo denomina la imaginación desbordada de los esclavos negros y de los indígenas precolombinos, su sentido de lo sobrenatural incorporado a la vida cotidiana. Allí está el secreto del realismo mágico.

Plinio Apuleyo Mendoza
Autor de "El olor de la guayaba"


OLOR DE LA GUAYABA. El propio García Márquez ha querido cifrar en el olor de la guayaba los olores, sabores y perfume de su creación. La guayaba permite sentir en la nostalgia y en la distancia una tierra y su palpitar. Quizás eran los maravillosos jugos de guayaba que preparaba su madre Luisa Santiaga Márquez Iguarán, lo que nos dejaba una especie de elixir tonificante para afrontar el mundo, y recordar que son siempre las mujeres las que cuentan la estirpe y la fábula de la guayaba.

Juan Gustavo Cobo Borda
Poeta colombiano


REALISMO POÉTICO. Se dice con demasiada frecuencia que el realismo mágico es lo que define la obra de García Márquez, pero esto, de ser así, es sólo aplicable a Cien años de soledad, a una o dos novelas suyas más y a unos cuantos relatos. Ese algo común que les da una esencia profunda a todas sus obras es lo que podríamos denominar el realismo poético porque se apoya en la realidad. La imaginación y la poesía de García Márquez se sirven de lo mítico, lo mágico, lo fantástico, lo religioso, lo histórico, lo cotidiano y todos los hábitos mentales y culturales de los hombres.

Dasso Saldívar
Autor de la biografía "El viaje a la semilla"


REVOLUCIÓN. La aparición de García Márquez entre los grandes narradores de América Latina fue fulgurante y creó una revolución tanto en el lenguaje como en la manera de narrar. Tras la publicación de Cien años de soledad, García Márquez se puso al lado de las figuras centrales como Borges, Onetti, Carpentier, Rulfo, Fuentes, Cortázar, Vargas Llosa; y como sólo sucede con los grandes, su literatura significó una renovación, una nueva manera de narrar y la apertura de un mundo desconocido para cada uno de sus lectores.

Tomás Eloy Martínez
Escritor y periodista argentino


El favor del público

Convirtió la gran literatura en éxito masivo y ha vendido alrededor de 40 millones de ejemplares en más de 30 idiomas. Lo esencial de su obra:


· Novelas: "La hojarasca" (1955), "El coronel no tiene quien le escriba" (1961), "Cien años de soledad" (1967), "El otoño del patriarca" (1975), "Crónica de una muerte anunciada" (1981), "El amor en los tiempos del cólera" (1985), "El general en su laberinto" (1989), "Del amor y otros demonios" (1994), "Memorias de mis putas tristes" (2004).

· Cuentos: "Los funerales de la Mama Grande" (1962), "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada" (1972), "Doce cuentos peregrinos" (1992).

· Grandes reportajes: "Relato de un náufrago" (1970) y "Noticia de un secuestro" (1996).

· Memorias: "Vivir para contarla" (2002).



Juan Cruz / Un retrato del hijo del telegrafista


Opinión Juan Cruz

Un día de septiembre de 1994, Gabriel García Márquez recibió una llamada desde Extremadura, en España; le pedían datos sobre su cena con el entonces presidente Clinton, a la que había acudido para hablar de Cuba, con Carlos Fuentes y con William Styron. Pasó del asunto tan grave de una cena en la que él tan sólo se comió un bocadillo, y se puso a recitar los versos más populares de Gabriel y Galán, hasta que se acabó la pila del teléfono. "¡Que Clinton ni Clinton! ¡Gabriel y Galán, El Cristo Benditu!".

A esa cena sobre la que planeaba la política internacional, García Márquez fue con un mensaje: "En el Quijote está todo". Se sumó a la discusión con los sabios silencios de los que hablaba Borges, y dejó que los demás dijeran lo que tuvieran que decir; él aspiraba, como le dijo una vez a Glauber Rocha, "a pasar como una ilusión óptica".

Así es Gabo, se quiere ir, quiere ser una ilusión óptica; en los momentos más terribles del viaje con su madre para vender la casa de Aracataca, se le veía enfrascado, leyendo a Faulkner, en un extremo de un barco maloliente, como si no existiera el mundo, como si él no existiera. Está en los sitios y ya se está yendo, físicamente o porque se abstrae. Es que es un tímido, no sabe cómo empezar o cómo acabar una conversación, te mata si la inicias preguntándole. Odia las preguntas, y odia mucho más que esperes las respuestas. Prefiere el silencio. Siempre.

