Tengo una amiga que es una mezcla de Rose (
Frasier) y Carrie (
Sex and the City); mi jefe se parece cada vez más al patriarca editorial de
Just Shoot Me; la delgadísima abogada de la compañía donde trabajo se viste como Ally McBeal; hay tres
Barts (
The Simpsons) en el edificio donde vivo...
Bueno, al menos así los vemos todos los que hemos devenido devoradores de comedias de situación,
o sitcoms, como abreviadamente se les conoce en los países de habla inglesa.
Sí, millones de mexicanos, decenas de millones de estadounidenses y centenas de millones de habitantes
de todo el planeta estamos siendo influenciados por estas series de televisión que utilizan el
american lifestyle para seducirnos hasta llegar a convertir a sus protagonistas en parte de nuestra familia.
¿Consumes sexo como coleccionas zapatos "de marca"?, entonces estás muy cerca de ser un personaje
de Sex and the City. ¿Vives tu homosexualidad fuera del clóset?, sin duda tú eres un "amigo" de
Will & Grace. "Porque ya no hay hembras como las de antes", te has convertido en un neomacho sexualmente cínico al
que poco le importa que se sepa que un hermafrodita le está realizando una felación... De ser así, tú ya formas
parte de The Street. Abrimos un paréntesis para informarle que tras cuatro episodios exhibidos,
The Street fue censurada en España, y es que el gobierno de Aznar lo ha entendido bastante bien: difundir una
sitcom como ésta es legitimar un estilo de vida que "atenta contra las buenas costumbres de los españoles".
Hace tiempo, pues, que el poder seductor de estas series de televisión ha rebasado las fronteras de
Estados Unidos, su mayor productor. En nuestro país por ejemplo ya tuvimos
wannabes del Kevin de The Wonder
Years, tiernositos "satelucos" cuyo entorno guardaba cierto parecido con el de los personajes de esta
serie. Pero contra lo que podría suponerse, el
sex appeal de las sitcoms no sólo afecta a jóvenes o personas "en
vías de desarrollo". Jorge Ramos, mexicano de 43 años, presentador del noticiero de Univisión y autor del libro
The Other Face of America, ha comentado en una entrevista reciente: "uno de mis 'doce placeres' es ver
Sex and the City, apagar enseguida la televisión y repetir el episodio... en vivo".
La risa: remedio infalible
Late-night-show,
reality, miniserie... entre todos los programas de televisión, las
sitcom no sólo es el género más visto a nivel internacional, sino el más emulado.
El chavo del ocho serie que cumple con muchos de
los requisitos del género continúa siendo uno de los programas mexicanos más exitosos de Latinoamérica;
tan influyente es esta sitcom que entre las clases populares todavía detectamos innumerables réplicas vivientes
de Kiko, el Profesor Jirafales y, por supuesto, el Chavo.
Aparición de los personajes principales en cada episodio, situaciones que estructuran los 22 minutos
del guión, pero sobre todo humor es lo que caracteriza a la
sitcom; desvanecer las caras largas a punta de
carcajadas es siempre su objetivo a cumplir.
Y es que una de las misiones de la televisión estadounidense ha sido difundir el espíritu cómico que
ayudó a la formación de esa nación. "El humor norteamericano argumentaba Constance Rourke en 1936 ha
creado un sentido de unidad en nuestro pueblo (...). El humor revelaba la autora del libro
American Humor: A Study of the National
Character ayuda a desarrollar imágenes ideales, símbolos que adopta espontáneamente
la gente y con los cuales vivirá en alguna medida".
Si el chiste es un gran consolidador de valores nacionales (hoy podríamos decir globales), en la
sitcom encontramos su mejor difusor. Trátese de ese concurso de procacidades que es
South Park o del feroz humor negro de Six Feet
Under, la lección con humor siempre entra mejor.
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Seinfeld |
Sin embargo, y a pesar de los beneficios colonizadores de la risa, aún hay quienes ven en el humor al
enemigo público número uno. Refiriéndose a
Seinfeld, la guía televisiva de padres realizada por el ultraconservador
MRC (Media Research Center), advirtió en primerísimo lugar que esta serie "habla de sexo, homosexualidad,
impotencia, masturbación, métodos anticonceptivos...". Claro que no todos los conservadores se oponen a
Seinfeld. Rob Long, asiduo colaborador de la publicación derechista
National Review, comentó: "Aquí no hay
mensajes, ni positivos ni de otra clase. A
Seinfeld sólo le interesa que rías, que disfrutes... Nosotros somos los reyes,
Jerry Seinfeld y sus amigos, los bufones. Son ellos quienes implícitamente nos dicen que nuestra moral y nuestra
vida espiritual son únicamente nuestras, que
Seinfeld es estrictamente para reírse (...). El espectador
estadounidense (y del mundo entero, agregaríamos hoy en día) se solaza con el travieso placer de la risa apolítica".
