Expresada con humor, una noticia
pesada se digiere mejor
Héctor González Jordán / Roberto Fontanarrosa
Cuentan que a Roberto Fontanarrosa no es raro encontrarlo tomando café en el bar "El Cairo" de su natal Rosario, provincia que profesa sus amores y que deposita en su equipo de futbol, una de sus pasiones. Caricaturista o escritor, mejor ambas. Pese a que este barbudo es más conocido por sus trazos que por sus letras, no claudica en mantener su vertiente literaria. Cuando habla las palabras no son muchas, quizá la mayor parte están capturadas en casi una veintena de libros.
¿Cómo descubre su afición por la caricatura?
En realidad, no sé si la descubro. A mí, de niño, me gustaba mucho leer revistas de historietas. Y eso me llevó a intentar copiar esos dibujos, quería hacer algo parecido. Esas fueron las influencias. No hubo en mi familia ningún dibujante que me sirviera de ejemplo.
¿Cómo recuerda sus primeros años de historietista?
Una etapa bastante mágica. Me parecía extraordinario el poder inventar una historia, donde los
personajes respondieran a mis deseos, cosa poco factible en la vida real. Eso me entusiasmaba tanto como descubrir
nuevos dibujantes.
¿También le abrió perspectivas distintas ante el peronismo?
En realidad no lo sé, cuando era niño no le prestaba atención al contexto social. Simplemente lo vivía.
Puede haber influido que era la época donde habíacierta tranquilidad económica para la clase media, clase a la
que mi familia pertenecía. Las verdaderas cosas que me influyeron las puedo ubicar en el estilo de distintos
historietistas, como Hugo Pratt (caricaturista italiano creador de
Corto Maltés, N. de la R.), Frank Robbins (dibujante
estadounidense creador de El Capitán
América, N. de la R.) Roy Crane (dibujante estadounidense fundador del
género de aventuras en el cómic con
Wash Tubbs, N. de la R.)
¿Cómo llevó su creatividad en tiempos de la dictadura?
La dictadura fue una experiencia oscura, de mucho temor y muy limitante para la creatividad, de
marcada censura. No se podían tocar temas como fuerzas de seguridad, sexo o religión. La actividad política, de
hecho, estaba prohibida. Por lo tanto, sólo quedaba apuntar a la farándula artística o deportiva. Poco a poco
pudo criticarse más a la situación económica y, tras la derrota de las Malvinas, se produjo una apertura natural.
Yo, salvo el rechazo de algunos chistes por parte del diario, no sufrí persecuciones.
¿Cómo abstraerse de esa represión? ¿Sirve el humor como un analgésico o es una válvula de escape?
Sirve, en ocasiones, como válvula de escape. Suele tener, también, el efecto del sabor naranja, sabor
frutilla, que se le agrega a algunos medicamentos para que no sean tan feos. Una noticia pesada, expresada
con humor, se digiere mejor. Por otra parte, el humor tiene una velocidad de traslación notable. Quien escucha
un buen chiste, corre a contárselo a sus amigos, quienes, a su vez, harán lo mismo con otros. El
comentario humorístico, por tanto, se difunde más y más rápido. El humor, por supuesto, no modifica el origen nefasto
de la noticia. Pero reírse es bueno. Y saludable.
Boogie "El aceitoso" e Inodoro Pereyra son quizá sus personajes más famosos. ¿Cómo se convive con
ellos después de trabajarlos durante tantos años?
Se convive de diferente manera, cada uno tiene su tiempo. Con Boogie la relación terminó hará unos
seis años. Lo dibujaba desde 1972, y lo mantuve durante un montón de años. Pero me cansé, detalle fatal en
un trabajo vocacional. A Inodoro lo sigo haciendo, con entusiasmo, cada 15 días, para la revista dominical del
diario Clarín, pero no descarto que un día lo deje. Lo peor que te puede pasar es intentar mantener a tus
personajes a la fuerza.
¿Cuál es el origen de Boogie?
Surgió en una revista que se llamaba
Hortensia, y era una parodia del personaje
Harry el sucio, de Clint Eastwood.
Una descarnada frialdad, definía parte de la encantadora personalidad de Boogie
La frialdad de Boogie era la requerida por un profesional eficiente. Boogie sería mi antítesis. Yo no creo
ser violento, machista ni racista. Aunque admito que, en ocasiones, me gustaría reaccionar con la impunidad
con que reaccionaba Boogie, es más me atrevería a pensar que a todos los seres humanos a veces nos
gustaría reaccionar como él.
Aparte de su trabajo como caricaturista, usted ha desarrollado como escritor, no obstante esta faceta
es poco conocida...
Es entendible que yo sea más reconocido como caricaturista que como escritor. De un libro, con suerte,
se venden 20 mil ejemplares. Y un diario como
Clarín, todos los días, vende medio millón de copias. Sin
embargo, los libros son una vertiente que permite otras formas de expresión.
Por ejemplo...
Ambas son herramientas aptas para contar. Los libros, me permiten trabajar más la palabra escrita y con
ello apelar a un lenguaje no tan visual como sucede con la caricatura. Además y afortunadamente para los
libros, no me apuran con fechas de entrega, como el material para el diario.
Me parece que entre los caricaturistas latinoamericanos existe una especie de hermandad quizá más allá
del idioma, sustentada en experiencias parecidas...
No lo sé, quizá tenga razón. Latinoamérica es de una complejidad riquísima y asombrosa. Por suerte
tenemos un idioma que nos une. En cierta medida la realidad es similar, y en muchos sentidos compartimos
problemas pero tampoco creo que exista "una caricatura de AL", para alcanzar eso habría que documentarse demasiado.
Cada vez se editan menos historietas, ¿sobrevivirá este género?
Sí, lo creo. Supongo que sobrevivirá como dibujo animado. Y continuará en su versión impresa dentro de un círculo de fanáticos, que gusten de estos volúmenes que con el paso del tiempo serán de colección. Es una situación complicada. Siempre aparecen dibujantes jóvenes. Pero salvo para los humoristas, que son buscados, el resto debe competir por pocos puestos.