Ciro Gómez Leyva
Lejos del glamour y los buenos sueldos, un puñado de periodistas mexicanos se empeñan en contarnos microhistorias que documentan cómo el hampa le sigue ganando terreno a lo que llamamos “nuestro país”. No pretenden dar cátedra ni se vanaglorian como “reporteros de investigación”: van a las madrigueras, miran de frente al monstruo y regresan a sus redacciones a describirlo. Saben que al hacerlo la vida les puede ir en juego. Lejos de la fama. De la gloria.
Mañana se cumplirán dos semanas desde que uno de “ellos” desapareció. Así: se fue, alguien se lo llevó. Se llama Alfredo Jiménez Mota. Trabaja para El Imparcial de Sonora. Le pido al subdirector de ese diario, Jorge Morales, que nos cuente:
“En Sonora, de dos o tres años para acá, hemos empezado a ver la violencia relacionada con el narcotráfico. Aquí sucedía una cosa muy curiosa. Decían que éramos como una novia bien cuidada, porque las estadísticas de violencia, de balaceras, de ejecuciones, nos rodeaban, pero no nos daban. Sinaloa, Chihuahua, Baja California han sido estados muy violentos por muchos años. En Sonora, sin embargo, apenas de dos años para acá empezamos a registrar noticias de este tipo.
“Nos vimos en la necesidad de contar con especialistas, gente que le supiera explicar a los sonorenses qué es lo que estaba pasando, por qué de repente en un restaurante había una balacera en donde mataban a un mesero que no tenía que ver en el asunto; por qué en pleno boulevard, comandos de ocho o diez personas con armas de alto poder estaban matando a alguien; por qué esa gente con bazucas y lanzagranadas.
“Encontramos a un sonorense que estaba trabajando en el periódico El Debate, de Culiacán. Joven, muy vigoroso, con gran empuje: Alfredo Jiménez Mota. Lo trajimos, le hicimos una serie de exámenes y dijimos ‘¡este es!’ Empezó a trabajar, a hacer sus investigaciones, sus contactos. Empezó a publicar trabajos por regiones dentro del estado sobre cómo están conformados los cárteles regionales, quién controla los flujos de droga, incluso denuncias contra algunas autoridades.
“Uno de esos reportajes, al parecer, es lo que provocó que hoy esté desaparecido. Él había publicado recientemente trabajos sobre prácticamente todos los cárteles regionales. No había una situación marcada sobre alguno de ellos en particular. Él, directamente, no había recibido amenazas. Pero estaba inquieto. Decía que sentía que lo seguían, que sentía que lo acechaban. Aunque luego él mismo decía: ‘Se me hace que estoy paranoico, en Culiacán hice trabajos mucho más riesgosos y mucho más fuertes de los que estoy haciendo aquí’.
“La noche del sábado 2 de abril se iba a ver con una compañera de trabajo. Nunca llegó a la cita. Le había dicho a su compañera que, antes, iba a ver a un contacto, porque ese contacto estaba muy nervioso. Fue la última comunicación.
“Nosotros, como periódico y coadyuvantes en la investigación de la Procuraduría de Sonora, hemos estado al pendiente del desarrollo de las líneas de investigación, que por razones obvias no podemos dar a conocer. Conservamos la esperanza de que se encuentre vivo, una esperanza que cada día se ve más lejana. Estamos rogándole a Dios para que regrese pronto con nosotros. Pero no hay noticias de Alfredo. No tenemos el más mínimo indicio del vehículo en que se lo llevaron, ni de quién se lo llevó.
“Eso es lo que te puedo decir. En verdad es un poco desesperante la situación por acá, para el periodismo en Sonora”.