Telemercadeo
No podríamos afirmar que la comicidad de
Seinfeld sea totalmente apolítica, pero de lo que no nos cabe
la menor duda es que si algún tipo de censura pone en riesgo la supervivencia de una serie de televisión es la
que proviene de los patrocinadores, los anunciantes.
Así, para las cadenas que difunden una
sitcom, lo más importante es la aprobación (léase la compra
de espacio publicitario) de Crest o Colgate, Fab o Ariel. Recordemos que un antecedente mediato de las
sitcoms fueron las soap operas, radionovelas que existían gracias a los productores de jabón que durante su
transmisión se anunciaban. "La televisión ha sentenciado el guionista Norman Lear
(All in the Family) no es un medio informativo o de entretenimiento, es un medio para el mercadeo".
La verdadera muerte de una
sitcom ocurre entonces cuando ésta se ha alejado irremediablemente de
su récord para comercializar su espacio publicitario. Cuando esto sucede, entonces Warner, HBO o Fox ya
no pueden vender un episodio en siete, cinco, tres o un millón de dólares, cifra esta última que dicho sea de
pasocobraba por episodio Helen Hunt, protagonista de un
Mad About You que llegó a presumir 30 millones
de telespectadores estadounidenses.
Además de los mensajes que vemos en los ocho minutos de publicidad que son transmitidos en los
cortes de una sitcom, éste puede contener en sí mismo diversos anuncios. ¿Cuántas veces no hemos visto llegar a
casa a los protagonistas de una series de televisión con una bolsa que exhibe el nombre de un diseñador o
alguna tienda famosa? ¿Cuántas Apple Powerbook
se venden a raíz de que los espectadores advierten que es en
una de estas computadoras donde la protagonista de
Sex and the City escribe la columna semanal que da
título a la sitcom? No nos sorprende saber que el conjunto de falda y saco diseñado por
Christian Lacroix que "Nanny"
(La Niñera) portó en el episodio
Yetta's Letters fue subastado en 350 mil dólares.
Necesario es recodar aquí que esta clase de fenómeno comercial de la cultura de masas tuvo un
antecedente primigenio el día que Joan Crawford se convirtió en la primera actriz que promovió masivamente los
diseños de ropa. Hecho ocurrido tras el estreno de
Letty Lynton, en 1932. En esta película, Crawford lucía una
prenda de organdí blanco, modelo que un comerciante neoyorquino imitó y vendió a
Macy's. En cuestión de días, esta
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Frasier |
tienda departamental vendió medio millón de vestidos. Fenómeno comercial que huelga decir explotó
con la llegada de la televisión. Era común que las fans de
I love Lucy (
sitcom producida entre 1953 y 1964),
por ejemplo, corrierran a las tiendas en busca del vestido utilizado por la protagonista en el episodio de la
tarde anterior. Todos estos sucesos han ayudado a consolidar al
shopping como "el deporte nacional", primero,
para enseguida convertirse en la afición favorita del mundo entero. Medio siglo después del estreno de
El show de
Lucy, Carrie Bradshaw protagonista de
Sex and the City les dice a sus tres amigas: "Si realmente queremos hacer algo patriótico a propósito de los actos terroristas del
11 de septiembre, vámonos de compras", una medida que el presidente Bush promovió el Día de Acción de
Gracias con el fin de activar una economía en recesión. Si en
Sex and the City nunca nos queda claro si el sexo es
más importante que el
shopping, en la realidad estadounidense es el segundo no nos cabe la menor duda el
que impera.
PTI
Los protagonistas de estas series nos dicen cómo caminar, qué argumentar, cómo enamorarnos, pero,
sobre todo, qué comprar. Ellos nos venden diversos estilos de vida en "Paquetes Todo Incluido"... ¿Ya tienes el tuyo?
"Si aquí aparece parecen decirnos las
sitcoms entonces es un objeto deseable o una situación
arquetípica", un símbolo que nos obliga a fantasear sobre la existencia de una Arcadia sumamente codiciable, y la cual
los anunciantes han aprovechado muy bien. En suma: si existe una capital en el imaginario de la sociedad
de consumo, ésta se localiza en el mapa de las
sitcoms.
En 1998 se transmitió el episodio final de
Seinfeld; éste fue visto por 70 millones de estadounidenses.
Los segundos de espacio publicitario se vendieron en decenas de millones de dólares. En mayo de 2003
arrancó la última temporada de Sex and the
City, sitcom que concluirá en enero de 2004. ¿En cuántas centenas
de millones de dólares se comprarán los "medios minutos" de publicidad transmitida durante el último episodio? Si como ha sentenciado un más o menos resentido guionista: "La televisión es primordialmente un
medio para mercadear", entonces las
sitcoms concluimos nosotros son los programas que mejor han
comprendido que "el gran negocio" está en la venta de "estilos de vida", el producto comercial que más ganancias le
ha propinado a Estados Unidos.