Ciro Gómez Leyva
No es que el gobierno quiera silenciar a CNI: es que no le importa matarlo con tal de no meterse en problemas con los consorcios de Salinas Pliego.
Tristán Canales (dice ser “mi amigo”, un amigo que me quiere meter a la cárcel), vocero de Televisión Azteca, expresó en MILENIO Semanal otra mentira. Dijo como descalificación que yo quiero ser “el paladín de la libertad de prensa” y no sé qué más. Frente a la mentira puede buscar una declaración, una acción mía en ese sentido. No la encontrará. A diferencia de TV Azteca, cuyo discurso ha errado entre lo legaloide, el linchamiento y la autoadoración, el de CNI ha sido elemental: fuimos despojados de nuestras instalaciones y nuestra señal mediante un operativo violento; pedimos la devolución de nuestras instalaciones y nuestra señal, así como el castigo para quienes diseñaron y ejecutaron la toma violenta.
Los violentos, gangsteriles, son ellos, una parte del cuerpo directivo de TV Azteca. Y no por un asunto de “libertad de prensa”, sino porque abren espacio para que los matones quepan en la nómina; porque entrenan y ordenan a pistoleros para que agredan a la hora de los cobardes; por el dominio que tienen de las técnicas de intimidación; porque corrompen; porque humillan a la menor oportunidad. Por eso.
Siempre será tentador para un grupo de periodistas creer que ha sido alcanzado por el látigo de la censura. Quiere decir, antes que nada, que su trabajo importa, por eso es reprimido. No es el caso en el conflicto CNI-Televisión Azteca.
Más de un funcionario de la Presidencia de la República, por ejemplo el ex vocero Francisco Ortiz, ha dicho de frente que le molesta el tono de CNI. De fuentes confiables se sabe que CNI no es del agrado de algunos secretarios y asesores, ni de Marta Sahagún, la otra ex vocera que tanto cortejó al 40 en los años en que el 40 hacía el mismo trabajo periodístico con la presidencia de Ernesto Zedillo del que hace hoy con la de su esposo. Es entendible y, pienso, están en su derecho de divulgar ese malestar, e incluso de desalentar en el sector público la compra de anuncios en la pantalla del 40. Si el 40 se quejara de eso, ¿en qué consistiría entonces el famoso “periodismo crítico”?
Sería una deshonestidad, además, no mencionar la inobjetable relación profesional con la PGR, la Secretaría de Seguridad Pública, la de Desarrollo Social y varias más, por no hablar de la sensibilidad y elegancia que siempre desplegaron Santiago Creel y su equipo a la hora de dirimir diferencias informativas. Sería una impudicia olvidar que CNI coprodujo en noviembre una serie de cuatro capítulos con Pemex. O que la Secretaría de Energía fue el soporte comercial del programa Sinergia.
La fase reciente del pleito de Televisión Azteca y CNI es un caso en donde una de las partes se hartó de no poder ganar en los tribunales y decidió tomar las armas. Frente a la violencia azteca, eso sí, la actuación del gobierno federal ha sido lamentable.
El gobierno se desentendió diez días del despojo. No movió un dedo para atenuar la mayor campaña de linchamiento lanzada jamás por un particular en contra de otro, Javier Moreno Valle, en la historia de la televisión mexicana. Jugó con la posibilidad de aplicar la requisa en detrimento de la parte agredida. Se comportó como una suerte de cobrador de las cuentas de Ricardo Salinas Pliego en las tristes negociaciones de Barcelona. Homologó consignaciones que no tenían que ver entre sí: la de los pistoleros del Chiqihuite y la de Moreno Valle por dejar de transmitir la programación de TV Azteca en el 2000. Y al final, si bien expulsó a TV Azteca de donde jamás debió haber estado, no se atrevió a consumar el acto elemental de justicia restitutiva: la devolución de las instalaciones y la señal a la empresa despojada para que el caso pudiera seguir corriendo en tribunales.
Sus titubeos, su pobre concepto de la máxima salomónica, son una puñalada en la espalda de CNI, empresa que difícilmente sobrevivirá como canal de televisión de persistir esta requisa con disfraz.
Y ese no fue un asunto de prensa. Fue la falta de firmeza del gobierno para decirle al consorcio de empresas de Salinas Pliego que en México no puede haber grupo más poderoso que el encabezado por Vicente Fox. No es que el gobierno censure al 40: es que no le quita el sueño matarlo con tal de no meterse en problemas serios con Salinas Pliego. Si el gobierno pide que se detenga a Moreno Valle no es por las imágenes en donde un ejidatario de Atenco habla de las “botas de puto de Fox”, sino porque así se lo está imponiendo Salinas Pliego. El gobierno ha sido negligente y cobarde.
¿Por qué el gobierno de Fox persigue a Moreno Valle? ¿No sabe acaso que diez días después de la decisión de julio del 2000, cuando el dueño de CNI dio por terminadas las relaciones comerciales con TV Azteca (basado en la interpretación de un resolutivo de la SCT, interpretación que, al día de hoy, coincide con la del Poder Judicial Mexicano), Moreno Valle se reunió con Pedro Padilla, el enviado de Salinas Pliego para buscar una salida? Se le explicó el por qué de la decisión: TV Azteca había tendido desde finales de 1999 un cerco alrededor de CNI para matarla de hambre y apoderarse del 40 a un precio literalmente de liquidación. Se le dijo a Padilla que en un lapso razonable se le pagaría a Salinas Pliego, pero que había que hacer muy bien las cuentas. Me consta, y le consta al gobierno, que en aquellos días dos empresarios muy solventes se acercaron a Moreno Valle para ofrecerle el dinero para saldar la deuda con TV Azteca a cambio de acciones del 40.
Pero TV Azteca, muy en su derecho, optó por llevar el caso a los tribunales. Ahí lo mantuvo hasta la madrugada del 27 de diciembre, cuando una parte de los directivos (hoy denunciados penalmente) decidió que había llegado la hora de las armas. Y frente a eso parece que el gobierno le ha concedido a Salinas Pliego el deseo de que, cuando menos en este sexenio, Moreno Valle no vuelva a operar el Canal 40 y que, de paso, el 40 muera de inanición.
No es un asunto de paladines, como dice “mi amigo” Tristán. Es una extorsión. Y una vergüenza para el gobierno.