Fernando Mejía Barquera
De Brozo, "El payaso tenebroso", cuya sentimental despedida del aire tuvo lugar el
miércoles, llaman la atención dos cosas en sus 16 años de presencia mediática: el crecimiento del
personaje como producto televisivo y su evolución "ideológica", su conversión de personaje transgresor
a pilar y vigilante de lo políticamente correcto.
PERSONAJE ORIGINAL
En mi opinión el punto culminante de Brozo como el personaje que originalmente
conocimos en la televisión, tuvo lugar hacia 1997, no en 2004, y fue en
El diario de la noche de TV Azteca, no en
El mañanero. Era el Brozo misógino que hacía enojar a Mayra Rojas con su
machismo desbordado, el líder del PRAU al que los políticos ni siquiera pelaban, el que se rodeaba de
una corte femenina donde la princesa se llamaba "Nacha Plus". Era el Brozo libre, sin
compromisos y sin concesiones, el "augusto" venido a menos (recuérdese que los payasos se clasifican
en "augustos" los que usan peluca, saco amplio y nariz de bola y
clowns, los de cara pintada de blanco y gorro de cucurucho), el payaso vuelto "lumpen" y, por lo tanto, resentido social; el
que se burlaba de los políticos pero no trataba de corregirlos; el que, según su biografía oficial,
nació en la cárcel de Santa Marta, donde su jefa purgaba una condena y en la cual aprendió muchas
de las historias truculentas que contaba a la perrada: "¿Quieren que les cuente un cuento...?".
Aquél fue el punto culminante del Brozo original, concebido años antes, en 1988, por el joven
Víctor Trujillo (México DF, 30 de julio de 1961), entonces de 27 años, para hacer pequeños sketches
en La Caravana, de Imevisión.
DURO, PERO CORRECTO
El Brozo del siglo XXI es diferente, como distinta es la cabeza de su creador, probablemente
sus preocupaciones políticas y vitales, y las circunstancias en que ambos han vivido. El Brozo que
llegó a Televisa para salir al aire el 1 de enero de 2002 ya tenía un compromiso más allá que el
de divertirse y divertir a la audiencia; debía vender bien la pantalla (y lo hizo de manera
espléndida, tanto que en su último reporte financiero trimestral, Televisa reconoce que sus incrementos
en ventas en el rubro de TV abierta se debieron a la barra del Canal 4, donde
El mañanero era pieza fundamental), tenía que responder a la expectativa creada en torno suyo como líder de
opinión, misma que fue construyendo, primero en Radio ACIR (1994 a 2000) y luego en televisión, a
través del Canal 40 (1999 a 2001).
En consecuencia, el Brozo que vimos de 2002 a 2004 dejó de ser el personaje desmadroso,
pero inofensivo, al que los políticos ni siquiera atendían, y se convirtió en alguien con el que todos
se vieron obligados a estar en buenos términos. Ser entrevistado en
El mañanero del Canal 4 se convirtió en aspiración de políticos, actores y cantantes, porque cualquier elogio o
aprobación hacia ellos pronunciado por la bocaza roja de Brozo era una bendición mediática (lo
contrario, como se demostró en el caso de René Bejarano, era casi un acto de excomunión); y no se diga
el triunfo que representaba para la imagen popular de cualquier político aguantarle un duelo
de albures al payaso televisivo: ése sí que era argumento para elevar la popularidad del político
hacia alturas insospechadas.
Personaje de moda entre la "clase política", la despedida de Brozo suscitó un fenómeno
similar al que se produjo hace unos días con la visita a México de José Luis Rodríguez Zapatero:
todos aquellos que se consideran protagonistas de la política nacional hicieron cola para saludar
y tomarse la foto con el presidente del gobierno español. El miércoles, en una cola enorme
nada más que telefónica estuvieron formados, para felicitar al payaso, gobernadores,
senadores, líderes de partidos, el procurador general de la república, el secretario de Turismo y hasta el ex presidente Salinas de Gortari que, indirectamente, a través del periodista Carlos Loret de Mola, envió un saludo a Brozo. El presidente Fox prefirió no formarse en la cola telefónica y le envió
un carta de felicitación y reconocimiento.
El aura transgresora de Brozo se opacó y en su lugar surgió el halo de un personaje
políticamente duro, pero correcto y hasta con una imagen de bondad. Fue el vicepresidente de Televisa,
Bernardo Gómez, quien definió con justeza esa evolución: "Creo que en este tiempo (2002 a 2004)
ese personaje que se conocía como misógino, ahora sabemos que se trata de un personaje con
un corazón enorme".
LA NOVIA DE FOX
La salida del aire de El mañanero ha dado lugar a especulaciones sobre una supuesta
"causa real" más allá de los motivos personales que Víctor Trujillo expuso al despedir el programa. Se
ha publicado en algunos espacios que Televisa habría preferido retirar el programa para limpiar
un poco su imagen en el ámbito político, o bien que ante la proximidad de las campañas
electorales de 2006 y por presuntas presiones de los "actores políticos", la televisora lo habría sacado del
aire para congraciarse, especialmente con los partidos, y no provocar alguna "represalia" de éstos
a la hora de contratar espacios para la propaganda electoral. Parece, sin embargo, muy pronto
para ese tipo de especulaciones que, de confirmarse, hablarían muy mal de Televisa, los partidos y
el gobierno.
Habrá que ver si Televisa da una cobertura "seria" a las campañas o reabre algunos
espacios de "humor" político. Habrá que esperar también el retorno de Víctor Trujillo, a finales de año
o en 2005, cuyo siguiente y casi natural paso dentro de Televisa tendría que ser la barra cómica
del Canal 2 por las noches, en crisis desde hace años y sin un comediante a la vista con capacidad
para llenarla. ¿Cuál será la oferta de Trujillo en el futuro? ¿Un espacio para simplemente divertir,
algo que hace muy bien, o un espacio con implicaciones políticas? Si es lo último, ¿qué
personajes creará o hará reaparecer? ¿Brozo, la Beba Galván? Qué tal si en lugar de la entrevista obligada
con el "Payaso tenebroso", los políticos se ven forzados a hacer fila para sentarse al lado de la
Beba y presentarle "sus proyectos de nación". Después de todo, el potencial político de ésta es
también muy fuerte, según ha dicho el propio Trujillo, quien la considera su personaje favorito:
"Quiero a la Beba, que finalmente es como el sexenio y queda muy bien..., incluso te da la
oportunidad de decir que fue novia de Vicente, pero fue tan amiga de Marta que le cedió el paso"
(entrevista on line con El Universal, octubre de 2003).