Aleida Calleja
La discusión en la Suprema Corte de Justicia sobre la inconstitucionalidad a las reformas de radio, televisión y telecomunicaciones es un hito en la historia reciente de nuestro país. Lo es en distintos sentidos, en principio porque varios sectores de la sociedad reaccionaron ante un tema que solía discutirse sólo entre especialistas, comunicadores y grupos pequeños. Sin embargo esta vez grupos políticos, sociales, empresariales y académicos, entre otros, fueron directamente a las sesiones de la Corte, las siguieron por Internet o a través de la televisión de paga. Las emisoras comunitarias se enlazaron por la Web para transmitir el análisis de los ministros, hubo que explicar ante las preguntas de la gente sobre muchos temas y términos que le resultaban complejos, pero la atención ahí estaba.
Como expresé en una colaboración reciente para el portal de etcétera, también la manera en
como los ministros de la Corte determinaron llevar el proceso de discusión es un precedente histórico,
tanto por la apertura para hablar con los sectores involucrados, como por la transparencia con la que
se presentó el proyecto de sentencia y la discusión de los temas contenidos en la acción
de inconstitucionalidad; además del hecho de haber aceptado de manera formal los
amicus curiae, por parte de grupos que no forman parte del litigio pero que están interesados en el tema, como forma
de acercarse información para un análisis integral antes de hacer la sentencia, fue también algo que
nunca antes se había hecho en ese máximo tribunal.
Los argumentos expuestos a lo largo de estos días por parte de los ministros también fueron,
en muchos casos, una revelación, por ejemplo las propuestas del ministro Góngora Pimentel quien
recurrió al fondo esencial: la libertad de expresión, y lo sustentó no solamente en la propia Constitución,
sino que retomó lo que se establece en tratados y convenciones internacionales de derechos humanos en
la materia, algo en lo que tradicionalmente la Corte había tenido resistencias por un resabio de
sentimientos nacionalistas que niega el principio de que los derechos humanos son universales e indivisibles.
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Foto: Víctor Hugo Ortiz/Cuartoscuro |
Los argumentos para declarar la inconstitucionalidad de varias de las reformas, muchos de
ellos expuestos ante el Senado, que en aquel momento los legisladores se negaron a escuchar y
mucho menos a atender, hoy, son las resoluciones de la Corte para determinar que se violentaron garantías
de la sociedad, lo que demuestra que el proceso legislativo fue contra la misma Carta Magna. Y se caen
los argumentos contra quienes criticábamos la ley porque queríamos el retraso del país a la
modernidad, hoy se demuestra que no es así. Lo que queda en la historia es que quienes estábamos contra
las reformas era porque violentaban principios constitucionales y derechos humanos fundamentales,
que simplemente unos cuantos impusieron a millones y a la justicia mínima.
Las previsiones hacían ver difícil este proceso deliberativo en función de las presiones que
ejercerían los poderes fácticos. Lo constatamos cuando las televisoras comenzaron a cuestionar las
resoluciones de la Corte, con una franca manipulación informativa, disfrazada de noticia. Ellas solas
demostraron por qué había que poner un límite a los excesos de los medios electrónicos, especialmente de
las televisoras privadas. En voz del ministro Aguirre Anguiano se advirtió que el máximo tribunal del
país no aceptaría presiones. "No saben de qué estamos hechos", fue la frase que más quedó grabada en
los medios. La resolución sobre la inconstitucionalidad de artículos como el 28, central por el tema de
la concentración y los monopolios, así como el tema de la subasta y la necesaria opinión favorable de
la Cofeco para el caso de las concesiones y detener el refrendo automático de las mismas al infinito,
son sin duda decisiones de primera importancia que hacen que la Ley Televisa se venga abajo, y se
confirme que era a todas luces un despojo a la nación.
Sin embargo, hemos de reconocer que quedaron varios temas sin resolverse como
hubiésemos aspirado, pues la Corte determinó la constitucionalidad de puntos que otros consideramos
también violaban derechos. Uno de ellos atañe directamente a las emisoras comunitarias.
El reconocimiento explícito por parte de los ministros de la inconstitucionalidad del procedimiento para el otorgamiento de permisos, por violar el principio de seguridad jurídica, es sin duda, un avance sustancial sin precedente, pues es algo que se viene denunciando desde hace décadas, y ahora por fin encuentra sustento jurídico que le hace justicia. La Corte determinó claramente que es inadmisible la discrecionalidad que se establecía en las reformas, por cuanto propicia la arbitrariedad de la
autoridad hacia los peticionarios de permisos, algo que han padecido las emisoras comunitarias y cientos
de grupos más que han querido acceder a estas autorizaciones. Ese sólo reconocimiento es justicia y
es historia, aunque hayan tenido que pasar varias décadas para que sucediera. Qué bueno que ahora
pasó, lo celebramos.