Que hable López Obrador
Fernando Escalante Gonzalbo
La libertad de expresión es incómoda. Es uno de los inventos más molestos que hay en nuestra tradición jurídica. Significa que nadie puede saberse exento de críticas. Hay límites, por supuesto, y tiene que haberlos: por eso las leyes establecen, aunque sea de modo imperfecto, el derecho de réplica, las sanciones contra la calumnia y la difamación. Pero el principio vale para todos y eso significa que a las razones se puede responder con razones y a la información se puede responder con más información.
Las agresiones físicas, los intentos de intimidación, las amenazas como las que ha padecido La Crónica en los últimos días son otra cosa. No son expresión de un desacuerdo, de una diferencia de opiniones: no hay argumentos, razones, información, no hay más que la fuerza, no representan otra cosa que el poder. Los viejos militantes de nuestra izquierda tendrían que recordarlo, acaso mejor que nadie. Incluso los que ahora gobiernan el Distrito Federal. Muchos, espero que seamos muchos, confío en que seamos la mayoría de los que escribimos en la prensa condenamos el acoso al que hoy se ve sometida La Crónica.
Lo verdaderamente importante es que escuchemos una voz, la de don Andrés Manuel López Obrador: necesitamos escucharle decir, sin ambages, sin medias tintas, que condena absolutamente esas formas de presión y amenaza; él inició -acaso sin pensarlo, le concedo el beneficio de la duda- la campaña: de él hay que esperar una reacción clara, inequívoca, explícita. Aspira a gobernar con estas leyes. Necesitamos oírlo ahora.