Marco Levario Turcott
“Mi infancia huele a chamoy”, dice usted de sí, Francisco, ahora que tiene 44 años y cuando difícilmente describiría el aroma de su partida del círculo principal del presidente. Se sabe necio e ingenuo, pero franco se dice siempre y por eso no sabe porqué no le hablaron igual y menos quisieron oírle, entenderle. Usted quería que la comunicación del gobierno dejara en segundo término su relación con el Congreso, más aún, propuso presionarlo con su esquema de círculos verde y rojo. Así lo comentó, vehemente:
Tengo que convencer a la gente de lo que hay que hacer, al menos dar mi punto de vista, y ya que la gente decida si le parece o no adecuado, y que presionen de alguna manera al Congreso.
No hacen falta trampolines verbales ni información fuera de registro. El gobierno apostó por la política y por eso salió, Francisco. Usted descree del cabildeo y, como aseguró hace tres meses, ahora “en el gobierno piensan que es mejor convencer a diputado por diputado” —me parece, por cierto, que usted simplificó el asunto—. De cualquier modo, partió derrotado pero satisfecho, con buenas cuentas. “Al final del día”, como le gusta decir, dejó a su amigo con un nivel de aceptación de 7.2 que, lo ha dicho, “a estas alturas del partido es maravilloso”. Y usted, intenso amante de las encuestas, está seguro de lo que eso vale, aunque todavía no explica por qué su campaña por el Presidente no se tradujo en votos para el PAN. Podría entenderse su desconcierto, Francisco, todos tenemos limitaciones, usted mismo lo advirtió cuando quiso, “de repente”, emplear la “teoría de la distracción”. Se sabe “malo para eso” y no hay más.
¿Se ha ido para siempre “el presidente videograbado” que, según sus dichos, dio tan “bueno resultados”? Quién sabe, Francisco, pero usted, admirador de Og Mandino, conoce bien otra cosa: el vendedor más grande del mundo halla uno de sus mejores terrenos en las campañas electorales, no en la función de gobierno y por eso al Presidente siempre lo vio y lo vistió como si estuviera en campaña. Sabe bien, y así lo dice ahora aunque antes pensó en Kalimán para fundirlo en Vicente Fox, que a no ser que llegue el Santo o Blue Demón, los problemas no se resuelven al instante. Ría, Francisco que, según usted, eso es lo que hace siempre “para no explotar”.
Y hablando de campañas, se acuerda Francisco, cómo le estallaron en las manos esos datos del INEGI sobre el desempleo justo cuando usted, en abril y para los meses siguientes había vestido de imagen y de frases y de todo eso al Presidente para que hablara de lo bien que en ese rubro nos iba. Por eso entiendo sus valores, Francisco, y no me sorprende que el encabezado que quisiera leer algún día en un periódico, así lo comentó, es que “Todo es maravilloso” y tampoco me sorprende que haya personas como usted que piensen que con sólo comunicar bien las cosas estas se harán realidad. Como en la televisión, ¿no?, donde lo que no se ve no existe, como lo aprendió cuando trabajó en Televisa.
Pero usted ha de tener varias satisfacciones, Francisco, y eso atenúa la derrota. Por ejemplo, dos de sus lemas personales están en el ánimo del gobierno. Ahí está ese de “poner a México al día y a la vanguardia” o ese otro que tiene distintas expresiones y que es muy suyo: “hay que echarle ganas siempre y todo lo que tú quieras lo puedes lograr”. Ya escuchó a la señora de Fox hace unos días, cuando le preguntaron sobre los cambios que le hacen falta a nuestro país:
Trabajar todos intensamente, entender que vivimos en pluralidad, entender que este país necesita acuerdos, acuerdo más allá de ideologías, entender que tenemos que ir más aprisa porque México reclama ponerse al día, a la vanguardia, sacar adelante a toda nuestra gente pero este es un trabajo no de una persona ni de un equipo, es un trabajo de todos los y las mexicanas.
¿Se fijó? la señora no respondió pero aparentó como que sí y usted puede entenderla no sólo porque la imagen y la proyección de sentimientos para infundir ánimo es lo primero —¿no?— sino porque a usted no le gusta la política ni entiende de eso. Al respecto, siempre fue franco, incluso lo dijo hace poco más de 3 años en Canal 40, recuerde. Cuando la fiebre de la victoria electoral, el 9 de julio, Ciro Gómez Leyva le preguntó cómo se hacía un promocional, que si antes se delimitaba la idea o el mensaje a lo que usted respondió que no entendía, que usted de política no sabía.
La prioridad ahora, Francisco, es la política, más política, mucha política, política sobre todo, como hace unos años, ¿recuerda? Usted dejó de ser útil al gobierno —“se acabó un ciclo”, dice, como cuando los entrenadores de futbol en México son despedidos—. Lo comprende. Ahora, lo que más valora en sus amigos es lo que ofrece al Presidente, lealtad, y entonces apenas balbucea en público sus diferencias con el nuevo/añejo equipo que, por cierto, no ha podido definir qué significa hacer política, cómo se traduce eso en propuestas sobre la base de un proyecto que, hasta ahora, es inexistente. Ese es el asunto principal, Francisco, en el gobierno hay un viraje sin rumbo, sin definiciones políticas y, tal vez, si sólo de una nueva imagen se trata, volverán a contratar sus servicios.