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José Carreño Carlón  Usos mexicanos de Kapuscinski


 Por un periodismo con rigor
 profesional y compromiso ético

 José Carreño Carlón


Alrededor de 60 notas periodísticas ­sólo en medios impresos­ aparecieron en seis días de estancia en México de Ryszard Kapuscinski ­un promedio de diez notas diarias, media docena de ellas con entrada en primera plana­, además de otra media docena de entrevistas en importantes espaios de radio y televisión.

Este fue uno de los saldos de la segunda visita a México, en año y medio, del periodista polaco. Y este saldo abre un ángulo para el análisis de los criterios utilizados al establecer el interés informativo de los asuntos a destacar por parte de los periodistas mexicanos de hoy.

Pero más que los criterios, un estudio del caso de Kapuscinski en los medios mexicanos podría contribuir a realizar un acercamiento a la comprensión de las motivaciones de una capa de periodistas de nuestro país al ejercer las funciones de selección y valoración de los hechos o los dichos susceptibles de ser convertidos en noticias.

Al respecto hay qué ver otros saldos: centenares ­acaso miles de mexicanos, tomando en cuenta que sólo en CU acudieron mil 200 universitarios­ participaron en las presentaciones públicas del escritor. Y quienes tomaron la palabra en esas presentaciones mostraron no sólo haber leído alguno o algunos de los libros de Kapuscinski, sino que acreditaron asimismo haber presenciado, escuchado o leído algunas de sus expresiones de esos días en los medios audiovisuales e impresos.

Adicionalmente, de acuerdo con los datos anteriores y por el alcance de los programas de radio y televisión en que participó, quizá se elevó a centenares de miles o acaso a alguna cifra de siete dígitos, el tamaño de la audiencia que selectivamente atendió y retuvo los mensajes de este autor singular, transmitidos a través de los medios mexicanos.

Kasia Wyderko en el
conflicto en Afganistán
Si a estos saldos agregamos el de los principales libreros, quienes informan que en esos días se agotaron las existencias del texto más recientemente publicado bajo la firma del periodista, tendríamos que asumir que a los efectos de atención y retención de los mensajes mediáticos por parte de esas audiencias, hay que añadir el efecto de la generación o, al menos, del reforzamiento, en las mismas audiencias, de actitudes favorables al personaje ­en correspondencia con el marco favorable que le dispensaron los medios­, así como de los comportamientos, también favorables, de las audiencias mencionadas, como lo muestra su conducta: la de acudir a comprar los libros del autor hasta agotar las existencias.

Estos últimos datos ofrecen, a su vez, un buen campo de interpretación ya no sólo en busca de las motivaciones de los medios a la hora de seleccionar y enmarcar favorablemente los asuntos que ellos transforman en noticias, sino para intentar, en paralelo, un acercamiento a las motivaciones de estas audiencias mexicanas a la hora de ejercer sus potestades de atención ­o no atención­ a los productos ofrecidos por los medios, de retención de sus mensajes, y de desarrollo de actitudes y comportamientos en función ­o no­ del sentido propuesto por esos mensajes de los medios.

Finalmente, de aquellos criterios y motivaciones que condujeron a los periodistas mexicanos a otorgarle tan sobresaliente valoración noticiosa a la estancia de Kapuscinski en México, combinados con las probables motivaciones de las audiencias mexicanas ­al atender y retener selectivamente los mensajes periodísticos y al desarrollar actitudes y conductas en concordancia con esos mensajes­ parece posible obtener al menos inferencias sobre algunas características de la transición mexicana en el campo de las relaciones de los medios con la sociedad y el poder (o los poderes).

Respecto de los criterios utilizados para establecer el interés informativo de los asuntos que aborda hoy el periodismo mexicano y, más específicamente, de las motivaciones del segmento de periodistas que ejercieron las funciones de selección, valoración, jerarquización y encuadramiento favorables a la hora de elaborar las noticias relacionadas con la visita de Kapuscinski, parecería claro que el análisis tendría que apartarse de los indicadores típicos utilizados para estudiar esos criterios y esas motivaciones de acuerdo con los estándares de rigor profesional y compromiso ético reconocibles en las sociedades con tradiciones democráticas más arraigadas que las nuestras.

