¿Para cuándo la transparencia
en los medios de comunicación?
Serge Halimi
¿Se trata de una casualidad? El periodismo occidental parece tener sólo la palabra "moral" en la
boca Exigencia moral requerida a los responsables políticos, proclamación de la moral en el derecho
internacional, omnipresencia de intelectuales sin obra, teóricos del "Mal" y profesores de moral en los "debates" mediáticos.
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Iluistración: Médias |
"El espectáculo que nos ofrecen los periódicos", decía hace poco más de un siglo la revista satírica
austríaca
Die Fackel, "parece ser el de millones de escobas en manos sucias siempre dispuestas a activarse ante la
puerta de los demás".
1
"Manos sucias" o más bien manos que se imaginan lo suficientemente puras como para manejar el
bisturí. En junio de 2001 la firma Alcatel anunció que iba a cerrar la mayoría de sus fábricas. Inmediatamente,
Denis Jeambar denunció la falta de actuación pública: "Los gobiernos viven bajo el imperio de los mercados y de
las empresas globalizadas. En resumen, ya no hay
política".2 Pero el autor de esa perspicaz reprimenda es a la
vez director de L'Express y presidente del Polo de información general de Vivendi Universal Publishing
(ex Havas, un grupo que anteriormente fue propiedad de
Alcatel...3). ¿El lugarteniente de una de las
principales multinacionales del planeta puede disertar sobre las evoluciones de la actualidad, como si no tuvieran nada
que ver con él? ¿Las "empresas globalizadas" que viven "bajo el imperio de los mercados" no son también, y
cada vez más, los emporios de la comunicación? Y, en ese caso, ¿no convendría activar, de vez en cuando, las
escobas ante sus puertas?4
El periodismo sirve cada vez más de
lacayo5 a los poderes que debería controlar. En un número creciente
de países, quienes poseen los medios de comunicación tienen amarrados al Estado y a la política. Los
periodistas han proclamado esta transformación como el "fin de la historia" y la apoteosis de la "libertad de prensa".
Pero esta victoria no representa para ellos más que una etapa en el camino de una dependencia reforzada. Los
muros de la censura del Estado que cayeron fueron reemplazados por otros, menos visibles. Porque no se
necesita imponer presentadores uniformados, como sucedió en la Polonia de las dictaduras, cuando el verdadero
poder dispone de periodistas que, sin cadenas aparentes, hablan la lengua de los uniformes. En nuestros días,
las libreas llevan los logotipos de los mercados.
Mientras la rebelión contra la servidumbre a la mercantilización está apenas comenzando, en la
prensa sucede todo lo contrario. Diario de referencia, gran radio pública, televisión privada, el objetivo parece
ser pronunciar lo más frecuentemente posible las palabras de "marca" o de "producto" para definir lo que
hace todavía poco tiempo los periodistas preferían llamar
"información".6 Olvidaron, es cierto, que el
capitalismo se expandió con la "libertad de prensa", que en una economía liberal la "información" sirve, en primer
lugar, para vender y venderse: al lector, al anunciante, al accionista.
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Foto: José Antonio Gurrea C. |
El historiador Patrick Eveno lo recordó con un entusiasmo tal, que hay que pensar que es sincero: "Casi
no queda nada del arsenal coercitivo puesto en marcha con la Liberación (1945), para controlar a los medios
de comunicación. Con excepción de los NMPP (Nouvelles Messageries de la Presse Parisienne, distribuidora
de periódicos en los kioskos), la AFP (Agencia France Press) y los restos de la antigua ORTF (Televisión
Pública Francesa), que tendrían que efectuar su aggiornamento, los medios de comunicación franceses han
recuperado su libertad como empresas, cortando el cordón que les ligaba estrechamente al Estado. La prensa va
mejor porque la publicidad fluye, pero también porque existen proyectos, tanto en lo editorial como en lo
comercial (). Los medios franceses entraron en la era de la modernidad capitalista y democrática (). La única
receta válida para preservar la independencia de un periódico es satisfacer, conjuntamente, a los lectores y a
los accionistas".
7 Así pues, finalmente "desbridados", la libertad y la independencia seguirían las huellas de
los anunciantes y propietarios. Esa "filosofía" se ha hecho costumbre. En la mayoría de las redacciones,
algunas cuestiones ni siquiera se plantean porque el uniforme (o la librea) se convirtieron en la vestimenta común.
Desde hace años (por ejemplo) los programas de radio y de televisión se interrumpen con "pausas" publicitarias,
cada vez más ruidosas y más
pegajosas.
8 A su vez, esos programas se difunden en los cafés, en los restaurantes,
en los supermercados. Naturalmente, todo eso se lleva a cabo casi sin resistencia. ¿Se puede imaginar la
reacción de los responsables de los medios, de los escuchas y de los peatones, si cada diez minutos un portavoz
del gobierno interviniera en todas las emisiones, es decir también en los cafés, en los restaurantes y en
los supermercados, para leer un comunicado oficial? El escándalo sería espantoso; se hablaría de
domesticación de las ondas, de dictadura. Y sería verdad. ¿Es menos siniestro el poder al entrar a salto de mata en los
cerebros y en los espíritus, cuando se vende al mejor postor, es decir a los más ricos? ¿El derecho del dinero
supone, a partir de ahora, la absolución para todas las manipulaciones del
espíritu?
