Víctor Ugalde
Treinta y ocho largometrajes se filmaron en 2004. La cifra más alta de los últimos diez años. Lejano está
1994 cuando alcanzamos por última vez una producción de 46 cintas. A partir de ahí, vino la debacle con la
entrada en vigor del TLC.
Esto nos muestra que la recuperación de la producción cinematográfica va por buen camino, sin
embargo, por el tamaño de nuestro mercado ésta debería superar las 80 anuales. Del total producido en 2004, 26
filmes recibieron apoyo gubernamental para su realización y sólo 12 se filmaron de manera independiente o
con capital privado.
Con lo realizado el año pasado suman 102 los largometrajes en los primeros cuatro años de este
sexenio, cifra que supera los 97 que se produjeron en todo el sexenio de Ernesto Zedillo. Las 57 películas con
apoyo gubernamental en este cuatrienio superan también las 54 apoyadas en esa gestión.
La realización de más de 100 largometrajes en sólo cuatro años ha representado una derrama en el
sector productivo de más de mil 530 millones de pesos, inversión que significa creación de empleos, generación
de impuestos y la utilización de la planta productiva de nuestra industria, la cual estaba siendo subutilizada
y desperdiciada en más de 70%. Esto se logró gracias al impulso de 355.6 millones de apoyo, vía
presupuestal de 2001 a 2004 y a lo poco que se entregó del peso en taquilla a los fideicomisos que apoyan nuestro
cine (Fidecine y Foprocine), que sirvió para que las cintas mexicanas movilizaran más de diez millones 200 mil
pesos dentro de la cadena productiva cinematográfica.
Ante la baja de ingresos a los fondos que significó la abrogación por parte de la SCJN del derecho de un
peso por espectador es urgente encontrar la forma de atraer nuevos capitales a nuestra cinematografía para
mantener la incipiente recuperación y retomar nuestro nivel de los 80.
Ignorando olímpicamente todos estos efectos benéficos, Hacienda volvió a enviar un presupuesto
restrictivo. Sin embargo, la Cámara de Diputados, en especial la Comisión de Cultura, logró rehacer la propuesta
original y resarció este despropósito otorgándole más presupuesto a los fondos (170 millones para 2005) y a
las instituciones cinematográficas.
A esto hay que agregar la propuesta de estímulo que presentó el 11 de noviembre el senador Javier
Corral, la cual fue apoyada de inmediato por los demás integrantes de la Cámara alta y aceptada sin objeciones
por parte de los diputados, aunque causó el rechazo de los funcionarios de la SHCP que se encontraban en
el recinto.
Gracias a los oficios del Poder Legislativo, a partir del 2005 "se otorga un estímulo fiscal de plazo
indefinido a las personas físicas y morales, con independencia de la actividad que desempeñen, por los proyectos
de inversión productiva que realicen en el ejercicio fiscal correspondiente. Este estímulo consiste en aplicar
una deducción de 100%, en relación con los gastos e inversiones en la producción cinematográfica nacional.
Esta deducción no puede exceder de 3% contra el total del impuesto sobre la renta a su cargo, en la declaración
del ejercicio correspondiente. El monto total del estímulo no excederá de 500 millones de pesos al año ()
Corresponderá a los Comités Técnicos del Fidecine y Foprocine la autorización de los proyectos merecedores
del estímulo fiscal".
Con esto, las grandes empresas podrán invertir en el cine sin que sea una erogación especial y permitirá
atraer dinero fresco, pero, ojo, este beneficio será a largo plazo pues por las condiciones económicas del país
son pocas las compañías que generan grandes impuestos por la vía del ISR.
En Brasil, un estímulo similar se promovió en la década de los 90 y le permitió recuperar su
producción industrial de cero a más de 50 largometrajes anuales en pocos años.
Recientemente, la producción de películas se venía incrementando, gracias al arrojo de productores
jóvenes, pero debido en gran parte a la mala distribución de los ingresos recaudados en la taquilla, éstos se
descapitalizaban por las condiciones leoninas que les imponen los distribuidores y exhibidores. Esta situación se evitará,
en parte, gracias al nuevo estímulo aprobado.
Esperemos que con éste se alcance en los próximos años la cifra de los 60 largometrajes anuales que
nos garantizan el nivel industrial. Para ello hay que agregar otro tipo de medidas que eviten las prácticas
desleales del gran capital transnacional en contra de los pequeños empresarios mexicanos. Además hay que
apresurar el impulso a la escritura de guiones y la profesionalización de nuestros cineastas, pues la formación del
recurso humano es lento para capacitarse y éste se había venido perdiendo durante la década que tiene en vigor el TLC.