Cómo construir un universo que
se venga abajo a los dos días
Iván de la Torre
¿Yo, señor? Sí, señor. ¡No, señor!: así sale la síntesis del problema: redonda: unos preguntan, otros niegan y el círculo vuelve a comenzar... pero el espacio del gobierno para maniobrar se reduce día a día frente a periodistas que sólo quieren hacerle una pregunta ¿sabía el Presidente lo que pasaba? y no escuchar que George Bush Jr. conocía la existencia de torturas pero... no había leído el informe del Departamento de Defensa ni visto las fotografías hasta que salieron en los medios.
La amabilidad está quedando de lado, como demuestra el extenso
mea culpa que publicó The New York Times reconociendo "aspectos de nuestra cobertura que no han sido tan rigurosos como deberían haber sido (...) En algunos casos, informaciones que eran cuestionables y no fueron cuestionadas (...) En retrospectiva, deberíamos haber sido más agresivos a la hora de comprobar ciertas afirmaciones, a medida que surgían o nonuevas pruebas. (...) nuestros periodistas estaban quizá demasiado deseosos de que se publicaran primicias, de forma que se recibían testimonios de disidentes sin tener en cuenta 'su intenso deseo de echar a Sadam'".
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Fotos: El País |
Esos pequeños detalles cobran importancia para los seis soldados acusados ante la opinión pública
de "ordenar a los detenidos una masturbación pública, malos tratos, forzar a los prisioneros a desnudarse y
apilarse en una pirámide mientras tomaban fotos de ellos y pisar detenidos". Es difícil creer que el escándalo
termine derribando a Bush, pero conviene recordar que la popularidad del gobierno se sostenía en dos pilares
que parecían eternos en marzo, apenas dos meses atrás: la derrota de Sadam y la ocupación de Irak; siguiendo
las encuestas, a la gente no le gustaba la economía pero creía en la democratización de Irak. Bush debe buscar
otro filón tan bueno como ese para llegar entero a las elecciones de noviembre, ¿tal vez un nuevo enemigo?
Los
cowboys hacen eso, ¿no?, siguen adelante, pero las personas que obedecieron órdenes no son
cowboys muy listos, apenas una tropa disciplinada, lo cual complica la situación del gobierno que ya no puede cortar la
cadena de mandos en el nivel más bajo diciendo que soldados sádicos abusaron de prisioneros indefensos.
Lynndie England, de 21 años, es la mujer que aparece en las fotos apuntando a los genitales de los
prisioneros o paseándolos con una correa, como perros. El padre de su futuro hijo, Charles
Garner, es un ex funcionario de prisiones que jura que cumplió órdenes de la CIA y el jefe del grupo, el sargento Iván Frederick (otro
ex funcionario de prisiones), confirma esa idea: la CIA y el servicio de seguridad privado manejaban la cárcel,
no ellos.
Cuando en 60 Minutes II, de la CBS, Frederick dijo: "No tuvimos apoyo, ningún entrenamiento y yo
le preguntaba todo el tiempo a mi superior sobre ciertas cosas, normas, y reglamentos y no me decía nada",
el programa le mostró uno de sus correos electrónicos donde contaba lo fácil que era someter a los
prisioneros: "Tuvimos una tasa alta de éxito con nuestro estilo de quebrarlos, generalmente se quiebran a las pocas
horas". Las mismas contradicciones suelen derribar a los otros acusados: ofrecidos ante los medios como verdugos,
sus actos devuelven la imagen de niños atrapados por una broma que se salió de control, vacilando entre
proteger al ejército y salvar el pellejo.