9
Alianzas cruzadas
Decir que los periodistas no se plantean la cuestión sería inexacto: algunos ya respondieron. Hace dos
años, en una entrevista concedida al semanario francés
L'Evénement, una publicación del grupo Hachette,
Alain Genestar, entonces director del Journal du
Dimanche (grupo Hachette) y hoy director de
Paris Match (grupo Hachette) y cronista habitual de
Europe 1 (grupo Hachette), explicaba en estos términos su relación con
su propietario: "Desde hace 18 años soy periodista de Hachette. Me gusta trabajar con quienes trabajan allí,
me entiendo bien con sus dirigentes. En una época en que los grupos internacionales de prensa se desarrollan
a una velocidad considerable, deseo a mi grupo un gran
poder".10 Nadie puede dudar de que Genestar se
felicite también por la libertad conquistada por los periodistas cuando el Estado dejó de "frenar a los medios
de comunicación". ¿No es finalmente libre para proclamarse "periodista de Hachette" y aportar la prueba de
esto en las publicaciones que dirige?
Una "libertad de prensa" tan complaciente hacia los gigantes de la comunicación no afecta demasiado a
la organización Reporteros sin Fronteras (RSF). Su director, Robert Ménard, concedió: "Para defender a
los periodistas en el mundo necesitamos el apoyo consensuado de la profesión, mientras que la reflexión
sobre el oficio de periodista se presta, por definición, a la polémica. Por ejemplo, ¿cómo se puede organizar un
debate sobre la concentración de los órganos de prensa y, a continuación, pedir a Havas o a Hachette que
patrocinen un acontecimiento?".11 Y, puesto que "defender a los periodistas" en China o en Chechenia impone
contar con Hachette o Havas (y también con Berlusconi, Murdoch, Bouygues), ¿cómo sorprenderse de que entre
los "depredadores de la libertad de prensa" seleccionados por RSF, y presentados en la FNAC el pasado mes
de mayo, no haya figurado ningún nombre susceptible de "patrocinar un acontecimiento"? Y, sobre todo, el
de François Pinault, propietario de la FNAC.
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Silvio Berlusconi Foto: The Economist |
En realidad, las alianzas cruzadas dificultaron el cuestionamiento de un patrón de la comunicación,
incluso en el caso de un medio independiente. Jean-Marie Messier y Rupert Murdoch acaban de asociar sus
ofertas de televisión de pago en Italia. Silvio Berlusconi y Rupert Murdoch son, con Pinault y TF1, accionistas de
la cadena privada bretona TV Breizh.
12 Lagardère y Vivendi son socios del Canal Satellite.
Hachette,
Le Point (grupo Pinault),
Le Monde,
Le Figaro esperando quizás la incorporación de
Libération son, en una sociedad
común, candidatos a la adjudicación de una cadena
parisiense.
13
En un universo de este tipo de connivencias industriales, en el que se apuesta sin cesar por los
mismos nombres e intereses de clase, se borra también la distinción entre lo público y lo comercial. En Italia sin
duda, porque Berlusconi, el hombre más rico del país y el patrón de sus tres cadenas de televisión privada, es
ahora primer ministro.
Esto ocurre también en otras partes. Robert Maxwell compró un periódico en Kenia, siendo socio de
negocios del presidente Arap Moi, a quien el periódico en cuestión sólo encontró cualidades; la familia Marinho,
que domina los medios de comunicación brasileños, dispuso de un grupo parlamentario informal más poderoso
que el de un partido; Francis Bouygues admite haber comprado TF1 para disponer de un poder de influencia,
política y cultural. Por otra parte, una persona cercana a él declaró: "Francis sentía el mayor desprecio por los
políticos y sabía que podía comprarlos. Con una cadena de televisión sabe que ya no tendrá que pedir nada, sino
que serán ellos los que vendrán a comer en su
mano".14
Y, ¿quién rechaza esa mano? Ni siquiera los disidentes que se sirven de las prestaciones mediáticas
para criticar el "ultraliberalismo", pero que no mencionan casi nunca a las transnacionales de la comunicación ni
al mercantilismo que imprimen a la información. Tampoco los intelectuales que, aun cuando desprecian el
lugar degradado que les conceden los medios, aceptan asistir a las invitaciones que reciben. Sin embargo, hace
cerca de un cuarto de siglo, Gilles Deleuze ya les había advertido sobre la técnica y los peligros del
"marketing filosófico" desplegado por Bernard-Henri Lévy y sus amigos: "Es necesario que se hable de un libro y que
se consiga llegar más lejos de lo que el propio libro tiene que decir. En el extremo, es necesario que la
cantidad de artículos de los periódicos, entrevistas, coloquios, emisiones de radio o de televisión, reemplacen al
libro, hasta el punto de que pudiera no existir (). Los intelectuales y los escritores, incluso los artistas, están por
tanto invitados a convertirse en periodistas si quieren actuar conforme a las normas. Es un nuevo tipo de
pensamiento, el pensamiento-entrevista, el
pensamiento-minuto".15
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Foto: José Antonio Gurrea C. |
Es así como la exaltación de la "libertad de prensa" sirve a veces para enmascarar la tiranía silenciosa
que los medios y sus propietarios querrían hacer imperar sobre la vida política y
cultural.
