Ciro Gómez Leyva
Conocí de cerca al entonces senador del PAN Javier Corral en los días del Chiquihuite, cuando Tv Azteca tomó a punta de pistola la planta transmisora de CNI/Canal 40. Enero de 2003. Él llegó por su cuenta, como voluntario en una batalla.
Me costaba entenderlo. Su lenguaje pletórico en sofisticaciones legales y palabras de la jerga de telecomunicaciones, se mezclaba con interpretaciones políticas, a veces abiertas, a veces encriptadas. Bien a bien, no sé qué tan eficaz fue su apoyo. Lo que no olvido es su solidaridad. Cuando se recuperó la señal del Canal 40, él fue de los que no pidió nada a cambio de los desvelos y las malas pasadas.
Por eso creo que Javier Corral (a quien sólo he vuelto a ver una vez desde entonces) es un hombre de convicciones. No comparto su radicalismo a ultranza frente a la ley Televisa, pero me parece injusto que se le quiera hacer pasar como un mercader que se opone sólo para lucrar y obtener quién sabe qué beneficios. Por cierto, la primera campaña de lodo que le tiraron fue a los pocos días de concluido el Chiquihuite.
Él dice hoy que la ley Televisa viola el principio constitucional de igualdad, contraviene la prohibición impuesta al Congreso de la Unión de crear leyes privativas, impide a la Cofetel hacer efectiva la prohibición de las prácticas monopólicas. Y varias cosas más. Ha estudiado el tema. Piensa, y lo dice, que la ley no es buena.
Como hace cuatro años, me cuesta entender su lenguaje de leyes y telecomunicaciones. No sé si tenga razón. Pero ni él ni nadie merecen ser ridiculizados, denigrados, por apoyar o enfrentarse a una ley, un gobierno, un partido de izquierda o derecha, un poder.
Lo digo por gratitud. Y por convicción.
Periodista.
gomezleyva@milenio.com
Este texto se publicó el martes 29 de mayo de 2007 en el periódico Milenio.
Agradecemos al autor su autorización para reproducirlo.