Ciro Gómez Leyva
Cien días más tarde vuelvo a hablar con él. Conversamos en aquel entonces sobre lo mismo de hoy: el secuestro de Alfredo Jiménez Mota, el reportero que habían traído de El Debate de Culiacán para reforzar las investigaciones periodísticas de El Imparcial de Sonora sobre narcotráfico. Necesitaban a alguien con experiencia e ímpetu que se metiera a las madrigueras, mirara de frente al monstruo y regresara a la redacción a describirlo. Acertaron con Alfredo. Estaban muy contentos con él. Pero la noche del sábado 2 de abril, el monstruo vino y se lo llevó.
Cien días después me estremece volver a hablar con Jorge Morales, subdirector de El Imparcial. Me congela su testimonio:
–Ya no escribimos sobre narcotráfico –hace una pausa, que se parece a la de la impotencia–. Porque no hay garantías en el norte del país. Esto está yendo demasiado lejos. Ya no nos atrevemos a escribir sobre grupos de delincuencia organizada. Desafortunadamente. Estamos atemorizados. Y no solamente en El Imparcial: en todos los medios sonorenses, en los medios del norte del país; colegas de Sinaloa, colegas de Baja California que… que… han dejado de hacer investigaciones relacionadas con el narcotráfico. Tal vez excepto el semanario Zeta de Tijuana... Pero nosotros ya no escribimos sobre narcotráfico…
(¿Han dejado de reportear al narco? ¿Quién nos va a informar ahora sobre cómo el hampa le ganó un metro más de terreno a nuestro “Estado nacional”? ¿Quién hará ahora la descripción física de los sicarios? ¿Qué no son ellos, a quienes llamamos “medios regionales”, la primera línea de combate, responsable de abastecer a “los especialistas”, que con todas las comodidades y ninguno de los riesgos, pontifican sobre los cárteles desde la capital: en la “televisión nacional”, la “radio nacional”, los “diarios nacionales”, para luego pasar a recoger los “premios nacionales” y los “sueldos nacionales”?)
Son las preguntas que le tendría que hacer a Jorge Morales. De periodista a periodista. ¿Qué la esencia de nuestro oficio no es machacar las contradicciones? Periodistas que reconocen que por miedo han dejado de ser periodistas.
¡Al diablo con los manuales! ¡Al diablo con los cánones! ¿Cómo carajo voy a apretar a alguien, a algunos, que son los genuinos periodistas, los que corren los riesgos en serio, con el pellejo? Por eso lo único que quiero hacerle sentir a Jorge, a los compañeros del norte, es que los admiro profundamente. Y en el fondo, que tengo la envidia del periodista que sabe que la gran historia, el suceso está corriendo en otra parte. La de ellos.
–Dejaron de escribir sobre el narco, Jorge –balbuceo.
–Porque simple y sencillamente todos tenemos mucho miedo de que podamos molestar a alguien, y que eso nos cueste la vida… o alguna otra cosa más preciada.
Pasaron ya cien días desde que Alfredo Jiménez Mota desapareció. El lunes, el procurador Daniel Cabeza de Vaca se comprometió ante los padres de Alfredo, y ante Jorge Morales, les aseguró que pondrá más gente para reforzar las investigaciones, para apoyar a la fiscalía especial. Para investigar el hecho, para investigar al narco, como hacía Alfredo. Cien días ya.