Funciones como la de "portería" (gatekeeping) ­es decir, la función de los profesionales de la información de seleccionar aquello que debe pasar a través de las puertas que conducen a los espacios de los medios­ o conceptos como el de "valores de las noticias" (newsworthiness o news values) ­o sea, los criterios aplicables para realizar la selección anterior­ u otros más como el de "interés público" o el de "responsabilidad social", tendrían que ajustarse en este caso a las singularidades de nuestra transición en los diversos órdenes del espacio público.

Por principio de cuentas, parece obvio que la valoración noticiosa de la visita de Kapuscinski, en los términos de John Hartley, no obedece a su clasificación dentro de aquellos hechos que merecen ser publicados supuestamente por su naturaleza, ya que otras visitas del mismo autor, o de otros de comparable estatus, no han merecido la misma atención de los medios. Tampoco, en los mismos términos de Hartley, la valoración noticiosa de la visita del escritor obedece a supuestas necesidades o demandas explícitas de los consumidores de noticias.

Y lo que puede ser más relevante, los relatos noticiosos a que dio lugar la estancia del periodista polaco no se encuadraron en las categorías que se suelen enlistar para establecer los valores de las noticias: materiales sobre economía, política, relaciones exteriores, o pertenencia a las naciones de élite de los personajes involucrados.

De allí el terreno ganado ­entre quienes han discutido el fenómeno en algunos espacios académicos­ por la hipótesis que atribuye las motivaciones de los periodistas que otorgaron tal valor noticioso a la visita a Kapuscinski, a un fenómeno de agenda propia de un sector de los medios mexicanos.

Así, hay quienes han planteado una utilización mercadotécnica en la preeminencia noticiosa otorgada a un periodista de la calidad profesional y el compromiso ético de Kapuscinski. Según esta hipótesis, lo que se buscaría sería generar en las audiencias un efecto de identificación de esa calidad y ese compromiso profesionales de Kapuscinski con la calidad y el compromiso de los medios que otorgaron esa preeminencia a las noticias sobre el periodista visitante.

Pero acaso más atractiva resultó la hipótesis de un uso más sofisticado de esta elaboración de las noticias sobre Kapuscinski por parte de algunos de los periodistas mexicanos que participaron directamente en las decisiones y acciones que condujeron a tan sobresaliente exposición de los méritos del escritor. Según esta otra hipótesis, la exhibición de la elevada aceptación y de las actitudes y comportamientos favorables de las audiencias hacia la figura de Kapuscinski supondría una expresión estratégica de los periodistas que la impulsaron para abrirse mayores espacios en los medios, frente a quien los poseen y/o controlan, con el argumento implícito de que las audiencias del presente exigen un periodismo construido sobre nuevas bases de rigor y compromiso y nuevas formas de relación con la sociedad y con los poderes.

No referida a la utilización que hacen los periodistas de los medios, sino a la utilización que realizan las audiencias, surgió hace varias décadas la teoría conocida como Usos y Gratificaciones, o Usos y Satisfacciones, como lo traduce Patrick Ducher en la más reciente edición en español del texto clásico Introducción a la teoría de la comunicación de masas de Denis McQuail, uno de los autores a quien se debe la paternidad de este concepto básico de la comunicación contemporánea.

Según esta propuesta de análisis de la comunicación pública, las audiencias usan los medios para satisfacer sus necesidades de información, entretenimiento, orientación o manifestación de preferencias, quejas o reclamos, al atender o retener selectivamente los productos o mensajes mediáticos, o al modificar o reforzar o no sus actitudes y conductas de conformidad con tales mensajes, de acuerdo con sus expectativas.

Del comportamiento del grupo de periodistas y del segmento de las audiencias aquí identificados ante la visita de Kapuscinski, podríamos inferir una propuesta de usos y gratificaciones de ambas partes, a partir de sus complementarias motivaciones y expectativas ante la transición mexicana en materia de medios de comunicación.

Una creciente masa crítica de periodistas mexicanos modernos, con mayor rigor en su trabajo y en sus actitudes, como lo mostró el interés y la solvencia en la cobertura de la visita de Kapuscinski, habría establecido una interesante conexión con el segmento más exigente de las audiencias mexicanas. Ambas partes construyeron una historia de éxito de la trayectoria y la obra de Kapuscinski y la habrían usado para atender una necesidad: contrastar el rigor profesional y el compromiso ético de su oferta con los estándares tradicionales del éxito vigentes en el periodismo mexicano.

