Y la avidez de los medios por
entrometerse en la vida privada
Marco Levario Turcott
Como se sabe, el dos de julio cumple años el Presidente de México. Como se sabe también, en esa misma fecha se cumple el primer aniversario de las elecciones en las que resultó ganador el candidato de la alianza por el cambio. En el marco de esas celebraciones, Vicente Fox Quesada y Martha Sahagún contrajeron matrimonio por la vía civil, en una ceremonia que se llevó a cabo en una de las cabañas de la residencia oficial de Los Pinos. Así, quien fuera vocera de la Presidencia de la República es, desde ahora, la primera dama del país.
Durante varios meses, la relación entre la señora Martha Sahagún y el presidente Vicente Fox ocupó la oferta informativa de ciertos medios de comunicación y varios intelectuales que, con la convicción de que los personajes públicos no tienen vida privada, se entrometieron en sus vidas de diferente forma. Lo hicieron con una doble justificación: primero advirtieron que el tema era ineludible porque ya estaba en la agenda de los medios y, segundo, porque partieron del supuesto de que la relación entre ambas personas tenía consecuencias públicas.
El primer argumento no deja de ser un contrasentido porque fueron los medios mismos los que se encargaron de dar relieve a la intimidad de la pareja y luego encontraron justificación para darle seguimiento al asunto a partir de afirmar que ya estaba en la agenda. El segundo planteamiento es difuso porque no hubo quien pusiera un solo ejemplo de las consecuencias públicas que tenía aquella relación.
Independientemente de esas inconsistencias, la situación entre Vicente Fox y Martha Sahagún llegó a ser particularmente incómoda, hasta convertirse en un punto de fragilidad en la Presidencia de la República (más aún cuando la vocera de la Presidencia residía en Los Pinos; ahora podrá hacerlo sin recibir mayor cuestionamiento). La pareja se casa justo en ese contexto en el que los medios de comunicación exhibían la irregular relación (recientemente la revista Proceso dedicó al asunto su tema principal de portada) y la señora Sahagún renuncia al cargo porque, en efecto, no puede desempeñar un cargo dentro de la presidencia al ser esposa del Jefe del Ejecutivo. Fox y Sahagún ya no esperaron la venía religiosa para contraer matrimonio por la Iglesia.
Así, el tema que suscitó el morbo de no pocos medios de comunicación que encontraron respuesta en ciertas franjas de la población, se irá diluyendo paulatinamente. Sin embargo, será un tema propicio para reflexionar sobre si los personajes públicos tienen el derecho a que su vida privada se respete. En opinión de quien esto escribe, sí tienen ese derecho, entre otras razones, porque la responsabilidad pública no debe tener consigo la supresión de las expectativas y los comportamientos personalísimos que se tengan, cualquiera que sea. No hay, insisto, quien pueda poner un ejemplo que demuestre que esa relación íntima hubiera tenido consigo consecuencias públicas.