Ricardo Alemán
El que dio la vida por la causa indígena, parece una estrella más del Canal de las Estrellas
Será el sereno, pero el Sub Marcos, el sagaz jefe de los alzados chiapanecos, el poeta cuya prosa encantó hasta a serpientes, el guapo que arrancaba gritos y suspiros, el Delegado Zero de "La otra campaña", el que dio la vida por la causa indígena, parece una estrella más del Canal de las Estrellas.
Aquel guerrillero encapuchado que vetó a Televisa para la entrega de comunicados por el levantamiento indígena, el que ridiculizó al consorcio en sus conferencias de prensa, que regateó a Televisa la entrada al Aguascalientes de las cañadas, el mismo que condicionaba las entrevistas y que hacía esperar horas y horas a los periodistas agraciados, el que cuestionó la "Ley Televisa" y la claudicación frente a ese poder fáctico del Legislativo y Ejecutivo, también sucumbió a las pantallas y a la influencia mediática del Canal de las Estrellas.
Estrategia o táctica para meterse a los polarizados tiempos electorales, para expresar su versión sobre Atenco, para defender su verdad. Lo que se quiera. Pero el dato duro, guste o no, es que el poder y la influencia de Televisa no sólo fue capaz de "doblar" a los poderes Ejecutivo y Legislativo, sino que también consiguió "domesticar" al encapuchado al que -más que Atenco, más que la violencia cruzada entre macheteros y policías- metió de lleno a la contienda presidencial del 2 de julio, si no es que a la previsible guerra del 3 de julio.
Y puede parecer una exageración, pero lo cierto es que la visita de Marcos a Televisa, la extensa y amable entrevista que mereció en el informativo de Carlos Loret de Mola -que presuntamente estuvo precedida de una conversación con Bernardo Gómez-, no es más que la confirmación de que hasta el más radical detractor de Televisa reconoce, acepta y se somete al poder fáctico del consorcio de Emilio Azcárraga Jean, el cual se echó a la bolsa a Marcos, el guerrillero que llegó al absurdo de decir que las imágenes manipuladas sobre Atenco, salieron de Tv Azteca. Televisa es la televisión buena, Azteca es la mala, según el Delegado Zero.
Por las razones que se quiera, el jefe zapatista aceptó que luego de La Jornada -el periódico que lo ha seguido desde 1994-, el medio que merecía una entrevista sería Televisa. Es decir, que Marcos habría llegado a la misma conclusión a la que en su momento llegaron Santiago Creel, Felipe Calderón, Vicente Fox, Roberto Madrazo y AMLO. La conclusión de que sin pantalla, sin tele, no hay político que valga ni causa política o social exitosa.
Pero además, con su visita y con la ligera entrevista que mereció de Televisa -que dejó ver a Marcos no como el radical del Zócalo, de la explanada de la UNAM, de Atenco, sino como un dócil corderito de la clase política mexicana-, el jefe zapatista olvidó su maestría para el manejo mediático que le valió admiración a partir de 1994, sino que apareció como un político cualquiera, de esos que en la tele ponen su mejor cara, que frente a la pantalla modulan su discurso, que se desdicen del discurso callejero y rasposo, y que juguetean con la audiencia televisiva.
¿Por qué acudir a la televisión? ¿Por qué Televisa? ¿Necesitaba Marcos esa exposición? Está claro que el Delegado Zero tragó sapos y serpientes al olvidar su veto a dicha televisora. Sólo una causa superior pudo hacer cambiar su postura histórica -porque incluso olvidó que él imponía lugar y hora para sus entrevistas-, una causa que va más allá de Atenco y de "La otra campaña". En la primera entrevista que concedió en los más recientes cinco años, a La Jornada, Marcos dice que los medios electrónicos, la televisión, gobiernan y tienen en sus manos a los candidatos presidenciales. "Ningún medio de comunicación masiva va a permitir que nadie de la clase política se les salga del huacal". ¿Qué pasó? Que Marcos se metió al huacal... y de paso a la clase política.
El líder zapatista sabía que la televisión lo meterá de lleno a la contienda presidencial, que le volverá el alma al cuerpo a su estrategia fallida de "La otra campaña". Y eso bien vale verse como contradictorio si no es que hasta mentiroso. Porque Marcos negó que haya propuesto derrocar al gobierno que surja del 2 de julio, cuando se sabe que esa fue una de sus propuestas centrales en mítines como los del Zócalo, la UNAM y Atenco. Y quizá se desdijo porque ya tiene su favorito: "Ganará López Obrador", declaró. Y si hacemos caso a su arenga callejera, entonces derrocaría al gobierno de AMLO.
Lo importante era lograr una posición mediática. El pretexto fue Atenco y las graves violaciones de derechos humanos de las policías. Y si no, sólo basta contrastar los hechos y los dichos de Marcos. En la entrevista para La Jornada dijo: "Los medios electrónicos azuzaron el uso de la fuerza y construyeron una versión que de cualquier manera la gente de abajo no cree". Bien, si la gente de abajo no cree en la tele, y si Marcos lucha por los de abajo, ¿entonces qué hace en Televisa?
Marcos tiene 49 años, edad para pensar en el futuro. Y hay quienes dicen que acaso busca un lugar en Televisa. Total, si un payaso se convirtió en exitoso analista, ¿por qué no un encapuchado domesticado? ¿O no?