Felipe Vicencio Álvarez
A partir de 1998, el Poder Legislativo federal dispone de un medio de comunicación propio que permite a los
ciudadanos asomarse al Congreso. Se dio así un paso determinante hacia una relación más transparente entre la sociedad y
sus representantes y desde entonces unos y otros cuentan con una herramienta muy útil para favorecer la rendición de cuentas.
La primera etapa del proyecto comenzó con la transmisión de las sesiones ordinarias de las cámaras de Diputados
y Senadores, dos veces por semana, a través de la televisión restringida. Luego las transmisiones se ampliaron para
cubrir diario, en vivo o diferidas, las actividades legislativas. Esa segunda etapa implicó nuevos retos y el despliegue de
más recursos, que fueron orquestados por la capacidad profesional de su entonces director, Virgilio Caballero.
Durante siete años el canal ha dado a conocer la visión del diálogo, exhibiendo la nobleza del trabajo legislativo
pero sin disimular lo que pueda ser deplorable. Ahora, desde febrero se transmite de lunes a viernes
Noticias del Congreso, con una síntesis de 60 minutos sobre la actividad parlamentaria. El canal crece porque difunde un material que supera la
mera transmisión de contenidos "en crudo". El noticiero busca apoyar al telespectador no iniciado en la actividad
parlamentaria jerarquizando la información que, de otra manera, pudiera resultar caótica e incomprensible.
Ya era necesario contar con un espacio así, que inaugura una tercera etapa del Canal del Congreso: la producción
de contenidos orientados no sólo a informar, sino a formar ciudadanos conscientes del quehacer parlamentario y, en
esa medida, más exigentes y críticos del mismo. Esto implica lograr el equilibrio informativo, comunicar breve y
claramente el contenido de las reformas que se aprueban y dar voz a todos los puntos de vista, entre otros asuntos. Nancy
Ayón, conductora del noticiero y directora de Información del Canal, tiene claro el desafío y seguramente lo sabrá afrontar.
Algunas voces han señalado que esta iniciativa no contribuirá a mejorar la imagen de los legisladores, como si
tal asunto fuese su motivación principal. Los integrantes de la Comisión Bicameral del Canal del Congreso tenemos claro
que el propósito es dar a la sociedad más elementos de juicio. Es obvio que con un noticiero no se puede cambiar
imagen alguna; en todo caso, sí lo puede hacer el trabajo bien realizado y oportunamente difundido en ese espacio u otros semejantes.
Nuevos retos afronta el canal, ahora bajo la dirección de Guillermo Montemayor. Tendrá que encontrar la manera
de incrementar su cobertura nacional. Es cierto que casi la totalidad de los canales de congresos y parlamentos en el
mundo transmiten sólo por televisión restringida, pero también lo es que ese medio limita en México el acceso a menos de
dos mexicanos de cada diez. Lo anterior implica una indebida obstrucción del derecho a la información consagrado en
el atículo 6 constitucional y de la obligación de transparencia que debe garantizar el Estado.
En un interesante trabajo periodístico de Juan Carlos Guerrero, Virgilio Caballero afirma que "hay una
contradicción entre el carácter nacional del Congreso y que la señal de su televisora sea restringida; es como elegir a una pequeña
parte del pueblo para hacerle saber lo que hace el Congreso, cuando ha sido todo el pueblo el que los ha elegido".
En enero de 2004, un grupo plural de legisladores promovió un Punto de Acuerdo que exhorta al Ejecutivo federal
a realizar las gestiones necesarias a fin de obtener autorización para que el Congreso de la Unión opere un canal de
televisión abierta, con cobertura en el DF y en su zona conurbada. Javier Tejado escribió un alegato sobre la impertinencia de
la propuesta en su columna con el sugerente título "Vanidad legislativa".
Resulta claro que un proyecto de esta naturaleza, además de las dificultades financieras, se enfrentará con la
resistencia de algunos intereses privados poco conscientes del valor de los medios públicos y que, con una buena dosis de soberbia,
se asumen como los únicos usufructuarios legítimos del espectro radioeléctrico.
Otro reto será incrementar sus niveles de audiencia. No obstante, sería un error suponer que ello implique
inmiscuirlo en la rebatinga por el rating. La naturaleza del Canal del Congreso como emisora de servicio público no permite que se
le compare con los medios comerciales. Sin embargo, sí debe haber una preocupación constante por ofrecer una programación con la suficiente calidad para despertar el interés.
Con siete años de vida, el Canal del Congreso sigue creciendo y constituye hoy un bien público que fortalece
nuestra democracia. En el futuro deberá hacer nuevas y mejores contribuciones a la misma causa.
Senador de la República por el PAN y miembro de la Comisión de Comunicaciones y Transportes de ese órgano legislativo.