Ciro Gómez Leyva
Más allá del voto de los ministros de la Suprema Corte de Justicia sobre la llamada ley Televisa, hay quizá un asunto más significativo: el sentido de lo que expresaron en las siete últimas sesiones.
Los ministros sabían que mucha gente seguiría las transmisiones por televisión. No podían darse el lujo de presentarse como amateurs, o como leguleyos fuera de lugar, o como líricos que improvisaban según corriera la fiesta. Los ministros se prepararon. Y hablaron.
Reconsideraron tiempos y formas de las concesiones. Privilegiaron la competencia sobre el statu quo. Demandaron repensar la supervisión y normatividad (en ocasiones, con una lógica francamente reaccionaria). Abogaron para que la participación en los medios sea más horizontal. En fin.
El asunto pasa ahora a manos de los diputados y los senadores. ¿Tendrán la voluntad y, sobre todo, el talento para ir más adelante de donde dejaron la bandera los ministros? ¿La obra de los ministros será el techo o el piso de los futuros cambios legislativos? ¿Compartirán los legisladores el sentido de urgencia que mostraron los ministros para dirimir el tema?
Las sesiones de la Corte dejan el terreno abierto para hacer cambios que parecerían urgentes. Pero las sofisticaciones legales y tecnológicas en la materia podrían provocar también que los cambios a las leyes de Telecomunicaciones y Radio y Televisión se difirieran tanto que al final acabaran siendo más o menos la misma cosa, con nuevo nombre y envoltura.
La pelota está en San Lázaro y Xicoténcatl. Y, lo dijimos ayer, ya no habrá espacio para repetir los pretextos de que los senadores y diputados fueron sorprendidos o presionados. Veremos de qué tamaño son comparados con los ministros.
Periodista.
gomezleyva@milenio.com
Este texto se publicó el viernes 08 de junio de 2007 en el periódico Milenio.
Agradecemos al autor su autorización para reproducirlo.