Y precariedad laboral
Edgar Hernández Ramírez
Para sobrevivir, en Chiapas el periodista tiene tres opciones: obtener dos o más trabajos, "peinar" a los funcionarios estatales, municipales y federales o buscar un empleo en las oficinas de comunicación social del gobierno.
Lo anterior ilustra el desalentador panorama laboral que prevalece en los medios de la entidad y
advierte sobre las consecuencias perniciosas en la profesión y en los productos periodísticos que se generan. A
mayor precariedad económica, menor calidad en la información, bajas expectativas de desarrollo y menos
posibilidades de superar los viejos vicios de la prensa.
Bajos salarios y desprotección laboral
El mejor reportero del diario que mejor paga en la capital del estado gana cinco mil pesos mensuales, y
tiene la posibilidad de incrementar esa suma si sus notas logran las ocho columnas u otro lugar destacado en
portada o contraportada. Sin embargo, el incentivo de cien pesos por nota puede reducirse si no cumple con su
cuota de noticias diarias (entre tres y cuatro) o hace un trabajo de redacción y edición deficiente.
Los demás reporteros de ese medio, los de menor experiencia, en general sólo perciben entre dos mil
500 y tres mil pesos mensuales.
La situación es más crítica en los periódicos de menor tiraje. Ahí el periodista mejor pagado alcanza
cuatro mil pesos y el salario del resto oscila entre los mil y dos mil 500 pesos al mes, de acuerdo con versiones de
los propios reporteros.
En el caso de los corresponsales de periódicos de circulación nacional o de agencias informativas, el
panorama no es muy diferente. Si bien hay periodistas de los grandes medios que obtienen un sueldo por arriba de
los diez mil pesos después de varios años de trabajo, hay otros que perciben un sueldo que puede ir desde
cuatro mil a seis mil pesos mensuales, cantidad insuficiente para cubrir las necesidades básicas de
alimentación, vivienda, vestido, salud y esparcimiento.
A las precarias condiciones económicas de los trabajadores de los medios, se suma la desprotección
laboral en la cual trabajan. La mayoría de los reporteros locales no cuenta con una plaza fija ni contrato; tampoco
tiene seguro social, prestaciones o reparto de utilidades y cuando se les da aguinaldo, éste suele ser equivalente
a 15 días de salario. Sólo dos periódicos y las empresas radiofónicas proporcionan seguro social y otras
prestaciones menores. En los casos más difíciles, el pago de sueldos se retrasa días o hasta quincenas enteras.
Bajo estas circunstancias, el mercado laboral resulta bastante inestable y poco prometedor para
desarrollarse periodísticamente. Ante la imposibilidad de satisfacer sus necesidades económicas en un solo trabajo,
el periodista tiene que buscar otras alternativas que complementen su magro ingreso.
Reporteros "plurinominales"
En la búsqueda de entradas económicas extras, es práctica común involucrarse, además del reporteo,
en labores de edición o redacción del mismo periódico y, simultáneamente, trabajar para la radio o televisión
local y para alguna agencia noticiosa nacional que en conjunto le reditúa entre ocho y diez mil pesos al mes.
Este representa un caso concreto, pero otros reporteros escriben para dos periódicos y una agencia, a
veces firman con el mismo nombre, otras con seudónimo. En general se busca trabajar en noticieros
radiofónicos, televisivos y en prensa escrita sin que ello signifique a final de cuentas grandes ingresos económicos.
La exclusividad como requisito para laborar en una empresa periodística o como un valor ético no opera en
Chiapas o siempre se encuentran formas de evadirla.
Con frecuencia se sabe de periodistas que durante el día trabajan en las oficinas de comunicación social
del gobierno redactando boletines y por la noche laboran como editores de algún diario. Como se observa, en
una situación de precariedad económica las normas del trabajo periodístico se vuelven muy laxas y ambos
factores son el abono para la germinación de otras prácticas nocivas en la prensa chiapaneca.
La cultura del "peine"
De éstas, la más común es la "peinada" a los funcionarios públicos o políticos que, pese a ser un
acto cuestionable, funciona como fórmula de sobrevivencia para un sector de la prensa que creció bajo ese
esquema y que no tiene otra forma viable de superación económica.
Reporteros de prensa escrita, agencias y noticiarios radiofónicos suelen visitar regularmente las oficinas
de prensa gubernamentales o a los propios secretarios, subsecretarios, delegados federales, diputados,
dirigentes partidistas o alcaldes para negociar apoyo económico por difusión de información. La ayuda monetaria no
tiene periodicidad y el monto es muy variable, pues puede ir desde cien a dos mil pesos, según testimonios
recogidos entre funcionarios de prensa. Cuando no hay dinero de por medio, éste puede trucarse por apoyo material
o favores de gestoría.
La otra opción del periodista y de buena parte de los egresados de la carrera de Comunicación son las
oficinas de prensa del gobierno o el Sistema de Radio y Televisión de Chiapas, donde los sueldos y las prestaciones
son mejores, aunque ello no signifique seguridad permanente en el empleo.
