Ciro Gómez Leyva
No quisiera dejar pasar octubre sin hacer referencia a unas reflexiones de José Gutiérrez Vivó, publicadas desde principio de mes, pero que a fuerza de tanto apremio noticioso quedaban cada vez más abajo en el fólder de los temas pendientes.
Contrario a su costumbre, el periodista radiofónico non de México concedió una entrevista, no para tirar más leña al pleito encendido que sostiene contra Grupo Radio Centro, sino para revisar a los personajes de moda de la política nacional. La entrevistadora fue la famosa y controvertida Olga Wornat y el trabajo está en la edición de octubre de la revista Poder.
Olga Wornat escribe con tino en los párrafos de introducción que las opiniones, enojos y acuerdos de Gutiérrez Vivó pesan y generan repercusiones polémicas: “Es creíble e independiente, pero no es objetivo, dice lo que piensa sin pelos en la lengua, en un mundo en el que muchos esconden o simulan para quedar bien con éste o con el otro y en un país que vivió largos años bajo el pesado manto de la censura”.
De particular interés son las respuestas sobre Andrés Manuel López Obrador. Gutiérrez Vivó dice tres cosas que deben irritar al gobierno federal y a los feroces enemigos del jefe del gobierno capitalino.
Uno, hay un temor entre muchos poderosos de la política y los negocios de que López Obrador les cobre “algunas cuentas por asuntos que aún no se han resuelto”. Dos, sí hay una maquinación para evitar que pueda ser el próximo Presidente de la República: “Es cierto, hay una guerra de humo en la que participan varios personajes, respetables algunos y otros no, que etiquetan a López Obrador. Dicen que es loco y lo comparan con Chávez y Echeverría, cuando en realidad el señor dice lo mismo que decía Fox hace cinco años”.
Y tres, hay una fobia de tinte aristocrático ante la posibilidad de que el tabasqueño de Macuspana pueda sentarse en la silla presidencial en pleno siglo XXI: “López Obrador pertenece a un estrato social de clase media baja que las élites no quieren ver en el poder”.
Gutiérrez Vivó, quien parece decir en cada respuesta que a pesar de que la vida ha dado tantas vueltas, siempre quedará mucho por contar, piensa que Vicente Fox fue un buen candidato y es un mal Presidente: “Los mexicanos tenemos la sensación de que le urge que pase el tiempo para volver a su rancho, porque el poder le pesa terriblemente. Y esto es mortal para México”.
Y recuerda con un dejo de desprecio a aquel Fox simpático, candidato contestatario, amigo de los medios que se animaban a criticar al régimen priista: “Vicente Fox es pequeño. Él ganó gracias a los medios que nos atrevimos a darle el micrófono y abrirle camino frente al viejo sistema. Es una actitud de pequeñez que ahora actúe en forma similar a los que él quería quitar”.
Con todo respeto para un periodista tan admirado, me parece que a pesar del espíritu crítico de esta última respuesta, termina siendo generoso con el Presidente y su régimen. Al menos por lo que me ha tocado vivir en estos cuatro años, la ira foxista frente a la crítica es más perversa y maligna que la del zedillismo. Sólo por citar el ejemplo más cercano.