Mario A. Campos
Esperan el 2 de julio con ansiedad. No es para menos, en los últimos meses, años en algunos casos, han invertido valiosos recursos para obtener el resultado esperado. Con pasión y estrategia se han dedicado a persuadir y vender a los ciudadanos su visión de país. Para ello,
han desarrollado un discurso expuesto sistemáticamente. Son ellos, los que se juegan el futuro en la próxima elección. Son ellos, los medios de comunicación.
Lejos del simple rol de relatores que según los manuales de periodismo debieran seguir, diversos medios mexicanos han asumido un papel protagonista en el actual proceso electoral. En algunos casos, en abierta campaña negativa, en otros, con un proselitismo transparente. Causa y efecto de la polarización que vive el país, diversos medios impresos y electrónicos han tomado partido y existen casos difícilmente refutables. Ahí están, por ejemplo, La Crónica y La Jornada, diarios definidos como los polos opuestos ante el fenómeno López Obrador.
Para el primero, la consigna es clara: hacer su parte para frustrar su arribo al poder. Así lo muestra cada día en sus espacios editoriales, un día en "La Esquina", otro en "Pepe Grillo", y prácticamente cada lunes, en la columna de su director, Pablo Hiriart. "Pensar un periódico es pensar un proyecto de país", declaró en una entrevista el directivo de La Crónica, y así lo ratifica en cada edición.
Para todos es claro: la propuesta de AMLO no es compartida por el medio. Afirmación contraria a la que suscribirían en el diario que dirige Carmen Lira. Lo muestran los espacios de opinión la "Rayuela" y su editorial y lo confirma cada día su primera plana, reflejo fiel de sus prioridades.
Lo acepten o no, estos diarios estarán de algún modo en la boleta. Son los casos más claros, cierto, pero no los únicos. En los últimos años otros han asumido riesgos. Basta con mirar a Federico Arreola ex directivo de Milenio y periodista que funge como vocero no oficial de Andrés Manuel y a Ricardo Rocha, columnista de El Universal y conductor en Radio Fórmula, relacionado ideológica y comercialmente con el candidato del PRD. Los hay pro AMLO, claro, pero también los hay críticos: Jorge Fernández, José Carreño, Ricardo Alemán, son sólo algunos.
A lo largo de los meses, estos y otros periodistas han abierto su juego y a estas alturas quizá no sepamos por quién van votar, pero sin duda, sabemos por quién no lo harán, conclusión que podemos extender a columnistas como Roberto Zamarripa, Miguel ángel Granados Chapa o Francisco Cárdenas Cruz, duros críticos del panismo.
Que medios y analistas tomen posición no debería espantar a nadie. Es natural en una democracia, que necesariamente implica pluralidad. No obstante, vale la pena reflexionar sobre lo que harán estos actores el próximo 3 de julio.
Hace algunos meses, Leonardo Kourchenko comentó en un foro de la Universidad Iberoamericana el caso de una periodista ucraniana que luego de un polémico proceso electoral, salió frente las cámaras de televisión para llamar a la población a protestar por un presunto fraude. Hace unos días en México, Diario Monitor dedicó su titular a advertir sobre las posibles similitudes entre México y Ucrania según un académico del País Vasco. El mensaje no encontró eco, sin embargo constituye un foco de atención que no debemos dejar pasar.
Ante el ambiente de crispación que está viviendo el país, vale la pena reflexionar sobre el papel de los periodistas luego del proceso electoral del 2 de julio. ¿Avalarán el resultado?, ¿llamarán a la desobediencia civil si no resulta ganador su candidato? La respuesta no es cosa menor pues en ella reside en parte la estabilidad del país.
Por ello, no está de más recordarles que ese día, gane quien gane, habrá candidatos que se vayan a sus casas. No así medios y periodistas, que entonces como siempre, seguirán siendo responsables del ejercicio de su poder.