De no ocurrir nada extraordinario que lo malogre por segunda ocasión, en el curso de junio comenzará a circular El Independiente, un nuevo periódico presidido por el constructor Carlos Ahumada. La dirección editorial estará en manos de dos periodistas por demás conocidos: Raymundo Riva Palacio y Javier Solórzano”.
Con ese párrafo de arranque, hoy hace un año comenzó a publicarse en este espacio La historia en breve. El texto de aquel 12 de mayo de 2003 confirmaba, creo que por primera vez, el nacimiento de El Independiente, diario que empezó a circular tres semanas más tarde.
Tanto Federico Arreola como Carlos Marín me advirtieron la noche previa que era un texto demasiado alegre, especialmente por las referencias sobre Carlos Ahumada, de quien Federico decía tener registradas una serie de trampas y maniobras de competencia desleal para dañar a MILENIO. Pero, como siempre, me dijeron que era mi texto y, por lo mismo, mi problema.
Creo que salvo un adjetivo por ahí, la nota se publicó tal cual. Decía: “A Ahumada lo obsesiona una idea: ‘Tiene que ser un diario de gran calidad, porque esa es la única oportunidad que tenemos para abrirnos paso en un mercado tan competido’”.
Y seguía: “El Independiente marcará, además, la presentación en sociedad del controvertido Carlos Ahumada. El exitoso empresario de 39 años, nacido en Argentina, pero mexicano desde que era un niño, dueño de la constructora Grupo Quart, ha sido objeto de insidias y vulgaridades durante los últimos meses. Las más simplistas lo ubican en negocios ligados a los gobiernos del PRD. Otras lo pintan como un mecenas de raras figuras políticas. Otras lo quieren emparentar con personajes del viejo PRI. Otras más se aventuran groseramente en chismes que tienen que ver con su vida privada”.
Cerraba: “Ahumada, dueño también del equipo de futbol León, aparecerá en el directorio de El Independiente como lo que es, presidente de la empresa que editará el nuevo diario: ‘No me gusta la media tabla’, concluía. ‘Tenemos que estar muy pronto entre los mejores’”.
Días antes, días después de aquel 12 de mayo, recibí una invitación de Carlos Ahumada para sumarme al equipo de El Independiente. Conversé con él en un par de ocasiones. Le agradecí la generosa oferta (un suculento contrato por cinco años). Como todas las veces que charlamos, fue muy respetuoso, pulcro, aunque me dijo que no entendía por qué me negaba a incorporarme al diario que iba a marcar un antes y un después en la prensa mexicana.
Le di algunas razones sobre las cuales ya no vale la pena divagar. Pero, fundamentalmente, le dije que MILENIO era mi casa, una casa en donde (de Pancho González para abajo) siempre me habían tratado extraordinariamente bien. Y que si había dos locos con los que quería seguir trabajando en un diario, ellos eran Federico Arreola y Carlos Marín, quienes hace un año, con sabiduría periodística, me advirtieron que aquel texto era demasiado alegre.