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Marco Levario Turcott  La ética de Sarmiento


 

 Marco Levario Turcott


El viernes pasado en Reforma, Sergio Sarmiento aludió a la ética periodística y sobre esa base explicó porqué no suscribió el desplegado de apoyo a México Posible, firmado por varios periodistas e intelectuales.

Según el columnista “las decisiones éticas son de carácter personal”, aunque también cuestiona “la ética de aquella decisión”, que considera un “grave error” porque cuando un periodista hace público su “respaldo” por un partido pierde objetividad. “Nuestra función”, dice, “es analizar las acciones de los políticos, y juzgarlas”. Ser “partidarios” de alguno nos hace “perder cualquier esperanza de imparcialidad”. Luego pregunta “con qué cara puede un periodista echar en cara a un político que no ha cumplido”. Para él “hay una diferencia notable, pero no siempre bien comprendida, entre el activista político y el periodista”. La función del primero, agrega, “es promover causas; la del segundo, estudiarlas, desmenuzarlas, explicarlas, y, en caso pertinente, cuestionarlas”.

Sarmiento está confundido. La ética comprende principios universales y las decisiones personales los convalidan o no. Por ejemplo, si la empresa para la que trabaja un periodista viola la ley por la vía de hacerse justicia por mano propia, un principio ético determina que el profesional de la comunicación renuncie o al menos exprese sin ambages su desacuerdo. Pero no hay en el mundo un código deontológico que sustente permanecer en esa empresa o no cuestionarla o hacerlo con matices (el pragmatismo, sí). No hay principios éticos que consideren a la “lealtad” como criterio para permanecer en esa empresa y menos aún cuando, en nombre de la lealtad, el periodista participa del botín, como sería ocupar ilegalmente una señal de transmisión.

El “risible” debate al que alude Sarmiento en relación con aquel desplegado, tuvo como objetivo cuestionar, entre otros aspectos, a la “lealtad” de los firmantes expresada con los partidos por los que votan, además de adherirse a México Posible. Hay quienes expresan su lealtad con los partidos y quienes lo hacen con la empresa que les paga. En cualquier caso, casi no hay esperanzas de “imparcialidad”.

Si hacemos a un lado o deploramos esas lealtades (como en su momento lo hice), la pregunta es cuál es el error ético cuando un periodista expresa su apoyo por un partido (como lo expresé hace una semana). En la pérdida de “objetividad”, dice Sarmiento, porque aunque no sea un “valor absoluto eso no significa que podamos tener un periodismo más objetivo”.

Los códigos modernos de ética y los principales analistas de medios en el mundo no plantean la objetividad como un fin. Afirman que el trabajo del periodista es subjetivo y por eso establecen los principios éticos de veracidad y equilibrio informativo que, por cierto, cuando de sus causas se trata, no siempre tienen los medios que, además, llegan a convertir al periodista en una pieza más del engranaje de su maquinaria de intereses.

Cualquier periodista tiene una opinión política y puede o no simpatizar por un partido, la falta de ética según Sarmiento es cuando lo expresa públicamente, pero no dice cuál es la diferencia. Todos los códigos de ética en el mundo advierten de la distancia que debe haber entre los políticos y los periodistas, y ese es el quid. La transparencia sustenta la expresión pública de las preferencias políticas y los principios éticos, por ejemplo, consideran inadmisible hacer una entrevista a modo con alguien con quien se simpatiza o con quien la empresa para la que trabaja simpatiza (se haya hecho o no pública esa simpatía). La diferencia entre quien hace público su apoyo por un partido y quien decide no hacerlo está en su oferta periodística.

En abono de los principios de transparencia y credibilidad es mejor, y a eso remite la ética, que el periodista exprese su simpatía si. Por ejemplo, TV Azteca difirió del gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en el DF, y ahí no hay falta de ética sino cuando distorsionó las noticias y violó principios de equilibrio informativo y veracidad.

Sarmiento dice que la diferencia “notable” entre el político y el periodista es que uno promueve causas y otro las estudia, explica y “en casos pertinentes”, las cuestiona. Sin embargo, hay medios que, con solvencia ética, además de todo eso, promueven causas. Todos los códigos de ética en el mundo consideran que esa es una función central del periodista. Se refieren a que debe actuar como vigilante del poder público, señalar insuficiencias o perversiones en el ejercicio del poder, exhibir la pobreza extrema, la falta de servicios de salud o el desempleo. Esas son causas. Hace dos años, El País asumió la causa de la eutanasia y puso el tema en España. Incluso, una prenda de orgullo de Sarmiento, cuando vicepresidente de Noticias de Azteca fue exhibir las omisiones de Oscar Espinosa cuando regente de la ciudad en relación con la inseguridad. Otra prenda de orgullo es cuando Azteca tuvo la causa de liberar a personas injustamente encarceladas por el crimen de Francisco Stanley.

Un periodista puede dar la cara y hacer público su voto por un partido y, como no acepta lealtades, puede reclamarle si incumple con sus promesas. Con esa cara debe estar siempre con la ley y puede analizar cualquier planteamiento y, si es pertinente, cuestionarlo también.




Marco Levario Turcott es director de etcétera.
Correo: mlevario@etcetera.com.mx


Este texto se publicó el viernes 11 de julio de 2003 en el diario La crónica de Hoy.

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