Ricardo Alemán
Es un asunto de responsabilidad política lo que lo obliga -igual que a AMLO y a Madrazo- a corregir el sometimiento
En el camino
Resulta difícil, si no es que imposible, creer que quien durante cinco años ocupó la Secretaría de Gobernación, quien acariciaba como suya la postulación presidencial por el PAN, y que por esas razones promovió una perversa alianza con Televisa -que derivó en la cuestionable y cuestionada ley Televisa-, ahora se presente como un arrepentido y hasta pretenda descubrir el hilo negro y el agua tibia.
Ex candidato a jefe de Gobierno del DF, ex secretario de Gobernación y ex precandidato presidencial por el PAN, el hoy senador Santiago Creel dijo el pasado 4 de mayo que durante el cabildeo y aprobación de la llamada ley Televisa lo que en realidad ocurrió fue "más bien una imposición que una negociación". Es decir, que toda la clase política mexicana, los poderes Ejecutivo y Legislativo, los partidos políticos, sus jefes y sus respectivos candidatos presidenciales fueron sometidos por un poder superior, el poder fáctico de las televisoras.
¡Brillante y sorprendente revelación!
Pero con meses de retraso. En el Itinerario Político del domingo 11 de diciembre de 2005, dijimos aquí, a propósito de que la Cámara de Diputados aprobó la ley Televisa, con el concurso del PRI, PAN y PRD: "A los siempre rijosos perredistas les vendieron la idea de que López Obrador requería de todo el apoyo de la televisión, que sin ese apoyo no lograría ser presidente, que sus adversarios le podían ganar en los medios. A los panistas les vendieron la idea de que para detener a AMLO se requería del poder de la televisión, en tanto que convencieron a los priístas de que el regreso del PRI al poder pasaba, sin condiciones, por el favor de las televisoras. Y todos se lo creyeron, se tragaron el engaño y todos aprobaron, sin chistas, la vergonzosa reforma".
En la misma entrega revelamos la traición de Televisa a Santiago Creel: "Empresarios de la radio y la televisión convencieron al secretario de Gobernación, Santiago Creel, para que les escriturara casas de apuesta a cambio de apoyo en mensajes televisivos para su precampaña presidencial. Creel se tragó el anzuelo, y una vez que tenían los permisos en las manos desde las propias televisoras se filtró la negociación para derribar a Santiago Creel, a quien de esa forma quitaron del camino" de la sucesión presidencial.
La presión fue similar, semanas después, en el Senado de la República. El PAN y su candidato, Felipe Calderón, y el PRI, con Roberto Madrazo, dieron el sí a la ley Televisa, mientras que los senadores del PRD rechazaron la propuesta. Pero ya no hacía falta el voto de los senadores amarillos, pues la votación más difícil, la de origen, en la Cámara de Diputados, sí fue otorgada por el PRD a favor de Televisa. Y es que luego del escandaloso sometimiento de los diputados del PRD a Televisa, sobre todo de Pablo Gómez a través de la entonces diputada Dolores Gutiérrez, los senadores intentaron lavar la cara a su partido. Jugar con la doble careta, pues.
¿Cuánto sabía Santiago Creel de los coqueteos del gobierno de Fox con Televisa -hasta mayo de 2005, cuando renunció para lanzarse como precandidato presidencial-; en cuántas de esas negociaciones participó y de cuántas de ellas era el principal beneficiado? ¿Cuándo descubrieron los señores Creel y Fox la traición de Televisa?
No, el senador Santiago Creel no puede salir ahora con el cuento de que su conciencia lo hizo rectificar en torno a la ley Televisa. No, no es un asunto sólo de conciencia, sino de responsabilidad política y republicana, que obliga al señor Creel -pero también a los señores Calderón, López Obrador y Madrazo, a los dirigentes de sus respectivos partidos, a sus líderes parlamentarios de las pasadas legislaturas en las cámaras de Diputados y Senadores- a revelar y corregir la "imposición" que padecieron y el "sometimiento" vergonzoso que convinieron.
La inconstitucional aprobación de la ley Televisa, que por ambiciones desmedidas y personalísimas sometió a casi toda la clase política mexicana, requiere de la rectificación de todos los implicados, que todos los precandidatos, candidatos y actuales gobernantes hagan su parte y que no dejen sólo al Poder Judicial, a la Suprema Corte de Justicia, que vive presiones descomunales para cerrar los ojos ante uno de los más groseros sometimientos de los poderes del Estado a los designios e intereses del poder fáctico de las televisoras.
Y también todos los partidos, sus respectivos líderes parlamentarios, tienen una oportunidad de oro para regular la participación de las televisoras en los procesos electorales y para impedir que el poder mediático se coloque por encima del poder del Estado. Y ese espacio es la reforma del Estado. Sólo falta saber quien será el valiente. Al tiempo.
Ahora son los colegas de Azteca, Gamalier López y Gerardo Paredes, periodistas desaparecidos desde el pasado 10 de mayo. Deseamos que pronto estén de vuelta, sanos y salvos.