England primero declaró "[haber sido] instruida por personas de alto rango para 'pararse ahí, sostener
la correa, mirar a la cámara. Luego tomaron fotos para PsyOps (operaciones psicológicas). Yo no quería
realmente estar en ninguna foto". Pero The New York
Times publicó sus últimas declaraciones, el 6 de mayo. Ahí
explica que las imágenes se tomaron "porque era divertido" y narró cómo ató una correa al cuello de uno de
los detenidos de Abu Ghraib y lo forzó a arrastrarse y correr por un pasillo durante "aproximadamente cuatro
a seis horas". Ante la foto que la muestra señalando a un detenido masturbándose explicó que "el sargento
Iván Frederick les había
quitado a los prisioneros las bolsas que les cubrían las cabezas y los obligó a
masturbarse. El detenido al que estoy señalando no paró, entonces le sacamos una foto". Cuando le preguntaron si lo
que hacían los soldados era inapropiado, dijo que "sólo lo de la masturbación". Pero insistió en que ella y
otros soldados recibieron órdenes.
Las sospechas comenzaron el 28 de abril, cuando la CBS difundió las primeras fotografías y
The New Yorker publicó el informe donde el general Antonio Taguba admitía la existencia de abusos. En
The Washington Post, Janis Karpinski, encargada de las prisiones militares en Irak, dijo que había tratado de bloquear las
decisiones de oficiales superiores para poner a la inteligencia militar a cargo de las prisiones y señaló como
responsables al teniente general Ricardo Sánchez y al mayor general Geoffrey Miller, ex comandante en la prisión
de Guantánamo.
Los senadores republicanos en su mayoría fieles a Bush sólo reconocieron que oficiales de bajo y
medio rango no podían ser los únicos culpables cuando el diario inglés
The Guardian confirmó la existencia de
terceros, contratistas privados que supervisaban los interrogatorios. La investigación mencionaba dos empresas,
CACI International Inc. y Titan Corporation, encargadas de proporcionar el personal dispuesto a encarar el trabajo desagradable de las torturas a cambio de un buen sueldo, versiones apenas un poco más complejas de
los soldados acusados de las violaciones, una muestra de que el ejército estadounidense funciona como una
salida laboral para gente de pocos estudios y oficiales retirados de las fuerzas especiales, ergo, mercenarios.
En Irak los contratistas no estaban sujetos a la cadena de comando ni bajo jurisdicción de la justicia
iraquí. Tampoco eran "combatientes legales" pues no usaban uniforme.O sea: hombres con impunidad para
actuar y moverse, ajenos a la justicia militar estadounidense y a los tribunales de Irak. De hecho, ninguno fue
detenido, y sus compañías no han recibido, hasta ahora, notificación del Pentágono sobre las sospechas acerca de
sus empleados a pesar de figurar con apellido y nombre en el informe del Departamento de Defensa.
Es cierto que los abusos a los prisioneros en la cárcel Abu Ghraib no reflejan al "ejército
estadounidense" como aseguró Rumsfeld, después de todo, se aseguraron que el mayor contingente en Irak esté formado
por estos "contratistas" privados que controlarían los interrogatorios, pero su comportamiento obedece las
instrucciones de un manual redactado por la CIA para ser usado contra "izquierdistas". Según
The Guardian el manual "induce a la regresión psicológica en el sujeto a través de una fuerza exterior para doblegar su voluntad
para resistir. La regresión es básicamente la pérdida de autonomía".
The Washington Post reveló que el gobierno no se limitó a reciclar material viejo: en abril de 2003,
el Pentágono aprobó 20 técnicas para interrogar prisioneros en Guantánamo; las técnicas invierten los
periodos de sueño, someten a los prisioneros a altas y bajas temperaturas y aconsejan exponerlos a música a alto
volumen y luces fuertes. Técnicas similares se aplicaron en las cárceles de Irak.
El 13 de mayo pasado, en la misma prisión donde se sacaron las fotos de los soldados
estadounidenses humillando a los prisioneros, Rumsfeld comparó a las tropas con el ejercito de Lincoln durante la guerra
civil. "Un día van a mirar hacia atrás y van a estar orgullosos de su servicio y van a decir que valió la pena".
Para él: "(sólo) unos pocos han traicionado nuestros valores y han manchado la reputación de nuestro país"
pero la historia suele atrapar a personas que, como él, no quieren detenerse a tiempo y aceptar las culpas.