Empezando con un dato clave del método de trabajo de Kapuscinski. "Desaparecer entre la gente". Ser tomado en todas partes como alguien del lugar, es la regla número uno, dice María Nadotti, de la profunda, inteligente y humanísima capacidad del periodista que nos visitó en septiembre, para penetrar en los nudos de la más compleja actualidad. "El único modo correcto de hacer nuestro trabajo es desaparecer, olvidarnos de nuestra existencia", dice el propio Kapuscinski en un pasaje del libro más reciente bajo su firma: Los cínicos no sirven para este oficio.

Aquí parecería evidente el uso de Kapuscinski para contrastar su método de trabajo con los discutibles y narcisistas beneficios de la hipervisibilidad ­como lo dice también Nadotti en el mismo libro­ en que se basan las historias de éxito más conocidas de las estrellas del mundo periodístico de hoy.

Ryzsard Kapuscinski
Foto: B. Siedlik
Kapusinski representaría para los nuevos periodistas y para estas nuevas audiencias mexicanas, por otra parte, una forma de compromiso que nada tiene que ver con lo que se ha conocido como periodismo comprometido, sea con causas políticas, religiosas o de cualquiera otra índole. El viejo periodismo comprometido llegó a ser considerado ­y todavía tenemos ejemplos lamentables de esta forma de compromiso­ como una especie de li cencia para sesgar, para hacer un periodismo tendencioso, para ocultar todo lo que pueda afectar a la causa o para mentir abiertamente escudados en la supuesta nobleza de que se miente por la causa.

En su propuesta de periodismo intencional, pero no de sesgo ni de secta, Kapuscinski logra apartarse de cualquier forma de visión monolítica de los acontecimientos y de sus causas. Y frente a las historias de éxito del periodismo tendencioso ­que sin duda las hay­ el periodismo de Kapuscinski no propone ni elitismo ni indiferencia. Hay un magisterio de inequívoco rigor profesional y a la vez de profundo apego a los valores de una ética humanista en las historias de Kapuscinski. Como se establece en el libro, su periodismo nunca es tendencioso y, sin embargo, nunca es indiferente frente al dolor, la miseria o la opresión.

En fin, mientras Kapuscinski reflexiona en alguno de sus reportajes sobre sus colegas, los periodistas exitosos de todo el mundo que al llegar a Africa se refugian en hoteles que les brindan todas las comodidades y nunca abandonan lo lujosos barrios de los blancos y los ricos, no se puede sino reforzar la hipótesis de que la cobertura de la visita del periodista que propone como método "desaparecer entre la gente" se inscribió en una estrategia de usos y satisfacciones por parte de los nuevos periodistas y las nuevas audiencias de nuestro país.

Se trataría del uso y la satisfacción de exhibir ­frente al modelo alternativo de éxito del escritor polaco­ las formas en que se desplazan algunos de los más exitosos periodistas de nuestro medio, así como de los significados de esas formas: las condiciones que algunos ponen para dignarse a acudir a algún lugar desde el cual transmitir información y mensajes de sus patrocinadores: altísimas retribuciones, vuelos privados o por lo menos boletos de primera, con frecuencia con acompañante o acompañantes, auto o autos con chofer y escoltas y hoteles de más de cinco estrellas o casas de visitas, entre otras formas inequívocas de subrayar su éxito. O el desfile cotidiano de estos exitosos en la capital mexicana, con la misma parafernalia, por los restaurantes de moda, a la hora del desayuno, la comida y la cena, en compañía de y con cargo a las más altas fuentes de información y a los más poderosos definidores de la agenda del debate público. En este sentido pareció también un uso adecuado para la agenda de los medios mexicanos la difusión de la reflexión de Kapuscinski sobre el hecho de que quienes hoy manejan el mundo de la información de la manera en que lo hacen los profesionales de éxito del aquí y el ahora, no son periodistas, sino ejecutivos. "Para estas personas ­comenta el periodista visitante en el libro que vino a presentar­, vivir la vida de la gente corriente no es importante ni necesario".


José Carreño Carlón es director del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana y titular de la Cátedra Unesco/UIA.

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