Ricardo Alemán
En su calidad de secretario de Gobernación desde el 1 de diciembre del año 2000, el entonces ex integrante de la sociedad civil, ex diputado federal por el Partido Acción Nacional y ex candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal por ese partido, Santiago Creel Miranda, se propuso impulsar una "profunda" reforma política que incluyera, como aspectos fundamentales, la regulación del uso de los medios electrónicos de comunicación en los tiempos electorales.
En el naciente gobierno del "cambio", Creel Miranda aparecía como el menos malo de los integrantes del gabinetazo de Vicente Fox, y en tanto político surgido de la llamada sociedad civil y notable activista a favor de la transición democrática mexicana, durante meses se convirtió en una clara "esperanza" de que sería el encargado de llevar adelante el último tramo de la reforma política; el de reglamentar la relación del Estado, el gobierno, los partidos, y la sociedad, con los medios electrónicos de comunicación. Era claro para todos, en el naciente gobierno de Vicente Fox, que esa era la gran reforma pendiente.
Pero mientras que Santiago Creel Miranda se veía en el espejo de secretario de Gobernación como el seguro sucesor de Vicente Fox, al mismo tiempo se olvidaba de ese compromiso fundamental. En efecto, desde el inicio de su gestión como el encargado de la gobernación nacional, promovió un rico análisis del tema entre los más destacados expertos, quienes para el verano de 2002 ya contaban con un sólido diagnóstico y una propuesta concreta. Pero todos fueron engañados por el hasta entonces creíble secretario de Gobernación, cuando el 12 de octubre de ese año Santiago Creel anunció la emisión de un decreto por el que de manera oficial se desaparecía el tiempo oficial que radiodifusoras y televisoras pagaban al gobierno, además de que se engañaba a la sociedad con mentiras como el derecho de réplica.
El lance fue conocido como el decretazo, una tramposa forma de legalizar lo ilegal y de favorecer a los poderosos medios electrónicos, por sobre el interés público. Pero al mismo tiempo todos entendieron que Santiago Creel ya no era el secretario de Gobernación, sino el precandidato presidencial del PAN, quien en su calidad de seguro sucesor de Vicente Fox había decidido pactar con los grupos de radiodifusores y con el duopolio de la televisión privada, los mismos favores e idénticas concesiones que los gobiernos del PRI. ¿Para qué reglamentar el uso de los medios electrónicos en tiempos electorales, cuando el camino más corto y más seguro era pactar con esos medios? El PRI, al que tanto criticaron Creel y los panistas, estaba en lo correcto. Un pacto con el poder mediático es más efectivo que reglamentar el último tramo de la reforma electoral.
Pero la historia no terminó ahí. Hacia la segunda mitad de 2005, y en preparación para lanzar su precandidatura presidencial por el PAN, Santiago Creel, el todavía secretario de Gobernación, ofreció otra muestra de que sus mocedades en la sociedad civil, de que su preocupación y sus luchas por la transición democrática no habían sido más que un engaño monumental, al regalar a Televisa permisos para instalar casas de apuestas. El escándalo fue mayúsculo, quedó claro que Creel Miranda había usado su cargo para sus ambiciones personales, que intentaba congraciarse con la más poderosa de las televisoras, a cambio de recibir el favor de Televisa en su ambición de ser presidente.
Santiago Creel, el preferido de la casa presidencial para ser el huésped de esa residencia entre 2006 y 2012, el que junto con la señora Marta Sahagún le dio todo a Televisa a cambio del apoyo mediático del poderoso consorcio, quedó reducido, a los ojos de amplios sectores sociales, a un remedo de político; a un mentiroso y un ambicioso del poder. El golpe en su imagen, su credibilidad y sus aspiraciones le significó el ser descubierto como tramposo, lo llevó a la derrota en las internas del PAN.
Así, frente a las trampas, los engaños, las ambiciones desmedidas de Santiago Creel, se agigantó la imagen de Felipe Calderón quien, paradojas de la política, era el precandidato no deseado, al que desde la casa presidencial se le pusieron todos los obstáculos, el que según el círculo de Los Pinos "había nacido para perder". Felipe Calderón ganó la interna y se convirtió en el candidato presidencial del PAN. Pero muy pronto, en tanto aspirante oficial, le picó el mismo bicho que a Santiago Creel. Y en efecto, siguió los mismos pasos que el ex secretario de Gobernación.
Televisa tenía en Santiago Creel a un "peón" que con la "zanahoria" del apoyo mediático para la contienda presidencial de julio próximo, ya había hecho posible el decretazo, que ya le había regalado a Televisa los rentables permisos para casas de apuesta, pero precisamente a causa de esos excesos Televisa perdió a ese "peón" en el ajedrez del poder panista. Llegó en su lugar Felipe Calderón, a quien los ejecutivos de Televisa mostraron la misma "zanahoria" del apoyo mediático -zanahoria idéntica que les ofrecieron a Roberto Madrazo y a Andrés Manuel López Obrador, quienes instruyeron a sus diputados para que aprobaran la "ley Televisa" el 1 de diciembre de 2005, por unanimidad y sin saber lo que aprobaban-, hasta que consiguieron que Calderón avalara esa ley en el Senado de la República.
Igual que Santiago Creel, el indeseado candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón, sucumbió al poder y a las presiones de Televisa, que mañana se impondrán para aprobar el dictamen de la "ley Televisa" que será aprobada el próximo jueves. Calderón habrá perdido la confianza y la credibilidad del panismo que lo eligió por sobre Creel, porque habrá pactado lo mismo que en sus ambiciones desmedidas pactó el ex secretario de Gobernación.
Pero sobre todo, Felipe Calderón habrá traicionado las luchas históricas del PAN, se habrá quedado muy lejos de alcanzar la estatura política de luchadores sociales y políticos que, como su propio padre, dieron la vida por los principios y los ideales, que se enfrentaron a los arbitrarios, autoritarios y groseros poderes fácticos, y para quienes lo importante era no el poder, sino la cultura democrática.
¿Con qué calidad política, histórica y democrática reclamará Felipe Calderón el voto ciudadano, si ya fue derrotado por el poder de Televisa? Y la misma pregunta vale para Andrés Manuel López Obrador y para Roberto Madrazo. ¿O no?
En el camino
Y a propósito de congruencia, de honestidad y grandeza política, no se puede olvidar la lucha que en 1988 dieron contra Televisa Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel J. Clouthier. Se enfrentaron al gigante, lo derrotaron. Y hoy, ni López Obrador, ni Madrazo Pintado, ni Calderón Hinojosa muestran esa estatura. Y es que en una trampa discursiva, el PRD, AMLO y el periódico oficial quieren engañar a todos con el cuento de que la "ley Televisa" será aprobada por el PRIAN en el Senado. No, en la Cámara de Diputados, que fue la cámara de origen, la "ley Televisa" fue aprobada por todos, incluido el PRD. Y la línea para ese voto a favor vino de López Obrador, quien hoy se hace el desentendido, en otro de sus ya conocidos engaños. Y por cierto. ¿Dónde está la izquierda? ¿Qué no fue Pablo Gómez, ese prócer de la izquierda mexicana, el que ordenó el voto a favor de la "ley Televisa" a los diputados del PRD? Memoria y congruencia. ¡Cómo hacen falta!