Alberto Betancourt Posada
Las estremecedoras fotos de Abu Ghraib fueron tomadas originalmente para chantajear a los presos. Según el artículo "The Gray Zone" de Seymour Hersh (The New Yorker, 15/V/04), los presos fueron desnudados, colocados en posiciones de sumisión sexual y profusamente fotografiados por los soldados estadounidenses, para obligarlos a convertirse en informantes, bajo la amenaza de que las infamantes fotos serían distribuidas entre sus familiares y amigos, si se negaban a delatar las actividades de la resistencia iraquí, cuando fueran liberados y "reinsertados" en la sociedad.
El origen de las torturas se remonta a un programa secreto de interrogatorios "duros y en caliente". Según Hersh (galardonado con el premio Pulitzer), mientras las tropas estadounidenses bombardeaban Afganistán, en octubre de 2001, un avión no tripulado Predator localizó un automóvil en el que supuestamente viajaba el Mullah Mohammad Omar, unimportante líder talibán. El "piloto" del avión solicitó autorización al cuartel general ubicado en Tampa, Florida, para disparar, pero un retraso en la autorización provocó que el automóvil escapara. En aquella ocasión, cuenta el informante de Hersh, Donald Rumsfeld montó en cólera. Las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses enfrentaron situaciones similares por lo menos en diez ocasiones. Para evitar que estas circunstancias se repitieran, Rumsfeld y sus colaboradores diseñaron entre otros un programa llamado Copper Green para autorizar interrogatorios coercitivos y expeditos de personas consideradas blancos de inteligencia.
Cuando el ejército estadounidense se empantanó ante una inesperada resistencia iraquí, Geoffrey Miller, el director de la prisión de Guantánamo y "signore de la tortura", exportó el método de interrogatorios a la prisión iraquí de Abu Ghraib (Guliana Sgrena, Il Manifesto, 17/V/04). Según Hersh, los servicios de inteligencia estadounidenses diseñaron los interrogatorios a los presos iraquíes inspirados en el libro The Arab Mind, del antropólogo y catedrático de Princeton y Columbia, Raphael Patai. En dicho texto se afirma que los árabes viven el sexo como un tabú, no entienden más que por la fuerza y su mayor debilidad es la vergüenza. A partir de estos conceptos se fotografiaron las torturas para chantajear a los torturados.
En enero de 2003 un joven policía militar, Joseph Darby, indignado por el trato brindado a los convictos entregó las fotos a la División de Asuntos Criminales del Ejército. Tres días más tarde Rumsfeld recibió las fotos y alarmado ante la posibilidad de que se descubriera el programa de interrogatorios, advirtió que si el asunto se hacía público, se diría que algunos "malos muchachos" se habían salido de control. Algunos de los torturadores formaban parte de los 20 mil guardias privados, incorporados a la lucha contrainsurgente gracias a la privatización promovida por Rumsfeld (David Leigh, The Guardian, 17/V/04).
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Sabrina Harman |
El lado oscuro de la fotografía de guerra fue comentado por Thomas Sutcliffe en "The conflict on camera: The photographs that have defined the war in Iraq", publicado el año pasado en
The Independent. Para Sutcliffe, la primera página de un diario es un frente de batalla en el que se pelea por las mentes y corazones, de quienes lejos del frente constituyen el testigo principal y el juez del conflicto; al abrir el periódico, los ciudadanos del mundo se ven implicados de una manera u otra en la batalla por lograr que la opinión pública consienta o rechace ir a la guerra y/o la forma de conducirla.
Cuando las fotos de Abu Ghraib llegaron a la prensa, la exhibición de la arrogancia y el sadismo con que los militares estadounidenses trataron a los iraquíes causó un profundo impacto en la propia sociedad de EU. Desde 1991 el ejército estadounidense había intensificado su esfuerzo por mostrar imágenes asépticas de la guerra. En esta ocasión el ejército perdió la batalla en el frente propagandístico. El retrato con la aterradora sonrisa de Sabrina Harman ha puesto en peligro la reelección de George Bush. Según informaron las empresas Gallup y el Pew Research Center, tras la publicación de las fotos, las encuestas mostraron que por primera vez en el curso de la campaña Bush perdía por unos puntos frente a su contendiente demócrata. Inesperada y afortunadamente las fotos tomadas originalmente para avergonzar a los presos de Abu Ghraib se convirtieron en una pesadilla para George W. Bush y los demás promotores de la guerra.