Ciro Gómez Leyva
En la hora del triunfo de quienes señalaron los excesos e ilegalidades de la llamada ley Televisa, bien vale recordar tres mitos esparcidos desde hace años que hoy se caen a pedazos.
Uno, la Corte está al servicio de los poderosos. Versión diseminada, como nadie, por Andrés Manuel López Obrador desde los días del litigio del Paraje San Juan, a mediados de 2003, y que alcanzó su apogeo en el desafuero del mismo político, en la primavera de 2005. Una Corte vendida no tendría por qué haberse metido entre las patas de grupos tan poderosos, como los dueños de estaciones de televisión y radio, para tacharles con plumón grueso su “plan de negocios convertido en ley”.
Dos, Calderón gobernará para Azcárraga, Slim, Salinas Pliego. Tomo el fragmento del editorial publicado ayer en The New York Times: “Con el gobierno del presidente Felipe Calderón presionando para que haya mayor competencia en distintas industrias, la ley de medios llegó a la Corte como ejemplo de los cambios en la intemperie política”. Una Presidencia naciente e hipotecada se habría visto forzada a mover las palancas para tratar de descarrilar los esfuerzos que destruyeron la ley Televisa. No ocurrió.
Tres, el duopolio televisivo es invencible. Creencia aceptada por vastos sectores sociales, a pesar de los resultados de la elección presidencial de 2006. Pero después de los hechos del martes 5 de junio, el contenido de este mito pierde buena parte de “su verdad”.
La realidad es que el asunto regresa a manos del Legislativo, que ahora sabe bien que puede hacer su trabajo al margen de los apetitos de Los Pinos y de los anhelos e intereses de Chapultepec y el Ajusco. Al derrumbarse los mitos, se acaban también muchos pretextos.
Periodista.
gomezleyva@milenio.com
Este texto se publicó el jueves 07 de junio de 2007 en el periódico Milenio.
Agradecemos al autor su autorización para reproducirlo.