En eso se parece a Rulfo, a Onetti. En un almuerzo puede romper el pan y volver a edificarlo, sólo para expresar que está ocupado haciendo esculturas. Cree que la infancia es el origen de todo y se queda para siempre, como la piel de la que uno no se puede despegar, y creció escuchando versos y aprendiéndoselos; y creció en silencio, escuchando. De su abuelo y del catalán Ramón Vinyes escuchó casi todas las historias, y, dice, "sólo las repito". Cuando deje de decir las historias que ya le contaron, "me quedaré en silencio, no me van a sacar ni una palabra". Al contrario que Alberti, que quería despedirse mientras hablaba, a García Márquez le gustaría despedirse en medio del más absoluto silencio.

Ha dado entrevistas, pero cada vez se enfrasca más en un hermetismo que esconde un lugar común: "No tengo nada que decir". Una vez le dijo un periodista: "No puedo morirme sin hacerte una entrevista". Y él respondió: "Es que yo no quiero que te mueras". Odia los magnetófonos, porque le roban la voz -la misma superstición de Rulfo- y porque le arruinan los matices. Y enfrentado al público se querría morir antes que improvisar un discurso. Un día en Madrid, acuciado a hablar en un congreso sobre derechos de autor, se enrojeció hasta el desatino, se marchó y volvió con un mazo de cuartillas que leyó como un alumno. Era un cuento, "lo único que sé decir". En Guadalajara, impulsado por los organizadores de la FIL a pronunciar unas palabras, se excusó con una sentencia: "Soy únicamente el marido de Mercedes". La timidez que heredó de la infancia le ha perseguido como el recuerdo de Aracataca. Cuando vivió en Barcelona, en el cenit de su boom, se hizo instalar en lo alto de la puerta de entrada de la casa de la calle Caponata un artilugio que se ponía a reír sin parar cada vez que entraba un visitante extraño. Era su manera de romper el hielo.

Un día recibió, por error, el encargo escrito de presentar un libro de uno de sus mejores amigos y desconectó el teléfono tres días con sus noches, hasta que pasó la fecha en que debía comparecer. Y eso que si hay pasión que le conduzca es la de la amistad; tiene a algunos amigos muy perennes, entre los cuales el colombiano Álvaro Mutis y el mexicano Fuentes forman parte de la mesa, y con ellos charla y viaja.

Su apariencia es la del que se va. Camina como si le sobrevolara un fantasma o una mala memoria; o como si le sobrevolaran sus manías. Usa botines negros o de otros colores y siempre camina con la mano abierta, como si estuviera desfilando, alzándose sobre sí mismo. Camina con la barbilla al frente, quiere llegar para marcharse. Sus camisas las elige para que miren más sus camisas que su cara y lleva esas chaquetas de pata de gallo para que la gente se maree mirándolas y se olvide de su propia mirada.

No suele hacer nada por el beneficio del que mira, pero a algunos fotógrafos -a Guillermo Angulo, a su hijo Rodrigo, a Indira Restrepo- les ha permitido licencias que luego han quedado como iconos de su propio rostro, o de su manera de ser: fumándose un pitillo cuando no tenía para cigarrillos, en 1957, con el libro más famoso sobre su cabeza desgreñada, enseñando la lengua. Es metódico, casi obsesivo, y reacciona airado cuando alguien le interrumpe el silencio por el que ha optado. Cuando dice versos significa que quiere estar callado. Y cuando calla sale de sus ojos la mayor melancolía del mundo. La que calla.



Supera en fama a los presidentes

BOGOTÁ.- Para el historiador colombiano Jorge Orlando Melo, por muchos años director de la biblioteca Luis Ángel Arango -la segunda más concurrida del mundo-, Gabriel García Márquez tiene más peso entre los colombianos que muchos políticos y gobernantes.

"Ha sido una persona de una gran influencia en Colombia; es la figura colombiana más conocida por todos. Él y (el pintor) Fernando Botero figuran en la mente de más colombianos que, incluso, los presidentes", dimensiona.

"García Márquez es profeta como literato. Su obra ha sido leída por muchos, les ha abierto maneras de ver la realidad del país, muchos escritores colombianos han aprendido a escribir con él y, a veces, sucumbido bajo su peso. Hubo una época en que demasiados autores trataban de hacer obras que siguieran la línea de García Márquez, y en esto siempre los epígonos son inadecuados, no hacen una obra comparable con sus maestros", expone.

No en vano Cien años de soledad fue seleccionada como una de las 20 mejores novelas de la historia de la literatura universal, según la clasificación de un grupo de 125 intelectuales entre quienes figura Salman Rushdie, el autor de Los versos satánicos.