16 Sin embargo, no resulta difícil medir el peligro. En 1996, por ejemplo, el Congreso estadounidense, que acababa de suprimir la
ayuda federal a los pobres, otorgó gratuitamente concesiones de transmisión evaluadas en 70 mil millones de
dólares. Viacom, Disney, General Electric (propietarios de las redes CBS, ABC y NBC, respectivamente) fueron
los principales beneficiarios de esta decisión. El senador John Mc Cain, protestando por el regalo, anunció en
el debate parlamentario: "Ustedes no hablarán en modo alguno de este asunto en la televisión o en la
radio, porque eso les afecta directamente". De hecho, durante los nueve meses que transcurrieron entre la
propuesta de ley y su adopción definitiva, las tres principales redes de información sólo dedicaron un total de 19 minutos al tema. Ninguno de esos 19 minutos abordó la cuestión de saber si las mayores empresas de comunicación
no podían pagar las concesiones que el Estado les ofrecía
gratuitamente.
17
Y, sin embargo ¿existe algún país en el que la "libertad de prensa" esté mejor garantizada que en
Estados Unidos?
Notas
1 Jacques Bouveresse,
Schmock ou le triomphe du
journalisme, París, Seuil, 2001.
2 "Nouvelle économie", en
L'Express, 5 de julio, 2001.
3 Hasta 1995 Alcatel controlaba de hecho, a través de Génerale Occidentale, 50% del mercado francés
de semanarios generalistas, entre ellos Le
Point y L'Express.
4 Vivendi Universal Publishing acaba de vender el semanario
Courrier International a Le
Monde "por una cifra no revelada". Acostumbrados a exigir transparencia a otros, ¿los periódicos pueden adaptarse a
la opacidad cuando les afecta directamente?
5 El que, en una ceremonia, lleva la cola del vestido del papa, un prelado o un rey. Se dice de cualquier
persona obsequiosa y lisonjera.
6 Jean-Marie Cavada, ejecutivo de Radio France, y Michel Denizot, director general delegado de Canal
Plus, están especializados en este vocablo de escuela de comercio. Para justificar la periodicidad de la emisión de
Karl Zéro, Denizot declaró: "Karl Zéro es una marca muy fuerte que hay que colocar en productos fuertes".
Le Parisien, 11 de julio, 2001.
7 Patrick Eveno, Le journal
Le Monde: Une histoire
d'indépendence, París, Odile Jacob, 2001.
8 La cadena M6 (grupo Bertelsman) acaba de pedir al Consejo Superior del Audiovisual (CSA) que
aumente de seis a nueve minutos el espacio horario concedido a la publicidad.
9 El 21 de marzo de 2001,
Libération se pintó de color ciruela para satisfacer a uno de sus anunciantes.
Los artículos del diario eran casi ilegibles. Con 71 mil millones de francos en 2000, la publicidad comercial y
los anuncios representaron 45% de la cifra de negocios de la prensa escrita. Fue la cifra más alta en facturas
de publicidad de los últimos diez años.
10
L'Evénement, 22 de julio, 1999.
11 Robert Ménard,
Ces journalistes que l'on veut faire
taire, París, Albin Michel, 2001.
12 El capital está compuesto por Artemis Pinault, 27%; TF1, 22%; Crédit Agricole de Bretagne TV,
15%; News International PLC (Murdoch), 13%; Médiaset Investment (Berlusconi), 13%, etcétera. Pinault,
propietario del semanario Le Point y del mensual
L'Histoire, también es uno de los principales accionistas de TF1.
13 Cf. Jean-Marie Colombani, "Nous allons nouer des liens forts pour bâtir un réseau européen", en
Le Nouvel Hebdo, 13 de julio, 2001.
14 En Pierre Péan y Christophe Nick,
TF1: un pouvoir, París, Fayard, 1997.
15 Gilles Deleuze,
A propos des nouveaux philosophes et d'un problème plus
général, París,
Editions de Minuit, 1997. En un editorial dedicado a los intelectuales,
Le Monde indicó: "Saben que su mensaje
pasa necesariamente por los medios y que, de una manera u otra, deben confrontarse con los periodistas" (22
de enero, 2000).
16 Cf. "La pire des censures", en
Pour Lire pas lu, junio-agosto de 2001, Marsella.
17 Léase Bill Moyers, "Journalism and Democracy", en
The Nation, 7 de mayo, 2001.
Serge Halimi es periodista, colaborador habitual de Le Monde Diplomatique.
Agradecemos a Le Monde Diplomatique, edición mexicana, la autorización para publicar este texto.