Ciro Gómez Leyva
Fue a través de un correo electrónico del entrañable Francisco Martín Moreno cómo me enteré que un artículo mío, que respaldaba los controvertidos spots de México Unido Contra la Delincuencia, estaba dando vueltas por internet. Alguien, sin consultarme, se apropió del texto (“¡Tengan!”, Milenio, 15 de julio) y lo puso a circular por el ciberespacio. ¿Qué debo hacer?
No lo sé. Una cantidad significativa de gente me ha comentado que leyó el artículo en la red. Personas que no leen Milenio con regularidad. Ese tendría que ser motivo de sobra para sentirme satisfecho. Se supone que para eso escribe uno, para que lo lea la mayor gente posible.
Pero a pesar de ello y del respeto que siento por quienes tienen el valor de dar testimonio después de un secuestro; a pesar de la simpatía que me merece el movimiento que ha encarado a Andrés Manuel López Obrador por su insensibilidad ante el dolor ajeno, me molesta esta pequeña forma de plagio. Alguien usó mi trabajo para sus fines. Plausibles o despreciables, se apoderó de algo que no era suyo. Es un hurto. Que multiplica la justificada indignación frente a los secuestros y la ineficacia gubernamental, es cierto. Tan cierto como que se emplea para hacer campaña contra López Obrador. Vaya paradoja.
El plagio me ha forzado a explicar que no formo parte de México Unido Contra la Delincuencia, ni de ningún grupo en lucha contra López Obrador. ¿Pero cómo voy a convencer a esas personas si en la computadora de la hermana, la tía, el compañero de escuela recibieron mi artículo rubricado con una leyenda que dice: “Luego de leerlo, pásalo, unidos no podrán con nosotros”?
Entiendo el activismo y sé que nuestros textos acaban en cualquier página de internet. No me desagrada, aunque preferiría que me pagaran los derechos correspondientes. Pero esto es distinto. Esto es agitación política. Es sumarme a la fuerza a un “nosotros” al que, como periodista, no quiero pertenecer.
Me molestó. Aunque quizá más que el hecho, me zarandeó la contradicción. Escribí ese texto para expresar que López Obrador y otros gobernantes eran incapaces de ver la realidad de frente, por eso inventaban conspiraciones. Quería que lo leyera mucha gente, desde luego. Pero que en esta circunstancia alguien se haya servido de mi trabajo para hacer su propia campaña contra el jefe de gobierno, su propia conspiración, me parece inadmisible. Que alguien me haya incluido en las cadenas cibernéticas que injurian al tabasqueño, es reprobable; con todo el cariño para la gente que está dando esa gran batalla ciudadana contra la delincuencia y la muerte.
No creo que esta vez el fin admirable justifique los medios poco pulcros. Porque denunciar el secuestro a través de un pequeño plagio, pues no. No, no. No en la intemperie actual. No en este momento. No.
Ojalá también distribuyan este artículo en la red. Si les llegara a interesar, tienen mi consentimiento.