Francisco Báez Rodríguez
El año de los videoescándalos políticos. De los negocios que le propusieron al Niño Verde, a las escenas
de Ponce en el casino del Bellaggio, a los encuentros de Carlos Ahumada con Bejarano (la inolvidable liga), con Ímaz y con Sosamontes. El común denominador fue que los medios expusieron ante la opinión pública la miseria moral de la clase política y se impusieron en especial Televisa como el gran factotum. Buena parte de la discusión política del país se realizó "ante la opinión pública": los medios electrónicos como la nueva ágora.
El año de los linchamientos televisados. El terrible asunto de Tláhuac sirvió para que los medios
rescataran, hasta cierto punto, su papel al servicio de la sociedad. El arribo de cámaras y micrófonos al lugar de los
hechos sirvió para poner de manifiesto, en vivo, la atrocidad de la turba (endiosada por algunos políticos), su
infeliz ingenuidad (ahí estaban saludando a las cámaras, tan campantes, después de los asesinatos), la ineptitud
de las policías y la negligencia de sus jefes.
El año en que
Brozo se encumbró para luego desvanecerse. El
Payaso Tenebroso alcanzó las alturas
cuando le dijo a Bejarano sus verdades y se volvió punto obligado de referencia para los políticos y símbolo
postmoderno del país en el que nos estamos convirtiendo (el liderazgo de opinión en manos de un payaso de peluca
verde). Luego, la lamentable muerte de la esposa de Víctor Trujillo ha hecho que el personaje se difumine, y
ahora aparezca el hombre, que de manera similar a aquel que interpretó Jim Carrey sin máscara, pierde casi
todo su carisma.
El año más prolijo en videoescándalos personales en los últimos tiempos. El de Niurka y el de Michelle
Vieth, quien dijo que se iba del país, pero que ahora feliz con una fama adquirida de la peor manera se estrena
en una telenovela.
El año de la alegre vulgaridad. El año de
Miss Teibol. El del diputado Kawaghi, Martha Julia, Ninel y
Fabiruchis en Big Brother. El año en que inventaron un
reality con Bobby y Niurka. El año de los chismes constantes
de La Tigresa, por si a alguien le interesan. El año en que en el programa matutino,
Vidatv, los concursantes de a ver quién se faja mejor a Galilea Montijo terminaron metiéndole mano a
La Chupitos. El año en que el secretario Creel, nomás porque traía muletas, la libró de que Galilea le hiciera bailar el
colofox.
El año del fracaso de
No manches (la comprobación de que Omar Chaparro es una burbuja). Del fracaso
de Vas o no vas (donde la imaginación es inversamente proporcional al tamaño del premio). Del fracaso de
la segunda versión Gente con chispa (la feria del mareo). Del fracaso del
Hospital el Paisa (donde la vulgaridad encontró su límite final).
El año del éxito de
La parodia (en particular de El privilegio de
mandar), Cien mexicanos dijeron y El rival
más débil.
El año de Mujer de
madera sí, pero de Mirada de mujer, el
regreso, no.
El año en que los movimientos corporativos en Televisión Azteca se tradujeron en una suerte de
inmovilidad que reforzó la preponderancia de Televisa.
En año en el que la transmisión de los Juegos Olímpicos significó una comercialización impresionante,
para gozo de las televisoras, y un agandalle voraz, para ver quién le podía escamotear por más tiempo el
medallista mexicano a la empresa rival.
El año en el que las televisoras estadounidenses le soplaron al jocoque en Ohio, después de quemarse con Florida en 2000.
El año en que DirecTV murió de inanición, para felicidad de Televisa y de sus pretensiones monopólicas.
El año en que las televisoras tuvieron que esperarse a los últimos minutos del juego de vuelta de la final del segundo torneo para aprender a respetar, así sea un poquito, a los Pumas bicampeones.
El año en que, de nuevo, se manda a las calendas griegas la aprobación de una cada vez más necesaria reforma a la Ley de Radio y Televisión.