En junio de 1938 circula por primera vez Superman en Estados Unidos para exaltar los valores de la nación en
el preludio de la Segunda Guerra Mundial y casi nadie cuestiona la farsa. No lo hacen los negros, que ese año
verían tan exacerbado el racismo que hasta el béisbol tenía dos ligas en el país, una para ellos y otra para los blancos.
En ese tiempo, como anotó Jonathan Clark en
The Miami Herald en febrero del año pasado, la liga mexicana
de béisbol recibió a muchos jugadores negros, como al excelente parador en corto Willie
El Diablo Wells, de quien Clark recuerda esta declaración a
Pittsburgh Courier hace 50 años: "Una de las principales razones por las que
me fui a México fue que ahí encontré libertad y democracia, lo que nunca tuve en Estados Unidos. En México era
un hombre".
Oye, Sorullo...
Consta a los filatelistas que muchas veces EU ha recurrido al sello postal conmemorativo para recrear su cultura
del cómic, que ahí tuvo el principal impulso desde finales del siglo antepasado. Así pasó con Silvestre y Piolín, Anita
la huerfanita, Snoopy o el simpático pato negro Lucas, perseguido siempre a punta de escopeta por el gruñón
Elmer. También están los de Pooh, Pinocho, Donald, El Hombre Araña y el de la racista Mimi -el 11 de julio en
Milenio Semanal, Jeanette Becerra Acosta transcribe el apunte de Sylvia E. White sobre una edición de los 30 de Walt
Disney donde la ratona rompe con su novio porque éste se había hecho amigo de un negro-. Y no podía faltar el de Superman, que tanto ha sobrevolado el Capitolio de Washington, icono de la libertad y la democracia del país
construido por esclavos cuyos dueños obtuvieron cinco dólares al mes por cada uno. El timbre festejó el 40 aniversario
del héroe justo cuando EU preparaba la invasión de Afganistán.
Angelitos negros
En la publicación Almas de
Niño, Memín
Pinguín aparece fugazmente en 1947. Entonces los negros en EU aún
no tenían derechos políticos y civiles, el mundo conocía la doctrina Truman y esa nación ensayaba militarmente en
la Antártida sudamericana sin importarle el reclamo de los gobiernos de Argentina y Chile.
Memín nació como revista en 1967, durante una de las movilizaciones más vigorosas en la Unión Americana, encabezada por Martin
Luther King en contra de la guerra de Vietnam.
El racismo entonces era recalcitrante en EU por lo que, en el marco de los exitosos estereotipos y
melodramas mexicanos de los 40, varias revistas tocaron el tema. En
Memín, Yolanda Vargas Dulché muestra la
discriminación estadounidense al narrar la historia de la visita del negro y su pandilla a Texas para jugar un partido de futbol. En
un restaurante, a Memín no lo atiende un mesero por el pigmento de su piel; al escuchar el reclamo del niño, el güero
lo golpea pero sucumbe a los puños de Carlangas, uno de los tres amigos de Memín. (En la gesta deportiva ganó
la escuadra mexicana por una genial jugada de ya saben quién.) Otro episodio es similar al guión de
Angelitos negros, la cinta de Joselito Rodríguez producida en 1948, y uno más hizo posible lo que ni Dumas imaginó, un
Dartagnan negro.
¿Mama, qué será lo que tiene el negro?
Como relató
Proceso el 3 de julio pasado, la Associated Press comenzó la arenga mediante su corresponsal
en nuestro país. El reportero Mark Stevenson escribió: "México emite una estampilla postal con la caricatura de un personaje negro semanas después del golpeteo racial", refiriéndose a las conocidas declaraciones de Vicente Fox
-no políticamente correctas pero ciertas- en el sentido de que en EU los mexicanos aceptaban trabajos que los
negros no.
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De inmediato los diarios más importantes de la Unión Americana abordaron el asunto y, a través de ellos,
expresaron su indignación varios líderes negros que, sin haberse pronunciado todos estos años sobre la conveniencia de
un acuerdo migratorio entre su país y el nuestro, estallaron contra el gobierno mexicano por una estampilla de
cómic (como no lo hicieron contra otras tantas emitidas en EU). El gobierno estadounidense fue sensible al reclamo
porque, como dijo Frederick Jones, el vocero del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, "en un contexto moderno la
gente considera esas imágenes ofensivas".