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El mejor ejemplo de la existencia de un plan premeditado es el ascenso de Geoffrey D.
Miller, quien en octubre de 2002 se hizo cargo de la cárcel de Guantánamo, donde todavía permanecen, sin derecho a
la defensa ni contacto con sus familiares, 600 hombres sospechosos de ser terroristas. Cuando las cosas
se complicaron en Irak, el Pentágono le pidió que diera un vistazo. Al concluir su visita, Miller dijo que los
métodos de los centros de detención iraquíes eran "poco efectivos para obtener información" y recomendó que
los guardias se encargaran de "tratar" a los prisioneros antes de que pasaran a manos de la CIA. Entonces ya
se conocía el informe del general Taguba que denunciaba la tortura y predecía el escándalo que luego
provocaron las fotos, pero el Pentágono prefirió olvidar todo y nombrar a Miller jefe de los centros de detención en Irak
en marzo de 2004. A ese "descuido" el gobierno sumó otro cuando "olvidó" enviarle a los integrantes
del Congreso el informe interno del Pentágono sobre los abusos. Los senadores tuvieron que leer por Internet
el informe del general Taguba mientras veían las primeras fotos de la CBS.
Los oficiales superiores conocían las torturas y las autoridades políticas habían intentado evitar el
escándalo desde enero: esto fue lo que denunció en
The New Yorker, el periodista Seymour Hersh, con fotografías en
las que aparece un prisionero desnudo, acosado por dos perros. Hersh, premio Pulitzer, citó a sus fuentes
diciendo que los abusos obedecen a un patrón sistemático. En una de sus últimas entregas agrega que Rumsfeld habría aprobado el uso de unidades militares clandestinas para "encontrar terroristas" dentro de Abu
Ghraib, fuera como fuese, lo que abrió la puerta de par en par a los abusos.
"Las críticas a ciertos comportamientos suscitaron la reflexión y desembocaron en un cambio en la
relación medios de comunicación-guerra-opinión pública", dice Ignacio Ramonet, en
La tiranía de la
comunicación, pero el golpe vino de la retaguardia: fueron soldados quienes fotografiaron las torturas y se las enviaron a sus
amigos en Estados Unidos, mientras el gobierno vigilaba a los periodistas y los obligaba a viajar junto a las
fuerzas armadas, sin permiso para publicar nada antes de pasar por la censura.
Susan Sontag escribió que los soldados alemanes fotografiaban las atrocidades cometidas en Polonia y
Rusia pero no se colocaban junto a sus víctimas. Para ella las fotos de Irak se asocian con los linchamientos
ocurridos entre 1880 y 1930, cuando sonrientes estadounidenses posaban junto al hombre negro que acababan
de colgar. Ese gesto los volvía parte de un movimiento que obedecía a un bien común por medio de una
conducta determinada.
"Cambian los detalles, pero la diversión es la misma, a juzgar por las caras abotargadas y felices de
quienes posan en las fotografías", dice Antonio Muñoz Molina en
El País: "Lo que da más miedo de esa joven
soldado norteamericana que arrastra a un prisionero desnudo mientras se fuma un cigarrillo es su cara de perfecta
y tranquila bondad, casi de dulzura un poco desvalida. Cumplía órdenes, dice ahora, como han dicho
siempre todos los cómplices mayores o menores de las infamias del siglo, como cumplían órdenes los soldados
alemanes, los matarifes argentinos, los esbirros españoles de la Brigada Político-Social".