Ante la urgencia de estabilidad económica y frente a un incierto panorama en los medios privados,
muchos reporteros destacados se han mudado a trabajar como jefes de prensa de las dependencias
gubernamentales del estado o federales. Y la decisión recurrente ha provocado la "distracción" de un capital humano
importante para el desarrollo del ejercicio periodístico en la entidad. Sólo algunos han opado por seguir en los medios
a costa de asumir sobrecargas de trabajo para obtener un salario decoroso.
Efectos perniciosos
La precariedad del mercado laboral periodístico en Chiapas y las prácticas que se generan en esa
situación, así como la deficiente preparación de los periodistas, arrojan resultados poco halagadores para el
periodismo chiapaneco.
En primer término destaca la mala calidad de la información que se ofrece, no sólo por la deficiencia en
la redacción o por los errores de edición, sino por la superficialidad con que se tratan los temas. En general,
no hay un trabajo de reporteo serio ni reportajes de fondo. El periodismo de investigación es
prácticamente desconocido en Chiapas.
En las páginas de los diarios reina la "declaracionitis", pululan las notas editorializadas y las
"voladas" recurrentemente reclaman su espacio triunfal. Por el contrario, la crónica, la entrevista, el artículo de
análisis, son difíciles de encontrar; y cuando se llega a dar con ellas no siempre son decorosas.
La homogeneización de la información es otro fenómeno que se produce con frecuencia en la
prensa chiapaneca. El deficiente trabajo de reporteo, el hecho de que se trabaje para varios medios a la vez y la
amplia difusión a la información oficial provoca que periódicos y noticiarios ofrezcan notas muy similares,
reduciéndose el atractivo para el público lector.
La interdependencia de periodistas y editores con funcionarios de distinto nivel se refleja en los
productos periodísticos, donde buena parte de las noticias tienen como fuente privilegiada el sector oficial. Por lo
mismo, la autocensura o la toma de partido es un fenómeno frecuente a la hora de informar.
En realidad son pocos los diarios que han alcanzado un nivel de diferenciación que les permite
manejar noticias exclusivas y cierto margen de independencia y crítica respecto del gobierno.
Proyectos abortados
En medio de este precario panorama laboral, no han faltado los intentos de reporteros y comunicólogos
por construir espacios periodísticos novedosos y de calidad. Sin embargo, uno a uno han sucumbido ya sea por
su alineación a los intereses gubernamentales o grupos de poder, por inexperiencia administrativa o por la
falta de apoyo de las dependencias o iniciativa privada en materia de publicidad. Las publicaciones
independientes que no han desaparecido del todo se han trasladado a Internet como una opción más o menos viable
de sobreviviencia.
Hasta hace unos meses se habló que un grupo de empresarios locales y del norte del país pretendía
editar un rotativo de gran calidad y alta circulación, pero finalmente se suspendió el proyecto sin que se conozca
si tal decisión obedeció a factores económicos o políticos.
En este contexto de dificultades económicas y de bajas expectativas de desarrollo, varios periodistas
destacados han optado por emigrar a otras ciudades del país para buscar nuevos horizontes. Otros han elegido
dejar el periodismo.
Es comprensible que bajo estas circunstancias, el debate sobre los medios sea aún muy incipiente. Se ha iniciado una discusión aislada sobre una ley de derecho a la información, pero no ha tenido gran trascendencia entre los trabajadores de la información. Hoy, buena parte de los periodistas chiapanecos están más ocupados en sobrevivir.
* * *
Sin respeto a la ley
El pasado 4 de junio seis reporteros radiofónicos chiapanecos denunciaron que la empresa Radio Núcleo se niega a indemnizarlos conforme a la ley, luego de que el director de Noticias, Miguel Ángel Osio, los despidiera en enero.
Laura Matus, Mario Castillo, Blanca Barranco, Donata Nango, Susana Chavín y José Antonio Morales dieron a conocer que ante la negativa de la empresa a reconocerles sus derechos, presentaron una demanda ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA) para solucionar por esa vía el conflicto laboral.
Los periodistas señalaron que el cese sobrevino después de que exigieron un aumento salarial que mejorara sustancialmente sus percepciones, pues recibían un sueldo de entre 700 y mil 500 pesos mensuales. Agregaron que nunca se les dieron las prestaciones de ley, se les obligaba a trabajar horas extra sin remuneración y tampoco les pagaban viáticos cuando tenían que trasladarse a otra ciudad para obtener información.
Informaron que Osio no se ha presentado al careo en la JLCA y que la empresa ha puesto en marcha una estrategia de presiones y amenazas para obligarlos a retirar la demanda. El abogado de Radio Núcleo, dijeron también, ha negado cualquier relación laboral con los seis reporteros despedios para no indemnizarlos de acuerdo con lo que establece la ley.
Nota del autor