Carmen García Bermejo
La televisión cultural no puede ser imitación velada de la comercialA pesar de que un alto promedio de su programación está catalogado por los teóricos de la comunicación como "telebasura", la televisión comercial capta el 97 por ciento de la audiencia. Pero la televisión cultural no puede medirse con el criterio cuantitativo del rating, sino de su función educativa vinculada a las necesidades reales del tejido social.
La celebración de los XV años del Canal 22 ha resultado fructífera para el análisis de los medios electrónicos de comunicación debido a que especialistas de diferentes países han discutido el tema en el Encuentro Internacional de Cultura y Medios que durante el mes de junio se ha desarrollado en el Centro Nacional de las Artes. Cerca de 40 ponentes de América Latina y Europa han expuesto la función de los medios de servicio público en donde está enmarcada la televisión educativa y cultural que, en algunas naciones, es incipiente y, en otras, se enfrenta al reto de no ser desdibujada por el esquema de la televisión comercial.
El 23 de junio de 1993 surgió el Canal 22 a petición de la comunidad cultural, que entonces solicitó a Carlos Salinas de Gortari que no privatizara esta emisora, como lo hizo con Imevisión. Tres lustros después, justo hace dos días, el lunes 23 de junio de 2008, culminó el Encuentro Internacional con el que se festejaron los 15 primeros años de esta televisora. Aunque la magna fiesta del canal quinceañero será mañana con un gran banquete.
La iconocracia del mundo moderno
En tanto, con la conferencia magistral de Román Gubern -teórico de la comunicación, historiador de cine y catedrático emérito de comunicación audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona- y con la mesa de trabajo "Autorregulación y medios" se cerró esta reunión internacional de cultura y medios en donde la discusión se centró en el papel de la televisión publica frente al sistema del libre mercado.
En ese sentido, la exposición de Román Gubern es contundente al señalar que la cultura audiovisual contemporánea se ha bifurcado entre la tendencia centrípica; es decir, el reino de la música anglosajona, el cine de Hollywood y el poder mediático; y la tendencia centrífuga; es decir, la diversificación: las televisoras locales, el videoarte, la Internet y todos los sistemas alternativos que fragmentan el monolitismo y la homogeneidad.
Sin embargo, el también autor de Patologías de la imagen y Medios iconos de masas asegura que la globalización ha producido una confusión de lo lejano y lo cercano. Todo parece cercano, aunque sea lejano. Ésa es la lógica de la ficción globalizadora que obedece a razones mercantiles. Esto es, a cadenas de mercado donde se diseminan estilos de vida, valores, conceptos, etcétera. En resumen, el corolario de la globalización es la aparición de nuevos fenómenos llamados localización; es decir, la producción global de lo local. La reproducción local de los esquemas, modelos, arquetipos, de la globalidad dominante.
Gubern se pregunta: "¿Cuál es la réplica ante este fenómeno mediático universal? A mi juicio es la verdadera cultura intersticial, aquella que ocupa los intersticios que los grandes intereses financieros y políticos dejan de lado, descuidados, porque no son rentables, porque no interesan. La cultura intersticial es aquella que ocupa los espacios de la cultura global dominante. Ahí abandonamos los conceptos clásicos, el star system, el glamour, el lucro... En esa nueva batalla por la cultura de masas, las radios y las televisoras públicas deben atender las necesidades reales del tejido social local. En ese sentido, la televisión educativa está en un frente de batalla por la civilidad, en construir redes de sustentación comunicativa que sirvan para fortalecer una sociedad más justa".
El también autor de Un cine para el cadalso / 40 años de censura cinematográfica en España agrega que hoy en día el espectador consume lo que le han enseñado a engullir previamente, lo cual provoca que las audiencias se hagan adictas a determinados formatos televisivos: "Con este mecanismo, la televisión construye la iconocracia del mundo moderno; es decir, la hegemonía de representaciones visuales en el imaginario social. Antes de esta iconocracia hemos tenido la fonogenia, la era de la radio que produjo vocalistas como Frank Sinatra; la fotogenia producida por el cine y la telegenia de la televisión, la cual es la base de la telecracia que se extiende a diferentes ámbitos que antes no eran estelares como, por ejemplo, el deporte, la política, las revistas del corazón... los cuales genera sujetos carismáticos que han servido para legitimar a caudillos y tiranos como Francisco Franco, en España. Caudillismo que se basa a nivel local, estatal o nivel hasta en el rock."
Pero Gubern asegura que en este esquema se produce un nuevo formato televisivo llamado reality show que conduce a la telerrealidad con el programa Big Brother. Esto genera un nuevo star system no basado en la medio- cracia, como el cantante, el deportista o el político, sino en la intromisión de lo vulgar: "Big Brother -asevera- ha prostituido algo que nos emocionó hace 30 años cuando vimos las películas de Antonioni y descubrimos la belleza poética de los tiempos muertos. Pero llegó el Big Brother y nos saturan esos tiempos muertos con telebasura."