En la lista sólo una obra más está escrita en español: Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra... Y Gabo es el único autor vivo, lo que refuerza la idea de que es un clásico viviente.



Celebran a Gabo con lecturas y cine

Dedican al Nobel en España un recital de 16 horas de su obra cumbre; en Cuba proyectan filmes

REFORMA/Staff

Una lectura maratónica de Cien años de soledad en España, y una reunión de los cineastas que han dirigido películas basadas en sus libros en Bogotá, celebraron ayer a Gabriel García Márquez por su 80 aniversario.

Así comenzó la fiesta que a partir de hoy tiene lugar en todo el mundo, no sólo para conmemorar los 80 años del escritor colombiano, sino también los 60 años de la aparición de su primer texto (La tercera resignación), los 40 de la publicación de Cien años de soledad y los 25 de la recepción del Premio Nobel de Literatura.

Un ciclo de sus películas en La Habana de hoy al sábado y la presentación en Roma de su primera obra de teatro Diatriba de amor contra un hombre sentado en mayo, son otras de las tantas celebraciones reservadas para el autor de El amor en los tiempos del cólera.

Durante más de 16 horas, en el Palacio de Linares, sede de la Casa de América en Madrid, sólo se escucharon las palabras que García Márquez escribió en Cien años de soledad.

Las 360 páginas del libro fueron leídas en voz alta durante 15 minutos por personalidades de la cultura y la política, así como maestros de escuela, sus alumnos y lectores que hicieron una larga fila en la escalinata del palacio.

La vicepresidenta del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega comenzó la célebre obra: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".

Las andanzas de los Buendía y de Macondo fueron escuchadas también en voz de artistas como Marisa Paredes y Mercedes Sampietro; los directores de cine Montxo Armendáriz y Mariano Barroso, y escritores como Jorge Franco y Eduardo Benavides.

En el otro lado del continente, en Bogotá, directores como Jaime Humberto Hermosillo (María de mi corazón), Miguel Littín (La viuda de Montiel), Fernando Birri (Un hombre con unas alas muy anchas), Lisandro Duque (Milagro en Roma) y Jorge Alí Triana (Tiempo de morir) se reunieron bajo el denominador común de haber llevado a la pantalla una obra de Gabo, en el Festival de Cine Internacional de Cartagena.

"Pasar al cine los cuentos de Gabo, es una trampa", dijo Hermosillo, director de María de mi corazón. "Parecen que están listos para pasar al cine, y al momento de ponerlos en practica aparecen todos los obstáculos".

En Cuba también se celebrará a partir de hoy un ciclo de cine un ciclo de películas basadas en argumentos y novelas de García Márquez, organizado por la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, presidida por el Nobel colombiano.

Entre otros filmes se exhibirán Cartas del parque (Tomás Gutiérrez Alea), Fábula de la Bella Palomera y Me alquilo para soñar (Ruy Guerra), El encanto de la luna llena (Benito Zambrano), El verano de la señora Forbes (Hermosillo), Un domingo feliz (Olegario Barrera) y Yo soy el que tú buscas (Jaime Chávarri).

Con información de Carlos Rubio y agencias



Festejan con edición 'Cien años de soledad'


Carlos Rubio
Corresponsal

MADRID.- La edición especial que la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua hicieron del Quijote en 2005, con motivo de su cuarto centenario, fue el punto de partida para la edición conmemorativa de Cien años de soledad.

"La extraordinaria acogida que ha tenido la edición del Quijote en los dos años en que ha estado en circulación (y de la cual se han vendido 2.6 millones de ejemplares, de ellos 2.1 millones en América), ha llevado a las Academias a proyectar una serie de ediciones conmemorativas ocasionales, y de circulación limitada, de los grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos", explica la RAE.

El 26 de marzo, durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española en Cartagena de Indias, las instituciones presentarán la edición de 756 páginas, que abrirá con una semblanza del autor, escrita por Álvaro Mutis, y una introducción de Carlos Fuentes, quien abordará el nacimiento de la novela y el deslumbramiento inmediato que suscitó.

La edición contará también con un "análisis magistral" que Mario Vargas Llosa hizo de la narrativa de García Márquez en su libro Historia de un deicidio, y un estudio de Víctor García de la Concha, director de la RAE, así como de Claudio Guillén, a quien la muerte sorprendió cuando le ponía punto final.

Pedro Luis Barcia (Argentina), Juan Gustavo Cobo Borda (Colombia), Gonzalo Celorio (México) y Sergio Ramírez (Nicaragua) glosan distintos aspectos de la personalidad literaria de García Márquez y de lo que Cien años de soledad significó en la trayectoria de la novela hispánica.

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