Respuesta del Director
Querido Raymundo:
El tono de tu carta me recuerda a Luis Miguel: “Usted es el culpable de todas mis angustias y todos mis quebrantos”. ¿Desde cuándo me hablas de usted? Me saca de onda tu formalidad, Raymundo. Pero quizá lo que pasa es que según los manuales de periodismo está prohibido el tuteo en los escritos dirigidos a un “director” de periódico. Es que, en efecto, periodísticamente hablando, soy un ignorante y un incompetente. Lo reconozco, desde luego, pero no puedo dejar de preguntarme por qué, entonces, me aceptaste como tu jefe durante por lo menos un par de años. Por cierto, hasta horas antes de tu salida de MILENIO buscaste conmigo fórmulas para hacer posible que siguieras aquí, es decir, para seguir siendo mi subordinado. Sobran testigos de esta historia, lo sabes. El hecho es que tardaste mucho tiempo para darte cuenta de mi incompetencia. Hasta yo, que soy tan bruto como muy bien has diagnosticado, me tardo menos en reconocer a un tarado.
Qué bueno que en tu carta no insistas en la falsedad de que saliste de MILENIO como consecuencia del toallagate , asunto en cuya investigación y edición, simplemente, no participaste. Dices que te fuiste de aquí por presiones de Marta Sahagún. No es cierto. A Marta, cuando fue la vocera de Fox, no le gustaban tus artículos, como no le gustaban los textos de muchos otros periodistas de MILENIO. Si yo hubiera actuado en función de las preferencias de esta dama, ya no trabajarían en MILENIO no pocos periodistas que aquí siguen, como tu amigo (¿ex amigo?) Carlos Marín.
Me alegra que admitas que se transmite por estaciones de radio del gobierno el noticiero de Ricardo Rocha, en el que ahora trabajas como director editorial. El acuerdo de Ricardo y el IMER no es, claro que no, una concesión gubernamental (una concesión es otra cosa, y en ningún momento dije que lo fuera), sino un pacto comercial entre un organismo público y un empresario privado. Para algunos concesionarios de radio y televisión eso es irregular, por más que Rocha pague (¿paga lo justo?, ¿cuánto sería lo justo?) una renta. Pero bueno, el caso es que indirectamente trabajas involucrado con el gobierno, lo que no es ningún pecado. Tú sigues siendo, como lo has sido siempre, un periodista crítico, y qué bueno. Por tu independencia te contraté, y lo sabes, como sabes que no fue por tu independencia, sino por tu mal carácter, que te fuiste.
Te ofrecí una dirección internacional de Multimedios Estrellas de Oro, pero no para hacer relaciones públicas, sino para buscar y concretar oportunidades de negocio fuera de México. Pero no te ofrecí un sueldo de más de 15 mil dólares mensuales, porque más o menos eso es lo que ya ganabas aquí. Lo del bono de dos millones de pesos, supongo, lo has inventado simplemente por ganas que tienes de adornarte o divertirte. Y no recibiste ninguna liquidación porque no fuiste despedido. Se te entregó, nada más, algo así como un sobrado reconocimiento en dinero y especie por el buen trabajó que alguna vez realizaste en MILENIO.
Sí me sentía más o menos acomplejado por tu comportamiento. Me regañabas mucho, me gritabas cada que se te pegaba la gana, así eres tú. Aguanté tu mal humor todo lo que pude, pero un día me cansé y, aprovechando que yo era el jefe y tú el subordinado, te quité la dirección del periódico. Tienes razón, sobran testigos de que dije lo que dije.
Dices que Carlos Marín y yo te hemos infamado por todos lados. Sé que él no ha publicado injurias contra ti y en cambio tú hasta boletinas tus insultos. De cualquier manera, te ofrezco una disculpa por lo que sea que de mí te haya lastimado, pero si tal ha ocurrido ha sido para responder lo que tú has dicho de nosotros. Cuando saliste, me enviaste una carta muy dura, mentirosa y ofensiva, para publicarla en MILENIO. La respondí, y Marín también lo hizo. No se publicó nada porque tú y yo lo acordamos, pero hiciste circular tu carta por internet y fax y fue reproducida por algunos de tus amigos columnistas. Marín es más capaz que tú. Lo es como reportero (los reportajes de Carlos han sido más importantes que los tuyos) y como directivo (lo sé ahora que lo trato como responsable de MILENIO. Sí te dije alguna vez: “Ya sé por qué Scherer no dejó a Marín como director de Proceso; lo hubiera destrozado”, lo dije porque estaba molesto con Marín y su terca propensión a las remodelaciones y ajustes de salarios al personal. Y claro, yo sé por qué no te dejé como director de MILENIO: ¡Porque lo hubieras destrozado!, es decir, lo hubieran destrozado tu estilo gerencial iracundo y tus pleitos conmigo. Como en las películas, ya no había espacio para ambos en el mismo periódico. Una buena solución para MILENIO quizá hubiera sido mi salida, pero te tocó perder a ti simplemente porque yo tenía más autoridad. Desde luego, las otras palabras que me atribuyes no las reconozco como mías. Sé que quieres enemistarme con Carlos Marín, ojalá no lo consigas.
Dices que es “mucho pedir” que se publique tu carta. Claro que no, tú puedes publicar en MILENIO todas las cartas que quieras. Y hasta podrás regresar a este diario como columnista, si así lo deseas, siempre y cuando lo acepte Marín, y supongo que sí lo aceptará.
Federico Arreola