Denise Maerker
Por segundo año consecutivo, los que trabajamos en Canal 40 empezamos el año preguntándonos qué hay detrás de una decisión de Ricardo Salinas Pliego, presidente de TV Azteca.
Si el año pasado nos parecía increíble que hubiera mandado a un grupo de hombres armados a tomar las instalaciones del Canal 40 en el Cerro del Chiquihuite, un año después nos volteamos a ver incrédulos porque, después de gritar a los cuatro vientos que Javier Moreno Valle lo había robado y no le quería devolver 25 millones de dólares, acaba de rechazar una oferta de 44.5 millones de dólares que había previamente aceptado a cambio de terminar con el conflicto. Ricardo Salinas dice ahora: El costo de oportunidad de recibir los 40 millones de dólares es demasiado alto, ya que implicaría renunciar a la posibilidad de operar en el futuro un canal orientado a segmentos de altos ingresos en la ciudad de México.
Entonces no era una cuestión de dinero.
Sin embargo, el año pasado, los conductores de noticias de TV Azteca repetían una y otra vez que Javier Moreno Valle le debía 25 millones de dólares a Ricardo Salinas. Lo mismo dijo Salinas el 6 se enero de 2003 en la Secretaría de Gobernación. Fue el día de la marcha al Chiquihuite; día también en que el gobierno reapareció después de sus largas vacaciones e intentó resolver el conflicto forzando a Moreno Valle a sentarse a negociar con Salinas Pliego cuando éste aún tenía el control de las instalaciones del Canal 40 (y el mismo día en que el gobierno inauguró la práctica de resolver un robo sentando al ladrón con el agraviado para que limen asperezas).
Esa noche, Ricardo Salinas, frente a Santiago Creel, pidió que le devolvieran su dinero y que le pagaran un plus por la opción de compra que dice tener. Se habló de dinero y de cantidades. El equipo del 40 ofrecía 25 millones de dólares, Salinas pedía 54. Entonces no habló de costo de oportunidad, ni de su proyecto de canal para los altos ingresos. Tampoco lo mencionó el pasado 18 de julio cuando se sentó con Javier Moreno Valle en las oficinas de Alberto Saba. Ese día acordaron que con 40 millones de dólares se resolvería el conflicto.
¿Qué pasó entonces entre el 18 de julio y el pasado lunes 19 de enero?
Dos posibilidades: No pasó nada. Y Ricardo Salinas nunca estuvo dispuesto a resolver el conflicto aceptando que se le pagara por lo que prestó y sólo buscó ganar tiempo apostando a que Javier Moreno Valle no lograría nunca reunir el dinero. O durante ese periodo de tres meses tuvo información nueva que le hizo pensar que en un futuro próximo se quedará con el control de Canal 40. Y es esta segunda posibilidad la que más preocupa e inquieta.
El año pasado, tras de la toma del Chiquihuite, conforme los días pasaban y el gobierno no aparecía, el azoro inicial se convertía en sospecha: El gobierno había de alguna manera apoyado o autorizado la toma del Chiquihuite. Así nos lo decían los viejos lobos de mar de la política mexicana: No sean ingenuos, eso no se hace sin la luz verde de Los Pinos. Increíble para nosotros. Sin embargo, algunos meses después nos enteraríamos que, en efecto, Ricardo Salinas estuvo en Los Pinos la noche que precedió la toma del Chiquihuite. Lo recibió primero Marta Sahagún y después platicó a solas con el Presidente. Lo sabemos porque la misma Marta lo ha comentado en varias ocasiones con periodistas y académicos.
¿Qué se dijeron? Eso no lo sabemos. Pero independientemente del contenido y la forma, de lo ambiguo o sutil que pudo ser Salinas Pliego, de lo hábilmente que haya planteado las cosas, los hechos están ahí: Unas horas después hombres armados al servicio de Salinas Pliego tomaron el Chiquihuite y el gobierno tardó 10 días en reaccionar.
Por eso, hoy, y frente a este cambio de opinión de Salinas Pliego, podemos con suspicacia preguntarnos: ¿Dónde está el gobierno y qué papel está jugando?
¿Dónde están Marta y Vicente Fox, Santiago Creel y Pedro Cerisola? ¿Qué, un conflicto que llevó a la toma armada de una antena transmisora no es un asunto que merece la atención de las autoridades? ¿No le importa al gobierno que este conflicto se perpetúe? ¿Acaso la composición del espacio audiovisual del país no es un tema de interés nacional? Qué prefieren el gobierno y los partidos políticos: ¿que se consolide el duopolio televisivo de TV Azteca y de Televisa o que aparezca una tercera cadena privada económicamente sólida? ¿Acaso se les olvidó que Canal 40 es una concesión propiedad del Estado?
Por el momento no hay nada, sólo silencio desde el gobierno y una actitud de desdén e ignorancia.
Por eso, ahí están de regreso los lobos de mar de la política que susurran nuevamente al oído: No sean ingenuos, Ricardo rechazó el dinero porque ya tiene garantías de que se va a quedar con el canal.
—¿Qué, otra plática en Los Pinos? –preguntamos.
Nadie responde nada, pero conocemos los antecedentes.