Nota de color
El repudio contra
Memín generó el efecto inverso y la historieta cobró un auge sólo equiparable al que tuvo en
los 70, cuando según los impresores la revista tiró un millón de ejemplares a la semana. Pronto en Internet
comenzaron a comercializarse las estampillas postales, se reeditó la serie desde el primer número y hasta muñecos del
chamaco volaron a las manos del curioso consumidor. Y aunque el frenesí parece exagerado -más aún si coincidimos en
que esa revista no es precisamente la mejor exponente de la historieta mexicana (¿dónde quedan
Chanoc o Fantomas?)- éste resultó de la errática interpretación que la consideró discriminatoria.
Perdóname si te digo...
Esto no deja el rincón de la anécdota: la nación donde surgieron las primeras estampillas conmemorativas -el 2
de enero de 1893 se reprodujo una serie de 16 ejemplares sobre el cuarto centenario del descubrimiento de América-
es desde donde se cuestiona el timbre conmemorativo de
Memín. Esto tampoco deja el rincón de la anécdota,
aunque podemos alegrarnos: en México no hay registro de movilización alguna contra
Speedy Gonzales -el inmigrante ratón creado por la Warner Brothers en 1950 y que hasta un Oscar recibió- o contra
Pancho Pistolas creado por Disney para dibujar nuestro gusto por la fiesta, el canto y,
of course, el tequila.
Más difícil es saber por qué surge la absurda indignación en la tierra de
Los Cuatro Fantásticos. Quizá
buena parte de las respuestas esté en la pérdida de identidad de los movimientos políticos de los negros en EU que
son, sobre todo, masa de maniobra de George Bush. Éstos, por cierto, fueron más enfáticos en su furia contra
Memín que en su beneplácito por la resolución de la Cámara de Diputados sobre el voto de los mexicanos en el extranjero. Y
ya que de reclamos hablamos, valdría la pena saber por qué ellos no convocan a que circulen en EU más
timbres conmemorativos de algún negro entre los tantos que han aportado al país, que estampillas de cómic. En
cambio, Jesse Jackson sugirió al gobierno mexicano la edición de estampillas postales donde se resalte la figura de
algún personaje negro que haya aportado al país (no hizo propuesta específica alguna).
Hasta ahora si algo ha quedado claro es que el intervensionismo no tiene color y que la discriminación racial
es algo mucho más complejo que no puede ni debe reducirse a algo parecido a un guión de cómic.
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Humor negro
Oscura confusión
"Por si hubiera pocos problemas en esta relación con Estados Unidos, cree usted que un timbre postal de Memín Pinguín,
se acuerda, se acuerda de aquel personaje... no era Pingüín, no; todo mundo le decía Memín Pingüín pero era Pinguín, primero
por pingo, ¿sí?, y segundo porque pues nunca tuvo diéresis la u para hacerla Pingüín, pero todo mundo le decía Memín Pingüín."
Joaquín López-Dóriga en
López-Dóriga, 30 de junio.
En tinieblas
Adela Micha: Para empezar, ¿es Memín Pinguín o Memín Pingüín?
Sixto Valencia: Es Pinguín. No es Pingüín; viene de pingo, pero la gente califica a sus personajes, a sus héroes como quiere.
Adela Micha: Pero, ¿no tenía diéresis al principio?
Sixto Valencia: Hubo una temporada, cuando se estaba publicando en Colombia. Incluso ahí dijeron que era una
derivación de pingüino.
Las noticias por Adela, 30 de
junio.
Aclarando puntos
López-Dóriga se equivoca, pero es más llamativo que también yerre el dibujante de la revista, Sixto Valencia. La diéresis
fue puesta por los editores mexicanos en la serie que circuló desde el 6 de octubre de 1986. En la serie que inició en 2002,
la publicación retoma el apellido sin diéresis, como originalmente se publicó en 1967.
(N de la R.)
* * *
Subido de tono
"... los gringos andan hipersensibles, no es para tanto. Aunque debo aclarar que Memín no es santo de mi devoción, se me
hace un personaje muy cursi, pero es totalmente mexicano y profundamente popular. Claro que yo hubiera preferido a Borola
Tacuche Burrón, tiene más méritos..."
José Agustín,
Crónica, 1 de julio.
El asunto es que el año pasado Sepomex sacó el timbre de ese personaje.
(N de la R.)