Luis de la Barreda Solórzano
LA VISIÓN duró lo que un relámpago. Menos de un segundo estuvo descubierto, salvo por la estrella de diamante que cubría su pezón, el altivo y moreno seno derecho de Janet Jackson, cuyo corpiño fue desprendido por Justin Timberlake en un rápido movimiento mientras ambos cantaban durante el intermedio del Super Bowl, el mayor espectáculo televisivo en Estados Unidos. Ese instante en que la cantante lució el pecho semidesnudo está sacudiendo al país más poderoso del mundo. Una mujer del estado de Tennessee había entablado una demanda colectiva, aunque después cuerdamente desistió, sosteniendo que 80 millones de televidentes debían ser indemnizados por haber sido expuestos a una conducta lasciva. Las cadenas televisivas, regidas por estrictas normas de pudor, han impuesto nuevas restricciones que incluyen la prohibición de algunas ceremonias en directo. Un censor vigilará que no se vea más piel de lo conveniente. La Comisión Federal de Comunicación (FCC, la autoridad reguladora de los medios) informó que ha recibido más de 200,000 llamadas de espectadores indignados por “haber sido obligados a contemplar involuntariamente” un pecho femenino, y su director Michael Powell se apresuró a decir que la CBS “tiñó el espectáculo deportivo con un acto grosero y deplorable”, por lo que se abrió una investigación federal para determinar si la empresa era consciente de lo que los cantantes planeaban para el final de su actuación, en cuyo caso podría sufrir una sanción multimillonaria. Asimismo, la FCC anunció que hará cumplir estrictamente la regulación que prohíbe el uso de cualquiera de las siete expresiones vetadas en televisión: mierda, mear, coger, coño, chupapitos, puta madre y tetas.
Las organizaciones prodecencia (Centro de Defensa de la Familia, Consejo de Padres y Televisión, entre otras) encontraron en el seno al aire de Janet Jackson la coartada idónea para avanzar en su cruzada.
America On Line, que patrocinaba el espectáculo del medio tiempo, ha pedido el reembolso de sus 10 millones de dólares porque su imagen va a estar a partir de ahora vinculada al pecho de Janet Jackson para siempre. La liga nacional de futbol americano canceló la actuación en el descanso de un juego en Hawai de JC Cases, compañero de Timberlake en el grupo N’ Sync. La ceremonia de los Grammy no fue televisada en directo: se transmitió con cinco minutos de retraso a fin de dar tiempo a los censores de suprimir cualquier exceso. Lo mismo hará la ABC en la fiesta de entrega de los premios Oscar. La NBC ha censurado un plano del último episodio de Urgencias para evitar que se viera el pecho de una mujer de 80 años que apenas aparecía medio segundo en la mesa del quirófano.
Ante todo, una pregunta de contenido jurídico: dada la igualdad de hombres y mujeres ante la ley, ¿por qué un hombre puede mostrar el pecho desnudo y una mujer no? ¿Alguien podría dar una respuesta convincente? Después, una pregunta de interés psicológico: ¿no se requieren una mentalidad truculenta y una sexualidad perversa para censurar el pecho de una anciana durante una intervención quirúrgica? Y, finalmente, ¿por qué escandaliza de esa manera inaudita el tórax femenino? Nuestra especie animal fue denominada desde el siglo XVIII la de los mamíferos, que significa “de pecho”, por idea de Linneo, un físico que vio cómo su mujer amamantaba a siete hijos. La obsesión y la fascinación que los senos han ejercido sobre los hombres se debe, según Freud, a que su primer placer fue succionar los pechos de la madre. En la Edad Media, junto a la sangre de Cristo, la leche de María se consideraba el más sagrado y milagroso de los fluidos. El inmortal Pablo Neruda escribió: Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por besarte / la leche de los senos como un manantial. Y la gran poetisa mexicana Kyra Galván anticipó el deleite: Tú que te abandonaste mordiendo / mi cuerpo de sal / sobre estas almohadas sudorosas, / degustarás el sabor de mis senos y mi vientre / debajo de aquella sombra que se extiende lenta.
Escándalo y delirio, tótem y tabú, objeto de deseos y de fobias, el busto femenino es hoy en el gran país norteamericano la manzana de la discordia. Los sectores liberales de la sociedad, infinitamente más inteligentes y cultos que los segmentos farisaicos, no han de permitir que la censura se anote una victoria porque un seno se exhibió con la fugacidad de un suspiro.
EL CONGRESO Internacional de Culturas y Sistemas Jurídicos Comparados no será recordado por las ponencias (feísima denominación) allí presentadas sino por la interpretación que hizo el doctor Diego Valadés de la fracción VI del artículo 82 de la Constitución, que impone como requisito para ser Presidente de la República no ocupar un alto cargo público por lo menos seis meses antes del día de la elección. Al concluir la inauguración y ser entrevistado por los reporteros, el director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM declaró, acudiendo al espíritu del texto constitucional, que si la señora Marta Sahagún se postulara como candidata a la Presidencia, Vicente Fox estaría obligado a renunciar a su cargo con la anticipación exigida para no que no se vulnerara la legalidad. Es una interpretación ingeniosa, original y valiente.