María Cristina Rosas
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Las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el próximo 4 de noviembre en EU ya tienen a dos protagonistas: el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain. En México, el inconsciente colectivo pone mucha atención a los aspirantes presidenciales del vecino país del norte. Como se recordará, hace algunos meses una encuesta reveló que a los mexicanos les gustaba más la figura de Hillary Clinton que la de Obama. Asimismo, en Estados Unidos, la comunidad hispana dio su apoyo a la ex primera dama. éste no es un tema menor: una vez que Obama aseguró el número suficiente de delegados del Partido Demócrata para lograr la nominación presidencial en la convención que se llevará a cabo del 25 al 28 de agosto en el Centro Pepsi de Denver, Colorado, las comunidades hispanas dentro y fuera de la Unión Americana comenzaron a manifestar su preocupación por el escaso conocimiento que este personaje tiene de América Latina. Se deplora que nunca haya viajado a la región y en este sentido se teme que, al igual que en el caso de la administración de George W. Bush, si Obama llega a la Casa Blanca, Latinoamérica siga siendo periférica en las preocupaciones internacionales de EU.
En México, diversas publicaciones han dedicado numerosas reflexiones al virtual “analfabetismo” de Obama en torno al mundo y América Latina en particular. Tampoco se debe dejar de lado que en términos ideológicos existe, por parte del gobierno de Felipe Calderón, una mayor empatía con John McCain, sobre todo porque él tiene una postura favorable a la tan llevada y traída reforma migratoria, misma que, de concretarse o más bien, reformularse, dado que no fue aprobada en 2007, constituiría una victoria política para el mandatario mexicano. Un tema no menos importante es que Juan Hernández, quien fuera jefe de la Oficina para las Comunidades Mexicanas en el Exterior durante el gobierno de Vicente Fox, fue contratado por McCain para hacerse cargo de la campaña de los republicanos con las comunidades hispanas. Hernández tiene doble nacionalidad (mexicana y estadounidense), pero el trabajo que desarrolla para McCain es mantenido con un bajo perfil a fin de no provocar un escándalo en México.
Para muchos sectores políticos en México, al asesorar a un candidato presidencial de un gobierno extranjero, Juan Hernández está incurriendo en una traición. Sin embargo, para el PAN el trabajo de Hernández es muy importante porque le puede ganar el apoyo de McCain quien, de llegar a la Presidencia, podría ser un “amigo de México” (al menos, así lo perciben numerosos sectores en dicho partido).
Por lo tanto, México enfrenta un problema doble: el desconocimiento sobre el país de parte de Barack Obama y la empatía que existe con McCain. La solución parecería ser simple: Obama tiene que acercarse a México y a América Latina, y deberá aprender más de la región, en tanto el gobierno de Felipe Calderón tiene que hacer su tarea en términos de establecer contactos sólidos con el candidato demócrata, a la vez que estaría llamado a ser prudente en el acercamiento que tiene con John McCain para que, si los demócratas llegan a la Presidencia, no sobrevenga un “cobro de facturas” a México.
Por lo pronto, en víspera del aniversario de la independencia de Estados Unidos, John McCain visitó Colombia y México. A propósito del viajede McCain a Colombia, llama la atención que este personaje arribó al país horas antes de la liberación de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y de otros 14 rehenes secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El republicano felicitó al presidente álvaro Uribe por sus esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico, a la vez quemanifestó que confiaba en que las autoridades del país sudamericano lograran la liberación de los tres rehenes estadounidenses, quienes serían rescatados horas después.
Por cuanto hace a su visita a México, es evidente que el presidente Calderón tiene una buena relación con el equipo del republicano. Con este viaje, McCain se anticipó a Obama en un esfuerzo por ganar el beneplácito de las comunidades hispanas residentes en EU, sin dejar de lado que en México radican aproximadamente un millón de estadounidenses que igualmente pueden votar.
La posible visita de Barack Obama a México enfrenta dos obstáculos: el primero es de orden interno, en el seno mismo del partido demócrata, en tanto que el segundo se relaciona con los contactos establecidos con la administración de Felipe Calderón.
Por cuanto hace al partido demócrata, Obama está obligado a negociar con Hillary Clinton la “transferenciade apoyos” que ésta última tuvo, por ejemplo, de lascomunidades hispano-estadounidenses, a fin de fortalecer la posición política del senador por Illinois frente a McCain. Este último intenta tomar ventaja de la división imperante en el Partido Demócrata, atacando en todos aquellos frentes que le pueden reportar ventajas en los escasos meses que restan antesde las elecciones presidenciales. En este sentido, McCain tuvo un gran tino al viajar a México y Colombia porque incluso puede captar el apoyo de los hispano-estadounidenses que en el impasse Obama-Hillary podrían sentir que, a final de cuentas, los demócratas no se interesan por ellos. Mientras tanto, Obama tiene que trabajar en favor de la unidad entre los demócratas y eso tomará tiempo.