The Wall Street Journal se ocupó ayer del finalista de la recién concluida emisión de Big Brother VIP, y diputado con licencia del Partido Verde, Jorge Kahwagi. Lo hizo en términos poco amistosos: “Ver a un congresista federal tumbado en una casa, con sus calzones de boxeador, fumando y chismeando con una docena de actores causó ira en un país harto de un Congreso que no hace nada”.
En la nota de primera plana, escrita por David Luhnow, se hace una viñeta biográfica del diputado con licencia, “junior, director del periódico Crónica y número 29 en el ranking de la división Crucero del Consejo Mundial de Boxeo”, así como un recordatorio de que “los legisladores en México se reúnen durante 21 semanas al año, y sólo dos días por semana, y a pesar de que tienen una ligera carga de trabajo, ganan en promedio más de 146 mil dólares al año”.
Una encuesta podría desmontar el eje del texto de The Wall Street Journal. No estoy seguro que “el país” haya reprobado la participación del desembarazado Kahwagi, ni que los millones de televidentes que siguieron Big Brother VIP durante 50 días se hayan ofendido al verlo tratándole de tocar las bubis (así le dicen en Big Brother a las históricas chichis) a alguna de las actrices que lo acompañaron en el desmadre. Ahí están los altos ratings y el tercer lugar de popularidad que alcanzó en el programa el ex coordinador de los 17 parlamentarios verdes.
Y es que, pese a lo que piense el famoso diario financiero, y más allá del plano grotesco y de ridiculez que supondría el ver en calzones, fumando y chismeando, a un diputado federal, la decisión de meter a Kahwagi a Big Brother VIP fue quizá un muy buen negocio para el partido y, sobre todo, para su presidente, Jorge Emilio González.
El Niño Verde y el boxeador debieron haber calculado que la participación de este último en una producción tan taquillera podría ayudar a disipar los restos del escalofriante episodio del video en que Jorge Emilio se preparaba para servirse un banquete de dos millones de dólares. Y que la presencia de Kahwagi en el programa les acarrearía simpatías, popularidad. El propio Kahwagi lo expresó en aquel entonces: “La política necesita novedosas formas de oxigenación”.
Si así lo planearon, felicidades, parece que les salió bien. Por eso nadie tendría que sorprenderse si el Partido Verde informa la próxima semana que, luego de un “enérgico llamado de atención” a su reality star, a su iron man, ha decidido reinstalarlo en San Lázaro. Y por qué no, reinstalarlo como coordinador de los 17. A fin de cuentas, los verdes no tienen contendientes de peso para relevarlo.
Dicho en lenguaje militar, no habría que extrañarse, pues, si lo sancionan con tres días de arresto y luego lo ascienden al grado inmediato superior.
Oscar Wilde, que no conoció a los niños verdes, pero que también escribía en inglés, acostumbraba preguntarse ¿qué es un cínico? Él mismo se respondía: uno que conoce el precio de todas las cosas y el valor de ninguna.