Marco Levario Turcott
El desmadre siempre tendrá simpatías y, sin duda, yo me cuento entre el alto rating que al respecto marquen las encuestas. Pero una cosa es Juan Domínguez, como diría Brozo, y otra cosa es que Víctor Trujillo se escude en un disfraz para insultar a nuestro compañero Adrian Castillo, como lo hace regularmente con otros, espero, para regocijo de los menos.
En sí misma, la posición de payaso no provoca respeto porque eso iría contra la esencia del personaje; el que se ríe se lleva, y de eso se alimenta el público y el actor. Lo paradójico es cuando al payaso se le respeta por sus gracejadas —mientras se pone a modo para la declaración de algún político y hasta usa el atavío políticamente correcto si de hablar con la esposa del Presidente se trata— o se le teme por sus comentarios (como en la película Eso) o se cuenta entre los mejores analistas políticos del país según Andrés Manuel López Obrador. Sin duda, Brozo es el payaso tenebroso.
Espero que Adrian Castillo comparta conmigo un lenguaje que nos permita decir que diario todos perseguimos la chuleta, unos en forma lícita y otros no. Junto con nosotros, entre los primeros está Brozo, aunque él, al corretear la chuleta, olvidará sus duras críticas a Televisa cuando estaba en TV Azteca y ahora sea empleado de esa empresa donde asegura que las cosas han cambiado mucho, tanto, suponemos, como para que el año pasado él condujera el Big Brother VIP. Para algunos no es broma el olvido de las convicciones o de las ideas de ocasión, aunque ocurra la paradoja del personaje aquel que vive de las inconsistencias de otros y olvida las propias porque, seguro, él ahora está mejor y es más famoso que el hambriento Estetoscopio de la memorable Caravana.
Ahora, Brozo hace caravanas con sombrero ajeno. Lo hace cuando en las conferencias matutinas del jefe de Gobierno envió a una mujer de no malos bigotes, su ex muda secretaria, para provocar en los presentes la ensoñación de El Mañanero mientras, "lástima Margarito", las preguntas son evadidas por López Obrador quien, de vez en cuando, intenta (infructuosamente) emular al cómico cuando dice a los reporteros que lo que diga su dedito para que intuyan si él quiere o no dar alguna respuesta. Prau, prau a los preguntones, pues, que para eso está el payaso sino, con el otro bufón que envía para preguntar bagatelas.
Brozo, sin duda, a alburear me la gana, pero al burro debiera dejar que lo revise un veterinario. Es decir, el payaso, payaso es, y no analista o reportero, aunque se valga de esas dotes para opinar, acusar, señalar y pontificar. Por ejemplo, a un payaso no le podemos preguntar por qué no dijo "este guión es mío" cuando López Obrador reconoció los gastos millonarios en publicidad para la empresa en la que trabaja el actor. Víctor Trujillo lo dijo a Canal 100.com.mx el 8 de agosto de 2002: "Yo no corro riesgos (...) mi pretensión sólo es jugar, por eso estoy disfrazado de payaso. Yo al público no le voy a decir la verdad de la vida, sólo busco explicar lo que nadie explica. Porque parece que hoy es preferible cuidar a un bonche de empresarios que a millones de jodidos."
Otra cosa es que nos podamos reír de él cuando de tan chistoso que es habla del duopolio televisivo en México, como lo hizo hace poco Brozo estelarizando a Víctor Trujillo, o cuestionarlo también, porque más allá de la comicidad está el respeto por la ley, como no lo tuvo el payaso al difundir las conversaciones telefónicas —privadas— del (ex) árbitro de futbol Felipe Ramos Rizo. Y, ahí sí, ni con la careta antisolemne se puede ocultar la violación de un derecho elemental.
¿Ustedes quieren que Brozo nos cuente otro cuento? El rating dice que sí y tal vez eso sea porque, como ha dicho Víctor Trujillo, "somos un país de adolescentes". Un país o al menos una buena parte de él que no se sonroja cuando, por ejemplo, Brozo es el orador principal en un evento entre diplomáticos mexicanos al que asiste invitado por Jorge G. Castañeda. (Dos años antes, habían asistido Carlos Monsiváis y Carlos Fuentes).
El mismo payaso se dijo en los comienzos de su carrera: "Quién sabe si tengo pico de oro, pero mientras deje morralla no lo suelto... Cuentos primero, ficciones después, luego noticias que son puros cuentos al fin". Recordemos uno que él contó con disimulo para que después nos acordemos de él. En aquella ocasión, primero de marzo de 2001, el personaje habló por el actor: Víctor Trujillo no apoyaría el concierto Unidos por la Paz organizado por TV Azteca y Televisa. Brozo dijo que ese evento "es uno de los oportunismos más viles que he visto en las últimas décadas o un acto de incongruencia" porque, el payaso ironizó: "De todos es sabido el gran interés que han demostrado a lo largo de estos años los Azcárraga y los Salinas Pliego por sus hermanos indígenas". Entonces, Víctor Trujillo trabajaba para Canal 40.
Siete meses después, en Televisa, a donde asistió al programa de Carmen Aristégui y Javier Solórzano, Brozo pidió hablar por teléfono con Emilio Azcárraga. Quién sabe si habló con el empresario y, si fue el caso, tampoco sabemos si refrendó los dichos aquellos de "vil", oportunista" e "incongruente" dichos contra el dueño de Televisa. Sólo sabemos que, un mes y medio después, anunció su incorporación a Televisa con el objetivo de "dimensionar" su trabajo. Pero bueno, eso lo dijo Brozo, ¿no?, que no Víctor Trujillo. Y el efecto teflón es el efecto teflón (donde se pone la chuleta) aunque habrá que ver si el actor y el personaje también se consideran indestructibles.