El gobierno intenta ahora clasificar las fotos como "pruebas", lo cual impediría su publicación en un
intento de parar la excesiva atención que están recibiendo desde el 20 de mayo, cuando finalmente los responsables de las operaciones militares en Irak, John Abizaid y Ricardo Sánchez, asumieron la responsabilidad por
los abusos de Abu Ghraib, pero rechazaron haber dado instrucciones sobre los interrogatorios. Sánchez
prometió que la investigación recorrería toda la cadena de mando, "y eso me incluye a mí". En Bagdad, Jeremy
Sivits, el hombre que tomó las fotografías de los presos formando una pirámide humana, fue el primer
soldado sentenciado de los siete acusados: le dieron un año de prisión y fue expulsado del ejército por mala
conducta. Como atestiguará contra los otros acusados se le dio una corte marcial especial en lugar de la común, que
puede dar sentencias de hasta 15 años.
El 3 de julio, George J.
Tener se convirtió en la primera víctima política del escándalo. Tener fue uno de
los hombres que más tiempo ocupó su cargo de director de la CIA, lo suficientemente hábil para escapar a
las críticas por incapacidad frente a los atentados, su renuncia demuestra el apuro del Presidente por quitarse
los pesos muertos de encima y ganar velocidad de cara a las elecciones. A esta maniobra se suman tres
movimientos precisos: la sustitución del teniente general Ricardo Sánchez, la suspensión de la general Janis Karpinski y
la decisión de destruir Abu Ghraib.
El último plan es transformar todo en una broma de universitarios, ¡estos texanos!, nadie los entiende,
pero sólo hay que limitarse a verlo con sus ojos. Como dijo un oyente en el programa
de Rush Limbaugh: "Apilar hombres desnudos es como una travesura de fraternidad universitaria". ¡Exacto! exclamó Limbaugh para
sus 20 millones de seguidores. Justo lo que digo. No es muy distinto de lo que ocurre en una iniciación de
Skull and Bones. Vamos a arruinar la vida de unas personas por eso y a entorpecer nuestros esfuerzos militares y
luego vamos a cascarlos a ellos [los soldados] en serio porque se lo pasaron bomba. Vamos, a esta gente le
están disparando todos los días. Estoy hablando de estas personas, de gente que lo está pasando bien. ¿Qué
nadie recuerda lo que es una descarga emocional?".
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Geoffrey D.
Miller |
En
Cómo construir un universo que no se venga abajo a los dos
días, Philip K. Dick entendió todo:
"La herramienta básica a la hora de la manipulación de la realidad son las palabras. Si controlas el significado
de las palabras, entonces puedes controlar a las personas que las utilizan. Pero otro modo de controlar la
mente de las personas es controlando sus percepciones. Si consigues que ellas vean el mundo del modo en que lo
ves tú, entonces pensarán como tú piensas. La comprensión es aquello que viene después de la percepción.
¿Y cómo haces para que perciban tu realidad? Las imágenes son el material que acaban conjugando las
palabras. Por eso el poder de la televisión para influenciar la mente de los jóvenes es algo tan vasto. Allí, las palabras
y las imágenes están sincronizadas y de este modo ver televisión se convierte en una suerte de aprendizaje subliminal, casi en sueños. El electroencefalograma de una persona viendo televisión muestra que, luego de
una hora, el cerebro decide que nada está sucediendo y por lo tanto opta por casi desactivarse alcanzando un
estado entre hipnótico y crepuscular en el que emite ondas alfa. Esto ocurre porque hay mínimo movimiento
ocular (...) Estudios recientes revelan que la mayoría de las cosas que vemos en la pantalla de un televisor llegan
a nosotros de manera subliminal. Nos limitamos a imaginar que somos espectadores conscientes de lo que
allí se nos muestra cuando, en verdad, el verdadero mensaje que se nos imparte nos llega por otros canales.
De este modo, luego de unas cuantas horas de mirar televisión, ni siquiera podemos recordar bien lo que
acabamos de ver. Nuestros recuerdos son fragmentarios, como lo son los recuerdos de los sueños; y los espacios
en blancos son llenados más tarde. Y falsificados. Así hemos sido cómplices sin saberlo en la creación de
una realidad espuria: primero la recibimos y enseguida la procesamos y nos convertimos en parte de esa
mentira. Así, somos los socios de nuestra propia perdición".